• Cristina González //

El conflicto armado desde dos perros


Las luces se apagan y el silencio se interrumpe con el sonido de una máquina de escribir. Un texto alusivo a la guerra bipartidista es el encargado de dar contexto sobre esta obra titulada Rabia. Una frase que culmina el párrafo nos ubica como espectadores; los que serán protagonistas de la historia serán dos perros, tal como lo ideó Moisés Ballesteros, su director.

Las notas de un piano y la iluminación melancólica dan paso a la primera escena. Satanás, uno de los perros juega con su pelota mientras a la casa de su amo, un señor de avanzada edad, llega uno de aquellos hombres de las botas de caucho a los cuales los animales temen.

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Los animales han sido testigos de cómo estos hombres se han masacrado los unos a los otros durante décadas. Como ellos sólo ven en blanco y negro no entienden de banderas ni mucho menos de colores, para ellos son solo hombres matando hombres.

FOTO: Se encuentran padre e hijo, atrás está Satanás expectante de la visita.

En esta oportunidad la visita es del hijo de su amo, pero ya no se ve como la última vez que lo recuerda. Ahora es diferente, su comportamiento es extraño y lleva hasta las rodillas una de esas terribles botas de caucho.

Mientras uno de los temerosos perros se acerca a recibir la visita, el papá intenta entablar una conversación con su hijo, sin embargo, el diálogo es pobre y se torna tenso el ambiente. La nobleza caracteriza al anciano, quien entiende que su hijo no ha venido para algo bueno, algo tiene entre manos, su conducta nerviosa y agresiva lo delata. Se escuchan ruidos. El hombre de botas de caucho se pone a la defensiva y el sonido se acerca. Roger Segundo, otro de los perros, recibe un balazo, el hijo del amo le disparó en una de sus patas.

La situación antes tensa ahora estalla, se ha convertido en ladridos, aullidos exagerados de dolor y gritos de los humanos. Después de haberse calmado los aires, el hijo afirma "si no lo hago yo, ellos van a venir a hacerlo” acto seguido saca una pistola y termina con la vida de su padre.

FOTO: Roger Segundo está herido, mientras el padre trata de curarlo.

La escena acaba y las luces se apagan, se proyecta nuevamente un párrafo del cual su frase más rescatable es alusiva a la pólvora y cómo esta borra identidades. Ahora vuelve una iluminación más agresiva que la del primer acto. Se recrea la oficina de un funcionario judicial, vestido con traje y corbata, a la altura de su posición. El hombre se muestra cansado, pero antes de abandonar su puesto de trabajo alza el teléfono y se comunica con su superior, a quien le afirma que ya todos los arreglos están listos y los archivos deshechos, sin embargo, que no se olvide “de lo suyo”, ambos ríen en forma de complicidad y cuelgan. Mientras el funcionario se prepara ahora sí para irse, interrumpen su calma dos perros, Roger Tercero y Satanás. El hombre menosprecia su visita y los echa, pero ellos insistentemente se quedan, tienen un propósito.

El funcionario saca periódicos, los enrolla e intenta golpearlos con ellos; sin embargo, los perros no se dejan atemorizar por la acción, su misión es clara. Conocen a este sujeto de tiempo atrás y recuerdan su cara perfectamente, por esto necesitan cuestionarlo para saber qué sucedió con Roger Segundo, aquel amigo canino que resultó herido en la primera escena.

FOTO: Roger Tercero y Satanás en la oficina del funcionario.

Después de varios diálogos intensos, y peleas entre las dos especies, la escena se torna impensable. Los perros ahora están sujetando al hombre al borde de una ventana, lo amenazan con dejarlo caer, si no revela los detalles, la verdad de lo que pasó en la diligencia judicial que el funcionario hizo en la casa, el día que su amigo resultó herido y su amo muerto. Ante el forcejeo y el miedo, los perros finalmente dejan caer al hombre al vacío, pero el secreto se ha ido con él, nunca reveló mayor detalle.

La luz vuelve a apagarse y regresa con fuerza, haciendo alusión al pasado. Regresan en el tiempo para contarle finalmente al espectador qué sucedió ese día. El funcionario ocupaba en ese entonces un puesto en un espacio rural, donde tuvieron lugar los primeros hechos, él era el encargado de hacer el levantamiento del cadáver del anciano. Sin embargo, la entidad para la cual trabajaba estaba presentando un informe de gestión en donde se afirmaba que era de cero la cifra de homicidios por razones asociadas al conflicto armado, por esto la escena del crimen debía desaparecer y con ella toda la evidencia que sustentara el derramamiento de sangre, incluido el cuerpo del perro herido en el primer acto.

Al ingresar el funcionario a la casa, encuentra al hijo desesperado quien decide entregarse ante el miedo y el arrepentimiento de su conducta; sin embargo, su actuar no daba créditos a la coherencia con el informe de gestión, así que el funcionario solamente lo ignora. El hijo frustrado por no recibir castigo alguno decide con la misma arma terminar con su vida. La cuenta de las vidas que acabaron aquel día, ya iba en tres.

Las luces se prenden en su totalidad y se da cierre con un piano en vivo, el elenco se despide y se marcha. Los aplausos llegan, pero la sensación de reflexión queda en el aire. Definitivamente Rabia, nos embarca en una puesta en escena que recrea una situación que pudo haberse dado infinidad de veces dentro del marco del conflicto de nuestro país. FOTO: Caballete con el estreno de la obra.

Esta obra plasma la impunidad, cuestiona las nociones de víctimas y victimarios y ridiculiza los argumentos que justifican la violencia, hasta el punto de enunciar que los hombres peleamos por banderas del mismo color, que a fin de cuentas todas son iguales.

Moisés Ballesteros al dirigir esta obra, buscó presentar una visión alternativa sobre el conflicto colombiano para que el público pudiera entender que de alguna manera todos somos víctimas y victimarios. La temporada estuvo en el teatro La Sala DC Fábrica de hechos culturales.

FOTO: Plano general del teatro La Sala

Su temporada empezó el 21 de febrero y terminó el 2 de marzo. En el siguiente vídeo se amplía la información sobre la obra y se habla con su director y Diego Fajardo, uno de los actores:

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