• Natalia Rivero Gómez // n-rivero@javeriana.edu.co

Mujeres con armadura


Las mujeres del ESMAD ponen, literalmente, el cuerpo todos los días para cumplir con su deber. En su profesión deben enfrentar duros retos, controlar multitudes y hasta ser las embajadoras de una institución que a veces es polémica. Ellas salen a las calles con coraje y disciplina, además de hacer un trabajo comunitario invaluable.

FOTO: En Colombia el 10% del personal en la policía es femenino. Tomada por Michael Steven Bolaños

La patrullera Pico no se siente bien esta mañana, tiene náuseas: “Es que estoy embarazada. Entonces, si me quedo mucho tiempo de pie, se me baja el azúcar, me da mareo”. Tiene ojeras, se ve un poco pálida. Hasta ahora tiene dos meses de embarazo. Está sentada en uno de los comedores de la base mientras sus compañeros forman en el salón de al lado.

Todas tienen overoles negros entallados con una cremallera que va desde la entrepierna hasta el cuello. No hay expresión alguna en sus rostros. Están a discreción: manos atrás, piernas abiertas. Se organizan por secciones o grupos de trabajo, formando cuadrados perfectos de seis por seis personas, cada uno separado por una baldosa. Son las siete de la mañana y están recibiendo las órdenes del día. Deben prepararse: hay paro nacional.

Uno de los cuadrados está enteramente conformado por mujeres: son la sección femenina del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD). Todas con peinado perfecto, recogido por una malla negra y un listón grande del mismo color que parece un corbatín. Cada una tiene sus ojos delineados, cejas definidas, labial que no destaca mucho y uñas pintadas de rosa pastel. Siempre están perfectamente arregladas, aun en medio de una protesta o cuando deben llegar a la base a las tres de la mañana. Se ven delicadas, pero pueden ser feroces.

FOTO: Naslie Castillo, comandante de la sección femenina del ESMAD. Tomada por Michael Steven Bolaños

Diana Pico no puede formar con sus compañeras. No saldrá con ellas. Trabajará en la base haciendo labores de oficina hasta que nazca su bebé. Luego de la licencia de maternidad se pondrá la armadura y entrará a las filas otra vez.

Lleva nueve años en el ESMAD. Tenía 19 cuando se apuntó como voluntaria. Creció en Oiba, Santander, y es la mayor de tres hermanos. Cuando estaba terminando su curso de ingreso a la Policía, fueron los reclutadores del ESMAD a dar una charla en la escuela y dijeron que aceptaban mujeres, pues desde 2011 se creó la sección femenina. Ese día preguntaron quién quería anotarse, y Diana fue la primera en hacer la fila. Siempre le ha gustado la adrenalina.