• Alisson Betancourt //

Cuando el arte era rojo


Taller 4 Rojo no es un nombre que resuene, pero su legado sigue vigente y ha incidido en generaciones de colectivos sociales. Su influencia se puede observar en carteles y pancartas de movimientos sociales por la composición, las fuentes tipográficas, los gestos combativos de los personajes y los mensajes reivindicatorios.

En los años setenta en Bogotá, seis grandes artistas Nirma Zárate, Carlos Granada, Umberto Giangandi, Diego Arango, Jorge Mora y Fabio Rodríguez Amaya se unieron para crear un taller de arte, con fines ideológicos, llamado Taller 4 Rojo. Recientemente, sujetos anónimos por redes sociales han creado una página con el nombre del taller. Para demostrar que el sitio no tiene ninguna relación con el original Taller 4 Rojo, les rendimos este homenaje.

Pieza en la exposición 'Rojo y más rojo'/Taller 4 Rojo

Años sesenta y setenta

“Para entender el surgimiento del taller, primero es importante conocer qué pasaba en la época”, comenta Umberto Giangrandi. “A finales de los sesenta, yo acogí al escritor y pintor Arturo Alape en mi estudio durante varios meses. Entonces hablamos sobre la falta que hacían y el papel que podrían cumplir ciertas organizaciones culturales de izquierda dentro de las movilizaciones políticas y empezamos a imaginar el quehacer de los artistas en el activismo político”.

A finales de los sesenta y comienzos de los setenta, los artistas latinoamericanos comenzaron ese debate y su opinión se dividió, unos pensaban que debían incidir en la política mientras otros pensaban que el arte solo hacía parte del entretenimiento y lo veían muy alejado de la ideología. Tanto trascendió el debate que se puso entredicho la ética profesional de los artistas.

En esa época, Colombia no gozaba de plena libertad de expresión. Aunque la ley en 1968 aprobó la libre expresión como un derecho, este solo se quedó en el papel. Por esta razón Taller 4 Rojo se posicionó en el escenario nacional, llegando a innovar con su propuesta para generar mensajes ideológicos y, por supuesto, reflexiones políticas.

A comienzos de los setenta, los movimientos estudiantiles fueron cogiendo fuerza al ritmo de himnos y discursos que reflejaban su sentir como ¡hasta la victoria! Del Che, en un contexto nacional bajo la lucha social en contra del Estado y del gobierno del último presidente del Frente Nacional, Misael Pastrana Borrero. En la escena internacional, la lucha se daba en contra de la guerra de Vietnam y en pro de la defensa de los derechos humanos y de la igualdad social en el sur del continente americano.

130 años del nacimiento de la Flor del Trabajo, María Cano // Tomada de El Espectador, realizado por Diego Arango y Nirma Zárate.

Los movimientos que mayor acogida tuvieron fueron los campesinos y los estudiantiles. En el caso bogotano, la Universidad Nacional comenzó a ser el epicentro de estos movimientos, pues estaban presentes diferentes sectores como el Partido Comunista, el Camilismo, el Ejército de Liberación Nacional, el MOIR y otros grupos.

Con el objetivo de hacer del arte un instrumento de transformación social fue creado Taller 4 Rojo, sin intereses de militancia, sin hacer propaganda ni proselitismos. Hacían arte para pensar, para concientizar, para relatar la realidad social del momento, así lo han sostenido sus integrantes en las diversas entrevistas que se les han hecho y así mismo lo asegura Giangrandi.

Producto cultural, inicio del taller 4 rojo

Umberto Giangrandi cuenta su versión de la historia del Taller 4 Rojo. “Diego Arango insiste en que los fundadores fueron Nirma y él, pero eso no es verdad, ellos tenían un taller, pero era solo para enseñar arte. Muy diferente a lo que fue el Taller 4 Rojo. La verdad es que todos nos unimos y creamos el taller en 1972; desde su fundación queríamos tener una incidencia política, fuera de la militancia en partidos o en grupos sociales, creíamos que el arte podía ser usado para la reflexión y crítica de lo que estaba pasando en ese momento”, dice Giangrande.

La otra versión la cuenta Diego Arango y la ha venido repitiendo en distintos espacios y momentos. Según él, el taller comenzó en 1971 por iniciativa suya y de Nirma Zárate. “De este momento no les puede hablar ni Giangrandi, ni Granada, ni Rodríguez porque ellos no participaron en este proceso. En esa época incluso sacamos unas obras que fueron una ruptura total. Una obra con una serie de personajes cruciales para la historia política y social de Colombia, totalmente desconocidos y no reconocidos, paradójicamente. Uno de ellos era de Maria Cano”, dijo.

Algunas obras del Taller 4 Rojo

Independientemente de las discrepancias de las versiones del inicio del Taller 4 Rojo, sus integrantes coinciden en que para ellos el colectivo se caracterizaba por su interdisciplinariedad y buscaba contribuir a la formación de una cultura radical, que lograra la vinculación entre las prácticas artísticas y la acción política revolucionaria.

Fue tanta su pasión por la política de izquierda que el nombre de Taller 4 Rojo fue escogido por el colectivo por el llamado “espectro de Marx”, que apelaba a condición fantasmal de la revolución que prevalecía en época gris del “terror hegemónico”.

El lugar del arte en lo político

El taller creció a pesar de todas las dificultades de la época, como la censura, la violencia producida por enfrentamientos entre grupos insurgentes y las fuerzas militares, la falta de luz después de las seis de la tarde, la inseguridad en las calles y la continua militarización en la ciudad debido al Estado de Sitio que duraba desde que no había luz hasta las siete de la mañana del día siguiente.

El apartamento de Giangrandi está llena de obras de arte (cuadros y esculturas), cerca de su puerta tiene un retrato de él cuando tenía unos 25 años.

Uno de los libros que tiene en la mesa presenta “la recopilación de lo que he hecho como artista y también de lo que hice cuando fui integrante de Taller 4 Rojo”.

Siguiendo con uno de sus propósitos iniciales, educar personas en arte y crítica política, el Taller 5 creó escuelas populares de artes gráficas y apoyó los procesos de distintos gremios: “El movimiento se extendió por el país alcanzamos a tener escuelas en Medellín y Cali, hasta feministas hicieron parte de él”, recuerda Giangrandi.

Y se acabó el colectivo

Primero fue la separación de Nirma y Diego del colectivo, que según Giangrandi fueron expulsarlos por incumplir con las normas mínimas del taller.

Cuando se fundó Alternativa —la primera revista de izquierda del país—, los miembros del taller fueron los diseñadores y diagramadores, sin embargo, no tenían injerencia en los temas. Entonces pidieron tener un lugar en el consejo de redacción al lado de Gabriel García Márquez, Antonio Caballero, Bernardo García, Jorge Restrepo, Carlos Vidales, José Vicente Kataraín, Hernando Guzmán Paniagua y Enrique Santos Calderón y Orlando Fals Borda. Como no fue posible, Umberto, Fabio, Carlos y Jorge decidieron salir de la revista, mientras Nirma y Diego se quedaron por un tiempo más. Por ello el colectivo expulsó a Zárate y Arango.

Según la versión de Diego Arango esto no fue así. Comenzando porque él asegura que sí tenían un puesto en el consejo de redacción y que su salida al igual que la de Nirma se dio por una decisión personal, al no compartir cambios dentro del colectivo.

Años después, con el Estatuto de Seguridad del gobierno de Julio César Turbay Ayala arrancó la “cacería de brujas”, las desapariciones y las amenazas a líderes sociales de izquierda, así como a colectivos, que llevaron a la disolución de Taller 5.

Huellas del taller

“A pesar de que el colectivo se separó, cada quien siguió incidiendo con sus ideas desde su trabajo. En mi caso —dice Giangrandi— mi arte siempre fue, es y será enfocado a la crítica y la lucha social, yo veo las historias hasta en un lavadero. Por ejemplo, cuando llegué a Colombia fui a vivir a un inquilinato y por la ventana de mi habitación podría ver el lavadero y ahí pasaba de todo. En la mañana era el lugar de reunión de las mujeres, en la tarde el patio de juego de los niños y en la noche el lugar de los amantes. Siempre pasaba algo curioso. Pero en ese ambiente popular me di cuenta de que cada cosa puede tener una historia”.

En la actualidad, Umberto es profesor de la Universidad Jorge Tadeo lozano donde enseña grabado con la paciencia y el carisma que lo caracterizan, además, tiene su propio taller de arte en el centro donde trabaja técnicas como fotografía, grabado, lienzo, entre otras.

Quienes fueron miembros del Taller 4 Rojo.

Diego Arango se encuentra viviendo en Villa de Leyva donde sigue desarrollando su arte, aunque está algo enfermo. Jorge Mora se encuentra viviendo en Bogotá y

Fabio Rodríguez es uno de los tres coordinadores para la editorial Adelphi de Milán que se ocupa de la edición italiana de las obras completas de Jorge Luis Borges y Macedonio Fernández y colabora en periódicos y en revistas literarias europeas. Nirma Zárate, por su parte, fue reconocida como una de las primeras artistas colombianas en traer las técnicas de serigrafia y pop art a Colombia. Murió en 1999. Carlos Granada se dedicó hasta la década del ochenta a desarrollar su obra pictórica y murió en 2009.

Clonados en Facebook

En Instragram existen algunas fanpage con el nombre de Taller 4 rojo. En una de ellas se hace alusión a la historia del taller y luego coloca “2016: Reanimar el arte político colombiano para la Colombia de hoy” como si el taller hubiera revivido. Giangrandi no tenía idea y por eso asegura que “Taller 4 Rojo solo hubo uno y se acabó hace mucho”.

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