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Exprimiendo la Naranja, una política que pretende cerrar brechas creando baches


Las 7 estrategias, o los 7 enanitos, que se implementarán para la aplicación de la Economía Naranja que ha planteado el presidente Iván Duque tendrán una fuerte incidencia en el destino cultural del País

FOTO: Tomada de Pixabay de la cuenta KerdKanno

La Economía Naranja es uno de los pilares principales del gobierno de Iván Duque. Consiste en la unión de los sectores que tienen como objetivo la producción, difusión y/o comercialización de bienes y servicios, culturales y creativos, que pueden ser protegidos por derechos de propiedad intelectual.

En otras palabras, este concepto hace referencia a la unión y explotación de las industrias creativas (artes visuales, artes escénicas, fotografía, música, expresiones culturales, cine, contenidos audiovisuales, arquitectura, moda, publicidad, turismo, entre otros) para aportar al producto interno bruto (PIB) del país.

A través de la creación de la Ley Naranja y del Consejo Nacional de la Economía Naranja, el gobierno de Duque promete fomentar, proteger e incentivar los proyectos culturales. Sin embargo, en este cuento de hadas no todo es felicidad como parece.

Los 7 enanitos o las 7 estrategias que se implementarán para la aplicación de esta economía comprenden de forma genérica y homogeneizante los procesos artísticos.

Aunque es evidente que en algunos casos tienen grandes similitudes, sus estructuras, organización y valor no se pueden estandarizar. Se trata de procesos diversos y el papel que tienen en el desarrollo social, económico e identitario es muy distinto.

INFOGRAFÍA: Realizada por Paula Ruíz

El primer principio es como Tontín, mudo y tierno; consiste en la distribución de toda la información sobre la aplicación de la Ley Naranja pero, no hubo una socialización previa del proyecto con los gremios artísticos y después de su aprobación la pedagogía es escasa, son muy pocos los artistas que tienen conocimiento de este sistema y de las oportunidades a las que pueden acceder.

El segundo principio es Feliz; siempre tiene una gran sonrisa en la cara. Habla de las instituciones que se articulan y crean un “terreno fértil” para la industria cultural y creativa en los departamentos, ciudades, distritos y municipios. Sin embargo, las únicas alegres son las grandes empresas con capacidad de inversión, ya que se va a causar un detrimento de las agrupaciones pequeñas que hacen propuestas culturales con fines exclusivamente identitarios o no comerciales.

El tercer principio es el más Gruñón de los enanitos, se trata del fortalecimiento, formalización y adecuación de las industrias creativas. El patrimonio cultural y el arte se convierten aquí en objetos puramente mercantiles. No se entiende de diversidad de prácticas y saberes, se pone en peligro a los artistas independientes y a las tradiciones de poblaciones que, muchas veces, solo tienen el arma de su identidad como motor de supervivencia.

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Directo Bogotá consultó algunos artistas para que nos dieran su opinión al respecto:

El cuarto principio representa al enanito Dormilón que se la pasa dormido todo el tiempo y no hace mucho. Esta vez hablamos de la inversión en infraestructura física y virtual, que en muchas regiones de Colombia ni siquiera existe. Es necesario crear un plan de estrategias que vincule a los territorios y los incluya en la era digital, pues una plan como Vive Digital, que pretende llevar las tecnologías de la información y la comunicación a las regiones más apartadas, se ha quedado corto, ya que, hay lugares en los que no es posible el acceso a internet porque no hay infraestructura, electricidad y mucho menos el acceso a las promesas de la Ley Naranja.

Al quinto principio apenas le gusta hablar; Tímido. Se trata de la integración para que las industrias de la Economía Creativa obtengan acceso adecuado a mercados y exportaciones. Sin embargo, no es clara la forma en la que se brindará respaldo a los creadores nacionales, pues gracias a los Tratados de Libre Comercio (TLC), las industrias extranjeras penetran en el mercado colombiano con las mismas garantías que los productos nacionales. Es decir, no se prioriza el mercado nacional y, por el contrario, se le desprotege ante la furia del comercio internacional.

El sexto principio es el enanito Mocoso. Habla de la inclusión que promoverá el desarrollo de las industrias creativas al generar oportunidades laborales y económicas. Aquí es donde se exprime realmente a las naranjas, se elimina la obligación del Estado de auspiciar las creaciones culturales y, como alternativa, facilita créditos con grandes empresas bancarias. Como consecuencia, hay más endeudamiento de los creativos que tendrán que acceder a más empleo o auto emplearse para poder saldar las deudas. Terminarán explotándose a sí mismos pensando que de eso se trata el emprendimiento.

El séptimo y último principio aparenta ser el enanito Sabio. Habla de inspirar y mostrar el talento nacional, pero desconoce la creación independiente. Para acceder a las oportunidades de la Ley Naranja, los creativos tienen que vincularse oficialmente al programa y esto puede condicionar la visión crítica que puedan llegar a tener las obras.

Por lo general en los medios se habla de la Economía Naranja a grandes rasgos, hay una exposición del proyecto, pero no hay análisis, ni una critica del mismo. A continuación, podemos ver una galería de capturas de pantalla de algunos de los medios nacionales que han abordado el tema.

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