Migrantes: entre los sueños de un futuro y los retos de una realidad

Por Paula Rocío Rodríguez Sánchez // Revista Impresa

La crisis humanitaria en Venezuela ha obligado a una parte de su población a migrar a otros países en busca de oportunidades. Muchos venezolanos llegan a Colombia con grandes esperanzas, pero se encuentran con una realidad difícil, donde muchas veces se enfrentan a la falta de empleo y a la discriminación.

Mural de #UnidxsSoñamos, actividad de integración a través del arte. Imagen: Paula Rocío Rodríguez Sánchez

La difícil situación económica, política y social que atraviesa Venezuela, agudizada desde hace seis años, ha generado un movimiento masivo de migrantes y refugiados hacia todo el mundo. Según cifras de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes (R4V), para febrero de 2022 eran más de 4,9 millones refugiados, migrantes y solicitantes de asilo venezolanos reportados en América Latina y el Caribe.

Colombia ha acogido a 1,8 millones de ellos, por la simple razón de que “somos el país vecino, compartimos una frontera extensa y les hemos mantenido las puertas abiertas”, como afirma Rocío Castañeda, oficial de información pública del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Colombia. Específicamente a Bogotá han llegado 393.716 venezolanos, y es la ciudad con mayor concentración de ellos, según Migración Colombia, lo que supone varios desafíos para la ciudad y el país: desde definir el estatus legal hasta asegurar el derecho de los venezolanos a trabajar legalmente y sin ser discriminados.

Huida de un infierno

Entre las causas más relevantes por las cuáles las personas emigran desde Venezuela están el hambre y la reducción en el gasto de alimentos, como consecuencia del aumento de la pobreza extrema. De acuerdo con el estudio Estructura y Desigualdad en el Consumo de los Hogares en Venezuela 2020-2021, publicado por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) en Caracas (Venezuela), los venezolanos redujeron entre 24 % y 34 % el gasto real promedio en alimentos, y este ha sido un fenómeno que ha afectado a todos los hogares pobres y no pobres.

Por otro lado, el desempleo, junto a los bajos ingresos, es otro de los principales motivos de la emigración forzada de venezolanos. Cerca de 8,1 millones de ellos no tienen trabajo ni incentivos para trabajar y, aunque se esté empleado, el salario mínimo para el sector público equivale a unos 9800 pesos colombianos (2,5 dólares), una suma con la cual un venezolano apenas podría adquirir el una pequeña parte de la canasta familiar básica. 

Por eso, no es raro que uno de los sectores con mayor número de desplazados por cuestiones económicas es el de los trabajadores estatales, explica Ronal Rodríguez, politólogo, investigador y vocero del Observatorio de Venezuela de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, en Bogotá.

En consecuencia, dentro de los millones de migrantes se cuentan muchísimos que fueron empleados públicos en Venezuela. Ese es el caso de Norian Liendo, quien dice que emigró por las premuras económicas. “Yo soy graduada en administración, pero mi salario no me daba la base para poder vivir dignamente”, dice ella, que salió de Valencia (Venezuela) y se estableció en Bogotá hace cinco años.

Algunos corren con “suerte”

Los migrantes y refugiados que llegan al país buscan diferentes maneras de establecerse laboralmente, aunque no sea en el oficio o profesión que han desempeñado. Según la Gran Encuesta Integrada de Hogares del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), de los 896.000 venezolanos que hacían parte de la población económicamente activa en febrero de 2021, solo 61.000 estaban laborando formalmente.

Rodríguez enfatiza en el papel de la economía informal colombiana, crucial para la llegada de los migrantes y refugiados. “Esta es una de las paradojas del caso colombiano, pues, debido a que Colombia es un país con una economía informal muy alta, pudo amortiguar la llegada de la migración venezolana”, explica. A pesar de que actualmente casi la mitad de los 2 millones de venezolanos que están en el país se encuentran en condición migratoria regular, cerca del 90 % de esta población está hoy en la informalidad laboral.

Según cifras del Observatorio del Proyecto Migración Venezuela (PMV), plataforma periodística y académica de Revista Semana, la mayoría de los trabajadores migrantes y refugiados se encuentran en el sector de comercio y reparación de vehículos, que representa casi el 24 % de los venezolanos empleados. En segundo lugar está el alojamiento y los servicios de comida, con un 16 %, seguidos por quienes realizan actividades artísticas, de entretenimiento y otros servicios, que equivalen a casi el 13 %.

Adicionalmente, hay otro grupo de migrantes y refugiados que, a falta de oportunidades, decidieron emprender, como Cristina Azar y Areanny Natera. Ambas eran amigas en su ciudad natal, Anaco (Venezuela,) y siguieron juntas en Bogotá. Sin embargo, al momento de llegar no pudieron establecerse. “Llega un momento en el que te ves estancado. Hay una noche que nunca se me va a olvidar: Cristina estaba llorando porque teníamos muy poco para comer, y yo le dije: ‘Cocinamos shawarma’, plato típico árabe, porque ella es de ascendencia siria. Así nació todo”, comenta Areanny.

Mr. Fill es el nombre de su emprendimiento de comida árabe. Por el momento funciona como una cocina oculta solo con domicilios, porque no cuentan con la ayuda para montar un local —aunque es su idea a futuro—.

A ese grupo de emprendedores se suma Norian. Ella pasó por varios trabajos no tan bien remunerados: trabajó en una panadería, como auxiliar de punto de venta en una chatarrería y entregando volantes. Un día conoció a la dueña de una peluquería y ella le dio la oportunidad de aprender sobre manicure. Poco a poco se fue capacitando en diferentes academias y el año pasado logró graduarse, en Bogotá, como técnica laboral por competencias en el cuidado de manos y pies. Hoy en día, junto con su esposo, trabaja en una peluquería en el noroccidente de Bogotá y no se arrepiente. “Soy muy feliz en lo que hago”, afirma.

Las talanqueras ante los sueños

No todos cuentan con la suerte de poder establecerse laboralmente. Según cifras del Informe del Mercado Laboral para 2021 del DANE, la tasa de desempleo para la población migrante que hace doce meses vivía en Venezuela fue de 24,4 %. Las dificultades para obtener certificados de formación, la falta de información en materia laboral y la xenofobia son algunas de las razones del estado de desocupación de los migrantes y refugiados en Colombia.

Para la población proveniente de Venezuela, el proceso de homologación de títulos académicos se ha convertido en una barrera, debido a que no siempre tienen los recursos o todos los documentos necesarios para realizar el trámite ante el Ministerio de Educación. Según el Observatorio del PMV, el 97,5 % de los migrantes con títulos educativos y profesionales no ha podido convalidarlos en Colombia. Eso les dificulta demostrar que tienen las competencias necesarias para establecerse y conseguir empleos formales.

Así también algunos de los migrantes desisten de los procesos de selección debido al desconocimiento de las leyes laborales en Colombia y del Sistema General de Seguridad Social en Salud, como las pensiones, los riesgos laborales y el subsidio familiar.

Ahora bien, uno de los retos más complejos que enfrentan los venezolanos al llegar al país es ser víctima de discriminación, lo cual plantea un riesgo e implica un difícil acceso al mercado laboral. Con el aumento de la migración venezolana, también crece la xenofobia, que “más que un obstáculo, es un proceso que le toma tiempo a la sociedad colombiana; por ejemplo, los gremios médicos son muy reacios a permitir que los médicos venezolanos puedan empezar a participar del mercado médico”, afirma Rodríguez.

En Bogotá, Norian no pudo conseguir trabajo en su área por el hecho de no ser colombiana: “Entregué muchas hojas de vida y lo primero que me preguntaban era si era venezolana. Nunca me llamaban. Me preguntaban si tenía cédula colombiana. Les explicaba que tenía todos mis documentos en regla, pero me decían que no porque era venezolana”.

Según cifras de la Evaluación Conjunta de Necesidades 2021 —desarrollada por 20 socios del Grupo Interagencial sobre Flujos Migratorios Mixtos (GIFMM), coliderado por la Organización Internacional para las Migraciones y la ACNUR— sobre la situación y necesidades de personas refugiadas y migrantes en Colombia, el 26 % de los encuestados sufrieron discriminación por su nacionalidad en 2021; el 37 %, al buscar trabajo, y el 19 %, en el lugar de trabajo. “Esa discriminación puede ir desde un comentario en una red social, hasta la violencia y la muerte”, añade Rocío Castañeda.

Por esa razón, la ACNUR lanzó la campaña Somos Panas, que tiene cuatro objetivos: desalentar la xenofobia; incentivar la solidaridad hacia la población venezolana; promover la integración entre colombianos, refugiados y migrantes provenientes de Venezuela, y brindar información útil a las personas que llegan desde Venezuela. 

Tres de estos objetivos están dirigidos a la sociedad colombiana, pues la xenofobia y la segregación no las fomentan los venezolanos, sino los colombianos. “Lamentablemente, en Bogotá hay gente que nos señala por culpa de un grupo de personas que vinieron a hacer daño acá, pero nosotros no podemos pagar todo”, señala Areanny.

Castañeda puntualiza que aunque persisten estigmas, hay un mayor equilibrio en la conversación en redes sociales, pues ahora se plantea una corriente de opinión pública que levanta la mano y señala que los venezolanos han aportado positivamente a la comunidad colombiana.

Oportunidad para crecer como país

A pesar de las percepciones negativas hacia algunos migrantes y refugiados, su inclusión en la actividad económica colombiana puede traer varios beneficios para el país. La migración de venezolanos puede contribuir al crecimiento de la economía mediante el comercio y la inversión, así como la reducción del desempleo.

De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la migración venezolana le ayudará a Colombia a aumentar su producto interno bruto (PIB) en 0,1 % por año a partir de 2024, debido a la cantidad de población en capacidad de trabajar que llegó al país. “Los países más desarrollados se han hecho a punta de migraciones y de sus aportes”, señala Castañeda. En este sentido, la migración venezolana en el país es un choque positivo para la economía, pues incorpora más personas al mercado de trabajo y, paralelamente, más consumo. “Nosotras salimos y le compramos ingredientes para las recetas al vecino, que es colombiano. Le aportamos a él y a la economía del país”, afirma Areanny Natera.

Sin embargo, lo que muchas veces se pierde de vista entre los colombianos es que el movimiento demográfico venezolano en el país supone una ampliación de la cultura. Eso es evidente, por ejemplo, en lo gastronómico. Por eso, muchos de los venezolanos que se han establecido han logrado moldear y enriquecer algunas dinámicas capitalinas, que se reflejan en el aumento de restaurantes y de ofertas culinarias. 

Gran parte de ello se debe a la llegada de chefs venezolanos que tienen una experiencia y dinámica de sabores-fusión. En “Cedrizuela” —apodo que recibe el barrio Cedritos en Bogotá—, los venezolanos han logrado una presencia importante y han dado a conocer los productos característicos de su país, como las arepas, el pan de jamón y los tequeños —una especie de dedito de queso—. “Ahora, en vez de solo tener la arepa paisa y la boyacense, tengo también la arepa reina pepiada”, dice Castañeda entre risas.

La llegada de los venezolanos al territorio colombiano en los últimos años se ha convertido en un fenómeno social y económico. Algunos de ellos que huyen del país con la esperanza de encontrar un futuro mejor logran establecerse dignamente, pero otros, señalados por la xenofobia y estancados por las barreras económicas, tienen que recurrir a trabajos informales o, incluso, retornar a Venezuela. Sin embargo, aunque tal éxodo ha sido inevitable, este fenómeno se puede convertir en una oportunidad de transformación para Colombia; enriquecerla culturalmente y abrirle nuevas oportunidades económicas.

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Es un proyecto de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, dedicado al periodismo digital, la producción audiovisual y las narrativas interactivas y transmedia