• Nicolás Linares Escobar //

El arte del lince


En medio de las tradicionales calles del centro de Bogotá se encuentra Street Lynx, una galería de arte urbano y grafiti que reivindica las dinámicas culturales presentes en este sector de la ciudad.

FOTO: Street Lynx, galería de arte urbano

Desde hace casi dos años, en la cabeza del artista Lorenzo Masnah, junto a Gato Banton y el colectivo APC (Animales, Poder y Cultura), surgió la idea de autorepresentarse y auto- representar su arte. Lo que comenzó como una página en Facebook en donde se mostraba el trabajo de los artistas, terminó convirtiéndose en una galería de arte urbano con sede en Bogotá y en México D.F. llamada Street Lynx.

Según Lorenzo, dueño y fundador de la galería en la capital colombiana, el nombre es un juego de palabras entre la palabra Street y la palabra Lynx, la cual traduce lince, haciendo referencia a un felino callejero, pero de la misma manera alude a su homófona Links, por las conexiones callejeras que promueve el grafiti.

Después de vivir por trece años en Nueva York vendiendo su arte en la calle, Lorenzo decidió volver a Colombia para abrir la galería; experiencia que lo lleva a afirmar “lo importante es vivir del arte, no vivir por mucho. De $20 dólares en $20 dólares podría llegar a hacerme $2000 dólares en un día”. Lorenzo afirma que la escena del grafiti en Estados Unidos es muy grande: se encuentran museos y galerías de una manera más organizada. Se hacía también grafiti para pelear con las vallas publicitarias, por lo que el arte no eran los trabajos más caros, sino los murales más grandes.

FOTO: Street Lynx Bogotá

Por otro lado, el arte en Colombia tiene un movimiento más natural. Todos los días hay obras nuevas, pero que debido a que las oportunidades para triunfar con el grafiti se limitan a trabajar con publicidad o hacer murales, y esto genera cierta rivalidad dentro de la escena. Tras analizar esta situación, se decidió a abrir la galería. Por varios meses Lorenzo estuvo buscando un lugar en el centro de la ciudad, hasta que se topó con una esquina en la calle 18 con 4a.

“El arte urbano se está volviendo algo comercial. En vez de gastarse la plata en un regalo costoso o una rumba, se puede comprar una obra como regalo. Es arte y es una chimba, y estamos viviendo un momento de cambio en donde los artistas de ahora pueden ser reconocidos en unos años”, afirma Lorenzo.

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—No se analizó bien el sitio donde nos estábamos metiendo. Esta fue siempre la cuadra abandonada detrás de la 19, pero con la galería y el grafiti hemos logrado que la gente quiera pagar por esta cuadra. Así hemos ayudado al comercio y a los vecinos —afirma Lorenzo. No solo esta cuadra ha empezado a cambiar sus fachadas, sino que la construcción de residencias estudiantiles ha ayudado a mejorar la cara de la zona.

La galería consta de una puerta de vidrio, en la que está impreso el logo en color blanco. El espacio tiene aproximadamente de 60 a 70 metros cuadrados con tres paredes en las que están desplegadas obras individuales o las exposiciones en turno.

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Hay un mesón frente a la entrada lleno de calcas y Tags (firmas de los artistas), en los que están desplegadas diversas obras, cada una envuelta en plástico para su protección. En la otra esquina se encuentra una mesa en donde se tiene la caja registradora, libros, cuadernos, estanterías con productos como stickers, gorros, camisetas y pequeñas representaciones de las obras que se han publicado. Detrás de una pequeña cortina está el taller propio.

FOTO: Mesón con calcas y tags

—En el taller se hace pintura, diseño, organización, entre otras cosas. El espacio ha cambiado; a veces está lleno de vainas, otras está más organizado. Acá están los muebles con el arte que nos traen y aceptamos, pero que no se han vendido. Si cada pieza de Pez vale un ‘palo’, pues yo tengo diez ‘palos’ ahí. Es poder de cada trabajito construir un poquito más el espacio, hasta poderle dar la ‘liga’ (el dinero) al Diablo todos los días. El ‘man’ es el que hace que no se orinen los borrachos, es el que nos cuida. Y Afuera tenemos el catálogo de los trabajos acá guardados —nos explica Masnah.

En las paredes de este espacio cultural han pasado un par de decenas de exposiciones. En principio se reciben los trabajos y se habla con el artista, se revisa las obras con un comité para después aprobar y montar. Un grupo selecto ha estado a cargo de la curaduría para que tanto los artistas publicados como la galería puedan crear un lenguaje y una línea artística definida.

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—Hemos tenido una gran variedad de exposiciones entre las que puedo resaltar las de las mujeres con la presencia de la cantante argentina Delfina Dib, el lanzamiento de la revista Trampa en la que contamos con un círculo de raperos, y el lanzamiento de un fanzine con el Instituto Bogotano de Corte —dice su fundador.

El espacio se ha construido para apoyar a los artistas y a la escena emergente desde talleres de serigrafía, firmas de blackbook, talleres de autogestión, entre otros. Con estos nuevos eventos se han creado dinámicas que no son de rumba. Lorenzo explica que estos modelos de negocio están basados en el turismo alrededor del grafiti, ya que a los extranjeros les encanta el arte, y tienen la capacidad económica para pagar una obra expuesta en la galería. “Las obras publicadas en la galería se hacen para poder ser compartidas también en un gran número de plataformas”, afirma Masnah.