• Ana María Córdoba // Pasantía Medios Javerianos

Bakongo: la evidencia de la relevancia del rol de los jóvenes en la construcción de paz


Jóvenes, víctimas y victimarios del conflicto armado colombiano, se reunieron en un campamento sin precedentes a discutir de reconciliación y posconflicto.

Todo cambio conlleva miedos, y el postconflicto no es la excepción. Tras 50 años de conflicto armado, los combatientes de las FARC han aceptado dejar las armas y reintegrarse a la sociedad. Aunque para muchos esto ha significado la esperanza de una Colombia en paz y la anhelada culminación de una exhaustiva era de violencia, otros han recibido la noticia con el desasosiego característico de la incertidumbre.

El pánico ha invadido a muchos que no conciben una cotidianidad compartida con quienes por décadas han sido considerados “criminales irremediables”. Sin embargo, un grupo de jóvenes colombianos, compuesto por desmovilizados y víctimas del conflicto armado, dejó las diferencias a un lado y se unió con el objetivo de organizar un campamento de verano inolvidable para un grupo de niños pertenecientes a una población vulnerable.

La atípica unión fue propiciada por Bakongo, un espacio de formación de líderes y crecimiento en valores, que une niños de poblaciones vulnerables con jóvenes voluntarios en una experiencia de campamento de verano.

Estos eventos se han dado desde hace 11 años en diversas locaciones y modalidades. Sin embargo, el último campamento, Bakongo Paz, ha sido “la experiencia más transformadora” de acuerdo con Daniel Buriticá, joven, ex alumno de la javeriana, fundador de Bakongo.

Durante este último campamento, a los niños y jóvenes voluntarios, afectados en diversos grados por el conflicto armado, se unieron unos invitados muy especiales: 10 desmovilizados de grupos al margen de la ley.

El encuentro fue en Tinjacá, Boyaca. Tuvo una duración total de nueve días y requirió que todos los participantes dejaran atrás el pasado para trabajar por el futuro de un país que ha sido testigo de suficiente polarización y violencia.

Los niños, los voluntarios y los desmovilizados lograron conectarse a través de sus miedos, pero también a través de sus sueños e ilusiones. Esto permitió generar un espacio de reconciliación: "fue quitarle la etiqueta a todos los que estaban ahí. Nosotros quitarles a ellos la etiqueta de guerrilleros o de paramilitares y ellos a nosotros la de gomelos”, narra Buriticá.

Puede ser difícil entender por qué víctimas y victimarios accederían a reunirse y convivir durante poco más de una semana, pero la reconciliación justificó con creces el encuentro y permitió que los futuros actores de paz se unieran por un pr