• Carolina Páez Ucrós //

Una obsesión tomada a pecho


Las páginas de los cuadernos de Alejandra Arenas son solo el comienzo de su insaciable obsesión por las tetas. Aunque sus familiares y amistades no lo aprueban, Alejandra persiste en descubrir todas las formas, tamaños y colores de esas protuberancias para eliminar los prejuicios que se encuentran en la naturaleza del cuerpo femenino.

FOTO: Cortesía Alejandra Arenas

A mano izquierda hay un semicírculo. Este encierra un círculo más pequeño donde sobresale una forma de un piramidal. A mano derecha está el mismo semicírculo encerrando la misma estructura cilíndrica. Hay más de diez repeticiones de estas formas geométricas en una hoja, pero todas son diferentes. Hay semicírculos grandes, largos, redondos, esbeltos y chiquitos. Los círculos son de diferentes colores: hay rosados, marrones, cafés y morados. Algunos son oscuros y otros claros. Hay unos planos, invertidos o puntiagudos. Son tetas. Y tetas es lo único que se encuentra en las páginas de los cuadernos de Alejandra Arenas.

De una repisa de su sala, justo al lado de un rincón dedicado a la veneración de la Virgen María, Alejandra saca un libro de bolsillo. Su libro. Delicadamente, pasa página por página mostrando cada uno de los dibujos y esculturas que ha creado. Un recorrido que empezó cuando estaba en décimo grado en el colegio Marymount y que aún continua, cursando cuarto semestre de diseño y arte en la Universidad de Los Andes. Este libro es un camino con la forma del cuerpo femenino, donde sus pasos han sido pezones de diferentes tamaños, formas y colores. Sería pecado no decir que Alejandra está obsesionada con las tetas.

—¿Por qué las tetas? —pregunto.

—Siempre he pensado que es muy raro que pinte tetas y no vaginas. Pero es que estéticamente no me parecen bonitas las vaginas.

Enseguida se detiene, rápidamente pasa las hojas de su libro y dice:

Las tetas me parecen divinas; sin joder, se me hace lo máximo dibujarlas. Son un símbolo. Lo que más me inspira es la naturaleza del cuerpo y me raya que la gente no lo entienda.

FOTO: Cortesía Alejandra Arenas

Alejandra es una joven rebelde. Ese es el primer adjetivo con el que sus papás y su hermano la describen: rebelde. Ella es de contextura delgada, tiene pelo ondulado hasta los hombros, usa gafas redondas y su forma de vestirse es con jeans y un saco blanco. Su apariencia no refleja precisamente su carácter revolucionario y subversivo, pero Alejandra les da guerra a sus papás constantemente en su casa para defender sus ideales.

Hay mañanas en las que Alejandra le da los buenos días a su familia vestida solamente con una camiseta y calzones. Esto genera indignación por parte de su padre y de su hermano, quienes, a pesar de desayunar en calzoncillos, consideran el acto como ofensivo e indecente para una señorita. Ella los imita para exigir lo mismo que le exigen: que se ponga unos pantalones.

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Alejandra también hizo parte del video oficial de la canción Sexo de Residente, donde apareció bailando en el centro de Bogotá en brasier y en calzones. Se armó la gorda en su casa. “Es una loca” o “es el deshonor de la familia” son algunas de las recriminaciones que surgieron por la participación de ella en el video. También su novio, con el que llevaba un año y medio, le terminó.

—No entiendo por qué la gente se toma tan en serio cosas tan estúpidas.

Ahora Alejandra coge una bolsa de lanas, que está justo en medio de la sala donde hay un reguero de telas, papeles, colores y utensilios que usa para sus trabajos. Color por color, describe todas las técnicas de tejido que ha aprendido: liso, cruzado, satén, croché y filet. Su siguiente paso es hacer tetas de lana. Lo que importa no es la técnica, el dibujo, la textura o el tamaño: tetas son tetas.

FOTO: Cortesía Alejandra Arenas

Si las tetas ya da miedo, la palabra pezones da terror. Y el cuerpo femenino se convierte en un campo minado de prejuicios y prohibiciones, donde la primera que se atreva a cruzarlo y a mostrarlo es la primera pecadora. Sí, y digo la porque en el campo de el ya han ganado todas las batallas. Eso es lo que más indignación produce en Alejandra. Le cuesta entender qué es lo raro de las tetas, si todos y todas las tienen por igual. Unas con más relieve que otras, pero todas son