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Bogotá y Miss Decó, las musas del escritor Andrés Arias


En su novela, Tú, que deliras, Andrés Arias sumerge al lector en la Bogotá de los años treinta, al reconstruir los pasos de quien, según él, fue la mujer más encantadora de Bogotá. Hablamos con el autor.

FOTO: Cortesía de Andrés Arias

Fue durante una entrevista con el creador del Museo Art Decó en Bogotá, que el periodista y novelista Andrés Arias escuchó por primera vez el nombre de la artista de los años treinta que lo inspiraría a escribir una novela. “La última pregunta que le hice fue: ¿Qué persona fue clave para el Art Decó en Colombia? Me respondió, “Carolina Cárdenas…le decían Miss Decó”. Me dijo que era una mujer muy polémica, que había muerto joven, que su matrimonio había durado sólo ocho días, que era muy bella. Llegué a la oficina y busqué en Google información sobre ella. Me fui a las imágenes directamente. Cuando aparecieron los resultados algo pasó, hice un clic extraño, quedé fascinado con el personaje.”

Después de ese descubrimiento, Arias emprendió un trabajo de investigación. Buscó referencias sobre la artista en revistas y periódicos de la época, aprendió sobre historia del arte y sobre el movimiento artístico Bachué (al que pertenecieron algunos de los amigos de Carolina Cárdenas), recorrió las calles de Chapinero, Belén y Los Mártires en busca de vestigios de lo que fue el sector predilecto de las familias más adineradas del país durante la década de los treinta. Sobre esto último, el autor contó:

“Bogotá es una de mis pasiones. Descubrir una calle desde su historia es un placer total. La investigación para la novela también fue muy geográfica, pues quería mencionar el sitio en donde vivían los personajes, hacer referencia a las calles, los restaurantes, los sitios que en la realidad frecuentaban. Me lo gocé…Cuando uno piensa en esa época, siente que pasó hace mucho tiempo, que Bogotá era un pueblito godo. Y sí, pero era liberal en cuanto a la proliferación de movimientos vanguardistas, llena de gente joven intentando cosas atrevidas. Tenía una atmósfera inesperada.”

FOTOS: Paula Navarro

No es mucho lo que sobrevive de la ciudad que se describe en el libro: los rieles del tranvía; el edificio antiguo de El Tiempo en la Avenida Jiménez con Séptima; el Club de Jockey, muestra maravillosa de la arquitectura republicana de los años treinta, situado en plena Plazoleta del Rosario, y la Iglesia de Lourdes, en medio de un Chapinero popular y caótico.

A la hora de investigar, Arias no tenía muy claro qué iba a hacer: “Pensé en un reportaje o en una crónica. Se volvió novela cuando me di cuenta que tenía que hilar muchos baches. Hay muchos aspectos reales, pero cuando se entra en detalle (que iba vestida de tal color, los diálogos) aparece la ficción. La ficción ayuda a darle calidez al asunto”, dijo.

La novela es narrada por un personaje inventado por el autor: un periodista de Ambalema (Tolima), quien es amigo de la artista y está enamorado de ella. Carolina es presentada como la mujer más bella, misteriosa y talentosa de la Bogotá de los años treinta, es presentada desde la fascinación de un enamorado. “El encanto de Carolina es un tema que uno no logra descifrar del todo. Por un lado, era una mujer muy bella y moderna en su actitud y en su apariencia. Hizo un arte que para la época no se hacía…se enfocó mucho en el dibujo, la cerámica y la fotografía. Fue la primera persona que hizo arte abstracto en Colombia. Tuvo una vida escandalosa para la época por su apariencia, sus ideas y su sexualidad. Finalmente, es un personaje olvidado, lo que la hace misteriosa”, reflexiona el autor.

FOTOS: Paula Navarro

Más que una mujer, Carolina Cárdenas fue una promesa de libertad y modernidad para los artistas de su generación y sus mejores amigos. Arias explica que por esa época el artista era mal visto, en especial el vanguardista. El arte más aceptado y valorado era realista y clasicista.

Consecuentemente, “el lugar que ocupaban los artistas en la sociedad capitalina durante los años treinta era bastante particular. Eran niños bien, con capacidad económica, muchos habían estudiado en Europa. Entonces, ese permiso de la familia para hacer vanguardias se originaba en el hecho de que no los tomaban muy en serio. Los dejaban hacer sus locuras sin darse cuenta de la calidad de su trabajo y de los cambios que, como artistas, estaban generando. Eso ha cambiado. Hoy, el arte contemporáneo, más arriesgado y conceptual, es respetado. El arte puede ser libertad, aunque también puede ser represivo, obediente y lambón. El arte es libertad si tú decides que lo sea”, concluye el escritor.

FOTOS: Paula Navarro

Al contrastar el aspecto urbanístico de la ciudad que describe en Tú, que deliras y la Bogotá en la que vive, Andrés Arias se muestra triste y molesto: “A mí me duelen tantas cosas. Estoy muy triste porque van a tumbar un edificio al frente de la Pedagógica ¡un edificio hermoso! Lo van a tumbar para hacer un centro comercial. Esto me enferma…es uno de mis traumas. Tenemos muy poca sensibilidad por la calidad artística y arquitectónica de la ciudad. Tenemos muy poca noción de lo que puede ser patrimonial. Reducimos lo patrimonial únicamente a lo colonial…la Candelaria. A los barrios de comienzos del Siglo XX les hemos dado muy duro…hoy en día son zonas muy deprimidas. Los planes de recuperación de zonas como El Cartucho se dedican a tumbar todo y se han perdido joyas impresionantes.”

FOTOS: Paula Navarro

Es cierto, bajar por la Calle 13 dejó de ser placentero desde hace tiempo: basura, edificios abandonados, malos olores combinados con el humo de los buses de Transmilenio, que la atraviesan a la altura de la Carrera Décima. No obstante, la vida pulula, corre a gran velocidad y satura los sentidos. La zona protagoniza la lucha diaria de comerciantes, estudiantes y artistas.

Tú, que deliras, más allá de dar cuenta de los últimos años de Carolina Cárdenas, reconstruye la Bogotá de otros tiempos… el ambiente de los cafés de la Avenida Colón, las casonas de Chapinero, el tranvía, los lujos del Hotel Granada, los matrimonios de los adinerados en la Iglesia de Lourdes, las onces, el chocolate con pan, el aguardiente y el cigarrillo, el jazz, el foxtrot y las serenatas que dedicaban los hombres enamorados.

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