• Alejandra Bernal -

Heaven Dorper: Belleza alternativa para seres únicos


En medio del barrio Los Alcázares, que antes era un barrio residencial y ahora está lleno de talleres para carros, hay una peluquería muy peculiar. Queda en una casa de tres pisos, por donde pasean dos gatos y un perro, y cuyas paredes están cubiertas por obras de arte. Hay percheros de ropa que está a la venta, tinturas y elementos para el pelo, lápices de colores, brochas de maquillaje, una cámara… Aquí hacen de todo.

Heaven Dorper // Fotografía tomada por Alejandra Bernal

Es el hogar, estudio y showroom de Gazzo Bax (que para otros es Gabriezzo) y Agnes Saint (cuyo nombre era Sergio), dos hombres jóvenes que parecen vivir para el placer estético. Les interesa todo lo que tenga que ver con moda, arte, fotografía, maquillaje, belleza, peluquería, texturas, formas… Y aunque para algunos puedan parecer excéntricos, su estilo es auténtico y atrevido.

Cuando llego, Gazzo y Agnes aún no están listos. Mientras me reciben, se disculpan por sus ropas simples: el calor que hace los obliga a usar telas más frescas de lo que prefieren. Inmediatamente corren a cambiarse de ropa y maquillarse.

Agnes aún tiene puestas unas pinzas de pelo que usa constantemente, buscando los rizos que tanto envidia a su madre, además de una pañoleta y un gabán que acaba de sacar del armario, que está a punto de reventar. Se dibuja dos pequeños puntos negros bajo los ojos y se pone un labial nude que contrasta con uno de sus dientes, que es completamente amarillo. Gazzo sale con un arete largo de perlas y una blusa de seda blanca, bordada en el pecho y el cuello. En el otro oído tiene el audífono que usa para poder escuchar a otros: Es sordo.

Se disculpan también por el desorden que hay, pues han estado moviendo muebles de lugar. Esquivamos una silla, al perro, la máquina de coser que Agnes heredó de su bisabuela. Pregunto por la gran cantidad de algodón que hay sobre un mesón, pensando que es para una obra de arte, y me dicen que es una nueva técnica que están usando para las decoloraciones capilares: aparentemente el algodón ayuda a dar calor de forma más eficaz, evitar quemaduras y separar adecuadamente las secciones de pelo. A pesar de que son jóvenes y su taller sea experimental, saben exactamente lo que están haciendo.

Están acostumbrados a cambiar el espacio: Heaven Dorper ha sido pintado, resanado, pulido y decorado varias veces desde su creación. Todo lo han hecho ellos mismos con las manos, con las uñas. El tocador de la peluquería era de la abuela de Gazzo, el marco dorado de un espejo lo encontraron en el shut de basura de una amiga, una silla isabelina de terciopelo fue encontrada en la calle y llevada en hombros hasta la casa, los juguetes que hay regados por ahí los acompañan desde la infancia; los cientos de objetos que nos rodean tienen una historia, son pedazos de vida de muchas personas que ellos trajeron para armar como un rompecabezas kitsch el lugar de sus sueños.

Esa idea de reciclar lo que para otros es basura comenzó cuando Agnes estaba muy joven. De tanto ver a su madre arreglarse frente al espejo, se enamoró de la ropa vintage y la joyería. Con apenas 17 años se iba a la Plaza España y a mercados de pulgas de la ciudad a buscar prendas de vestir antiguas, las estudiaba, las arreglaba o modificaba, y las vendía a domicilio. A veces incluso encontraba telas o técnicas de manufactura que ya no existen en la actualidad, y de a poco comenzó a construir un pequeño imperio de ropa. Tras conocer a Laura Chavarro, creadora de Bling Bling Trash! y pionera de lo vintage en Colombia, Sergio se convenció de que eso era lo que quería hacer en la vida, pero aún faltarían años para empezar a construir Heaven Dorper.

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Mientras Agnes intentaba estudiar Artes Visuales en dos universidades distintas sin lograr sentirse cómodo o realizado, Gazzo tenía su propia lucha.

Aunque estudió en un colegio integrado (para sordos y oyentes) y tuvo buenas calificaciones, el puntaje de su ICFES era demasiado bajo, y lo rechazaron en las universidades a las que se presentó. Lo que pasa es que la lengua materna de los sordos es el lenguaje de señas, y el español viene siendo su segundo idioma; por tanto, en la sección de Inglés del examen no pudo contestar eso que para su colegio ni siquiera tenía relevancia.

Las personas con discapacidades tienen muchas dificultades para acceder a la educación en Colombia. Además de este tipo de casos, hay demasiado papeleo y condiciones impuestas. A pesar de explicar su situación y llevar portafolios y muestras de su trabajo, ninguna universidad quiso aceptar a Gazzo.

“Si no me quieren aceptar, vale huevo. Todo pasa por algo”, pensó. Y se dedicó a aprender artes plásticas a través de internet, tutoriales, convocatorias, cursos libres, y mucha experimentación. “La universidad está en la cabeza”, dice, “y uno tiene que descubrir cosas en todas partes.”

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A propósito, ¿Cómo hace Gazzo para comunicarse con los clientes? Bueno, él utiliza un audífono que le ayuda a oír mejor, pero hace parte de más de 455.000 personas sordas en Colombia que se ven discriminados laboral, cultural y socialmente. Aquí hay una guía básica para comunicarse de manera inclusiva:

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En medio del desencanto y la frustración de ambos, el destino decidió unirlos. Desde entonces, sus vidas cambiarían radicalmente, porque además de ser compañeros de trabajo y arte, Gazzo y Agnes son pareja.

Se conocieron a través de un amigo en común, que los invitó a ambos a un foro sobre diversidad sexual y feminismo. En ese momento Gazzo era profesor de señas en un grupo que se reunía semanalmente en la Universidad Pedagógica, y Sergio se interesó por el lenguaje puesto que en ese momento buscaba formas de hacer su arte más inclusivo. Hablaron ese día, se agregaron en Facebook, y empezaron a salir a mediados de octubre. Como le cuesta recordar las fechas especiales, Sergio esperó a que fuera el primer día de noviembre para proponer que fueran novios. Gazzo aceptó, y ya nunca olvidaron cuál era el día de su aniversario.

Gazzo y Agnes// Heaven Dorper // Fotografía tomada por Alejandra Bernal

Entonces empezaron a soñar y crear el espacio que luego sería Heaven Dorper. Tomaron la casa en la que Gazzo vivía hace años (que su abuelo compró en los años 70’s), y adecuaron el espacio. Gazzo aprendió peluquería y maquillaje, y Agnes empezó a estudiar patronaje y diseño de modas. Sus amigos cercanos empezaron a ir a la peluquería y ser cómplices en sus experimentos artísticos, y gracias al voz a voz y las redes sociales cada vez más personas llegaban, intrigadas por el lugar y por el innegable talento de los dos.

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También su forma de verse es llamativa. Usan ropa excéntrica y maquillaje aún cuando saben que estarán en casa todo el día. Para muchos esto será extraño, pero para ellos es apenas natural y hace parte de su expresión artística.

“Los cuerpos son lienzos y siempre los adornamos”, afirma Agnes.

“El maquillaje es eso, es hacer de uno mismo un lienzo”, concuerda Gazzo. “Es contar vivencias, pintar fragmentos del alma. Nosotros nacemos como las mariposas, que tienen pigmentos en las alas que se van cayendo como un polvito, entonces tenemos que poner color en el alma todos los días. Y es una belleza efímera: cada día lo reinventamos según el personaje que encontramos en nosotros mismos. La gente dice que somos camaleónicos, y no es por llamar la atención, sino porque nuestro sentimientos trascienden y cambian. Yo soy quien soy, así lo expreso, y no me puedo encargar de lo que la gente piensa”.

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¿Cómo suenan Agnes y Gazzo?


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Aunque suelen trabajar juntos, tienen clara la división del trabajo: Gazzo modela, maquilla, y peina. Agnes hace la ropa y el styling. Entre los dos fotografían y hacen dirección de arte. Llevan juntos casi cinco años, y más de tres creando la peluquería. Se complementan en todas las áreas: Gazzo dice que en Heaven Dorper él es el espíritu, y Agnes es la carne. En efecto, mientras que las obras artísticas del primero tienen muchos elementos oníricos y casi surrealistas, el arte del segundo es más pop, más concreto, más humano. Cuando mezclan sus estilos es que surge la magia en su estudio.

“Este es nuestro santuario. Aquí están nuestras ideas, nuestra inspiración, toda la gasolina que hay para llegar a nuestras metas y deseos.”, dice Gazzo.

“¡Es nuestro hijo!”, complementa Sergio. “Aquí ponemos amor en cada cosa que hacemos, cada prenda, cada proceso, cada persona.”

Es por eso que todos los clientes salen felices de Heaven Dorper: Porque no son simples clientes, sino amigos. Aunque a veces el resultado no sea exactamente el que querían (como en cualquier peluquería), siempre vuelven, porque Gazzo y Agnes leen muy bien a las personas y siempre resaltan la belleza e individualidad de cada uno. Rechazan las prácticas consumistas, los ideales estéticos masivos y las cadenas de ropa.

“En Colombia hay mucho atraso en la moda porque la industria puede ser muy mediocre. Se plagia y se repite mucho. Nos comemos mucho el cuento que nos dan las grandes marcas y aquí hay mucha creatividad ancestral que no se usa”, opinan.

Su estilo personal es evidente, y rompe con esa lógica imperante en el mundo de la moda. Tanto el arte como los looks de Agnes y Gazzo son un desafío ante la sociedad. Aunque sea común pensar que la moda o la belleza son temas poco trascendentales y de personas vanidosas, ambos concuerdan en que el común de la gente no comprende su importancia.

“La moda hace parte de las revoluciones. Uno no hace sólo ropa o maquillaje, sino que libera tensiones y cosas que están pasando en política, en la sociedad, en la economía, en todo.”, reflexiona Sergio. Por eso, su sueño a futuro es ampliar Heaven Dorper, tener una casa más grande que acerque su universo a más gente.

“Pasa que hay gente que se siente intimidada ante estos temas, se siente incómoda en una tienda y por eso no entra. Vestirse, como desvestirse, es un derecho. Nosotros queremos hacer moda accesible para todos, en un lugar donde cada uno pueda sentirse lindo y agradable”, dice para terminar. “Yo hago esto porque quiero sorprenderme a mí mismo, no a otros. Los diseñadores deben proponer y ser responsables de lo que le dan al público y el compromiso que tienen con él. Yo fabrico cosas que me gustan, con las que me visto, y eso mismo voy a vender. Hay que aprender a hacer lo que uno cree que es correcto, así no esté in”.

Puede encontrar más en las páginas de Facebook e Instagram de @HeavenDorper, y en el Instagram de @gabriezzo y @aaagsaint.

Vea más fotos de Heaven Dorper:

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