• Ana María

¿Por qué se llena la Feria del Libro si los colombianos leen tan poco?


Asistí a la Feria Internacional del Libro de Bogotá, uno de los encuentros literarios más representativos de Latinoamérica. Un evento que este año celebraba sus 30 años.

Decidí ir un domingo, llegué a las 10 de la mañana, con la ingenua esperanza de que las filas eternas, que tantas críticas causaron el año pasado, no se hubiesen formado aún, pero no conté con tanta suerte. Sin embargo, no tuve que esperar más de 20 minutos para ingresar, pues, aunque la fila de entrada era de unas dos cuadras, compré mi boleta previamente por internet, lo que me permitió entrar por una fila aparte (una buena idea si no quiere perder toda la mañana intentando ingresar al evento en años futuros).

Sin embargo, para esa hora ya era difícil ingresar a cualquier pabellón o participar de cualquier actividad sin tener que estar parada un buen rato detrás de un río de gente dispuesta a esperar pacientemente su turno en las interminables filas.

¿Qué tanto leen los colombianos?

Había escuchado de varias fuentes que la Feria del Libro fue muy concurrida durante su primera semana. Las cifras finales tenían la palabra: durante 14 días, 550 mil personas asistieron. Sin embargo, me sorprendí al ver por mí misma la cantidad de visitantes que tuvo el evento. Sobre todo, considerando que según la publicación titulada “el libro en cifras, boletín estadístico del libro en Latinoamérica”, elaborada por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) en 2016, el índice de lectura en Colombia es de tan solo 3,8 libros anuales por persona.

La información arrojada por dicho estudio me llevó a preguntarme ¿cómo logra la feria convocar a tanta gente en un país que carece de cultura de lectura?

Pensé que tal vez la publicación no era del todo acertada, o que los hábitos de lectura en Colombia habían mejorado significativamente desde su elaboración. Claramente quien la hizo no fue testigo de la impresionante cantidad de individuos que se infiltraban entre la multitud para poder revisar minuciosamente los estantes.

Quizá se había cometido una injusticia con un país más culto y letrado de lo que resultados de la CERLALC evidenciaban. Me dispuse a demostrar la imprecisión del estudio de la CERLALC frente a la sociedad colombiana actual, sin mucho éxito.