• Felipe Morales // moralesfelipe@javeriana.edu.co

Cousteau: el hombre que le hizo el amor al mar


El comandante Cousteau, el hombre que dedicó su vida a mostrarnos el mar y que lamentó, en sus últimos años, no haberse dedicado a protegerlo de los que lo atacan, se dedicó, como decía, a hacerle el amor. El pasado 25 de junio se cumplieron 20 años de su muerte y, pronto se lanzará una película sobre su vida, 'L'Odyssée', basada en un libro escrito por su hijo menor.

Desde 1950 Jacques-Yves Cousteau, oceanógrafo, realizador audiovisual, inventor y oficial de marina francés, se dedicó a llevar el mar a todos los hogares del mundo.Cuando Rachel Carson publicaba Primavera silenciosa, ese libro al que se le atribuye el nacimiento de la conciencia ambiental, el Comandante ya llevaba más de diez años sumergiéndonos en las profundidades del océano, con el mismo fin.

Cousteau era como Poseidón, dios de las aguas. En la televisión de los 70’s, su poder se extendía por todo mar y no conocía fronteras. Mientras los niños gringos querían ser como Batman, los galos soñaban sumergirse en el mar como la tripulación del legendario buque Calypso.

A bordo del barco todos eran una familia. La tripulación, que eran tan hijos del Comandante como Philippe y Jean-Michel, temblaba cuando escuchaban un “mañana a las seis hablamos de esto”, advertencia del error cometido.

Simone, esposa de Jacques-Yves y madre de Philippe y Jean-Michel, era más capitán del Calypso que su esposo. Rápidamente se convirtió en la madre de la tripulación, quienes la llamaban La Bergére, que en francés significa La Pastora. Simone siempre supo, o al menos eso ha dicho públicamente Jean-Michel, de los múltiples affairs de su esposo: “Durante años mi madre permaneció digna y en silencio, negándose a ver lo que era obvio”.

Philippe, ‘el hijo elegido’, fue compañero y coprotagonista de todas las locuras del Comandante. Durante las producciones de los sesentas y los setentas se robaba el corazón de la audiencia encerrándose en rústicas jaulas para nadar con tiburones o volando en globos aerostáticos para tener las mejores tomas del Gran Arrecife. Todo, sin despeinarse la gruesa barba rubia. Era la piedra angular de la familia y fue su muerte temprana –mientras piloteaba una avioneta sobre el río Tajo en Portugal, con su hija Alexandra y su esposa, embarazada de Philippe Jr., accidente del que sobrevivieron todos menos el padre­- lo que dio pie a la decadencia del apellido más prestigioso de los mares.

El ocaso de los Cousteau siguió, entonces, cuando Jean-Michel fue llamado a identificar el cuerpo de su hermano: “Papá me dijo que si yo no acudía en su ayuda, lo abandonaría todo”. Como el Comandante habría de aprender más adelante, más le habría valido abandonarlo todo.

Jean-Michel era el rebelde, la oveja que se le escapó a La Pastora y no siguió una carrera naval, como quería su familia, ni una en las ciencias, para el desagrado de su padre, sin