• Cynthia Lacouture -

[FOTOPERIODISMO] Rappi en la ciudad


La migración, la inflación, el desempleo y el costo de vida son algunas de las razones por las cuales los rappitenderos deciden realizar este empleo informal. Rappi, es una aplicación para el celular en donde el usuario puede solicitar cualquier tipo de domicilio: mercados, restaurantes, antojos y hasta celulares. Rappi es el mejor amigo de cualquier persona lo suficientemente perezosa como para optar no salir de su casa, o lo suficientemente ocupada para no tener tiempo de “hacer mandados”.

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Aunque es una plataforma bastante cómoda para muchas personas, resulta ser un oficio supremamente peligroso para los empleados, que son comúnmente llamados Rappitenderos. Existen dos tipos de formas para poder hacer parte del equipo móvil de rappi. La primera es por medio de una moto. Aquellos que quieran realizar domicilios en moto solo deben contar con ella (la moto debe ser propia), con un casco y un chaleco reflector.

Rappi cuenta con un plan vial para las personas que contrata por moto y tiene un seguro que los cubre ante cualquier eventualidad. La segunda forma en la que se puede hacer este tipo de trabajo es por medio de la bicicleta. Aquí es donde el peligro realmente está. A aquellos rappitenderos que usen la bicicleta como medio de transporte para realizar sus domicilios, no les exigen ningún tipo de protección. Rappi se responsabiliza de cualquier accidente que puedan tener, y para esto ellos deben firmar una póliza, sin embargo, esto no es suficiente para evitar un posible accidente.

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Vas a un par de capacitaciones, te dan la nevera pequeña (para la grande tienes que cumplir un mínimo de pedidos), descargas la aplicación ¡y listo! Ya eres dueño de tu propio tiempo, puedes hacer cuantos pedidos quieras sin exigirte. En promedio, un rappitendero que maneja unos veinte kilómetros en Bogotá “la ciudad de la bici” se gana unos cuarenta mil pesos al día. Les piden lograr un domicilio en un tiempo casi imposible en una empresa prácticamente ilegal. El empleado no tiene prestaciones sociales, la dotación la pagan ellos pero “le devuelven la plata más adelante”, no están afiliados a un sistema de seguridad social: ARL, fondo de pensiones y EPS como empleados. No están afiliados al sistema de gestión y seguridad en el trabajo ni tiene Rappi, como empresa, un Plan Estratégico Vial. Todo esto, exigido por el Estado para asegurar un trabajo digno. ¡Eso no importa! Eres dueño de tu propio tiempo.

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Aparentemente, Rappi resulta siendo una aplicación supremamente cómoda para el usuario, pero aún más peligrosa para el trabajador. Y allí ¿quién tiene la culpa? ¿Quién pide el domicilio?, ¿Quién lo lleva? ¿o quién exige que la entrega sea “con amor”?

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