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[Revista Impresa] Andrés Ospina, Bogotá y la nostalgia del pasado

Texto y fotos: Laura Valencia // Revista impresa


Aunque para muchos la obra de Andrés Ospina está estrechamente vinculada a Bogotá, a este escritor ese título de “experto en la ciudad” no le gusta mucho. Sus libros abarcan mucho más que una ciudad y son, en buena medida, viajes al pasado e inspecciones de la condición humana. El autor de Chapinero concedió la siguiente entrevista a Directo Bogotá.

FOTO: Andrés Ospina por Laura Valencia.

Conocí a Andrés Ospina mientras paseaba a mi perro en un parque tranquilo de Bogotá, esos donde los canes corren y escarban con frecuencia. Lo había visto allí un par de veces, pero nunca había tenido la oportunidad de hablarle, hasta que esa vez decidí acercarme y le dije que estaba interesada en hacerle una entrevista. Fue una de esas coincidencias en las que él no cree: “Nada es coincidencia”, dijo aquella vez. Y esa afirmación no solo se quedó en nuestra charla, sino que también pude intuirla en su novela Chapinero (2015). En ella conecta cinco historias diferentes con una pequeña cuchara. Hablar con Ospina es muy agradable, pues siempre tiene una anécdota para contar. Le gustan las reflexiones sobre la vida cotidiana, que pueden durar horas.


A los cuatro años escribió El policía Torres, su primer relato, cuando le contaron una historia sobre un policía que cuidaba un parque donde jugaban los niños. Entró a estudiar Música en la Universidad de los Andes, pero terminó graduándose de Literatura. Ha trabajado en radio y televisión, y actualmente tiene una columna en Publimetro. “A lo que hoy llaman emprendimiento y transmedia, yo siempre le he dicho rebusque”, comenta.


Tiene 43 años y vive con su fiel amigo Milo. Este perrito adoptado lo acompaña a todas sus salidas al parque, aun si son las cuatro de la madrugada y anda en busca de inspiración para su escritura. Es un escritor e investigador amante del pasado, que ve como un tejido que nos une a todos. Además, asegura que le habría gustado vivir en otras épocas; por ejemplo, durante el 9 de abril de 1948 o en la Conquista.


Ha publicado ocho libros: las exitosas novelas Ximénez (2013) y Chapinero; Bogotálogo I y II (2012), que son diccionarios del lenguaje oral de la capital; el libro de cuentos Y yo que lo creía un farsante (2014), y hasta el libro infantil Rita y la sociedad secreta del acertijo (2017). Aunque algunos de ellos están ambientados en Bogotá, el título de “escritor que escribe de Bogotá” o de “experto en Bogotá” se le queda corto, pues no le hace justicia a una obra mucho más amplia.

En su momento aprovechó la cuarentena. Disfruta tener el parque solo para él y para Milo, y goza de la soledad, que por la timidez no logra ocultar del todo. Sale con unos pantalones, unos Converse azules y un abrigo gris. Da una vuelta y luego se sienta en una de las bancas del parque para darle libertad al perrito. También saluda amablemente a las personas y le molesta la gente que pasa por alto un saludo. Le indigna que la gente joven se dirija a él con un señor; y prefiere un oye o un viejo.


Hubo un breve silencio después de eso, como una reflexión por parte de ambos. Entonces empezamos a hablar de Chapinero, una novela suya que tiene cinco personajes que viven en diferentes épocas. Antón, dice la leyenda, fundó Chapinero. Para Tania, se inspiró en una amiga y en su madre; es un híbrido, dice él. Le pregunté por Lorenzo, Salvador e Higinio, que también es su personaje favorito.


Directo Bogotá [DB]: Chapinero es una de sus obras más importantes. ¿Cuál es su personaje favorito?


Andrés Ospina [A. O.]: Higinio. Es un personaje que sufre mucho en la vida, pero que siempre mantiene la risa. Creo que ahí está la clave: muchos golpes te da la vida y la única estrategia de supervivencia es sonreír. Si uno no sonríe, está muerto. Higinio se sobrepone a la tragedia: pierde a su hija, pero, a pesar de eso, pide otra chicha. Es capaz de sonreírle incluso a la desdicha. ¡Eso es fortaleza de espíritu! Admirable. El nombre Higinio se me apareció en un directorio de Bogotá de finales del siglo XlX. Yo ya tenía claro que el apellido de los personajes de Chapinero era Heredia. Quise buscar algún Heredia en el directorio de 1885, y encontré un Higinio Heredia. Aparecía en la guía de trabajadores de la ciudad. Tomé ese nombre de ahí y comencé a construir una historia de alguien que vivió ese momento de Chapinero.


DB: ¿Qué características comparte el Chapinero actual con el de antaño?


A. O. : Los cerros, que tenemos tan cerca de nosotros, la vegetación y este temperamento del ciudadano bogotano, que es altamente arribista. El suegro de Antón es, para mí, una representación de esa clase arribista colombiana que quiere blanquearse la sangre. ¿Has notado cómo inconscientemente el colombiano y el latinoamericano relacionan la blancura con el poder?


DB: ¿Todos sus personajes comparten esa crítica a la sociedad bogotana?


A. O. : Más bien diría que reflejan la condición humana. No creo que esta cultura sea muy diferente de la de otros países latinoamericanos. Si tú vas a Lima o a Quito, te vas a encontrar con una sociedad muy jerarquizada también, casi virreinal. Bogotá está trazada por una grieta imaginaria y muy vergonzosa que la divide entre norte y sur.


DB: Usted ha mostrado su fascinación por los tejidos sociales. ¿Por qué en Chapinero utiliza una cuchara para evidenciar esto?


A. O. : En principio, Chapinero era una sucesión de historias desconectadas. No había un hilo que lo unificara. En ese proceso, estaba un día en la casa de mi mamá, visitándola, y me encontré con un calzador que pertenece a mi padrastro y otro antiguo que parece un poco una cuchara. Entonces me estalló en la cabeza esa idea, pero había que dejarla muy oculta para que los lectores atentos se dieran cuenta. Son regalos que uno como escritor les hace a los lectores atentos y generosos.


DB: ¿A quién admira en su vida personal o como escritor?


A. O. : Admiro a muchas personas y no son necesariamente figuras públicas. Muchos son anónimos y para mí son héroes. Admiro a mi familia materna, que es muy reducida, pero muy especial. Admiro a la gente capaz de sentir empatía por otros, a aquellos que son capaces de despojarse del egoísmo. Admiro a la gente que ofrece respuestas razonables y que no tiene reacciones impulsivas o estúpidas, a los que son capaces de permitirse unos segundos antes de decir una babosada. Admiro a la gente que, en situaciones económicas difíciles o con alguna discapacidad física, se supera. Admiro el talento y a la gente con el don de crear. Admiro mucho a los Beatles, y quizá son la mayor influencia en mi vida, pues me han acompañado desde que tenía ocho años o menos, a pesar de que no sean propiamente de mi generación.


DB: ¿Qué lema o frase aplica en su vida?


A. O. : “Sigue remando contracorriente”. Tal vez ese es mi lema.


DB: La Biblioteca Nacional es como su segunda casa. ¿Hace cuánto empezó a buscar historias allí y cada cuánto va?