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[Fotoperiodismo] El invierno de los búfalos

Por: Daniela Becerra M. // Fotoperiodismo

Niños juguetones, ríos desbordados, búfalas lecheras y gallinas deslocalizadas son algunos de los variados elementos cotidianos de la finca Doña Amparo, en Antioquia. Las siguientes imágenes dan cuenta de una de las tantas experiencias rurales de nuestro país, sobre todo cuando acecha la época de invierno.

FOTO: Familia campesina se transporta en motocanoa sobre el río (Río Cimitarra, 3 de octubre 2020).

El invierno ha llegado hasta la puerta de la casa de la finca Doña Amparo. Hoy solo es posible transitar en canoa el sendero que llevaba a la entrada. No es la primera vez que viven esta situación, ni tampoco se trata de la única finca en estas condiciones. En la región los campesinos se han adaptado a los fuertes inviernos, que pueden llegar a duplicar el caudal del río Cimitarra. Como se diría popularmente: los campesinos no se quedan varados; se preparan para las épocas difíciles que pueden traer las fuertes lluvias y buscan soluciones a los problemas que estas suelen traer. No obstante, muchos carros sí se quedan varados tratando de llegar a los caseríos, y las terribles condiciones de las carreteras pueden dejar a bastantes fincas incomunicadas.

Son las 4:40 a. m. Carlos y David, los ordeñadores, ya están listos para empezar la jornada. La noche anterior llovió: el suelo está lodoso, pero las búfalas están listas, y las bubillas, sus crías, esperan hambrientas a salir pronto de su corral para poder tomar leche. La víspera, las búfalas son traídas del potrero para dormir en un corral separadas de sus bubillas. Carlos abre la puerta del corral y deja salir a las dos primeras, quienes, olfateando, buscan a su mamá y empiezan a tomar leche. Los ordeñadores dejan que beba unos minutos para que estimule a la búfala y así poder empezar luego a ordeñarla. Las búfalas no necesitan ser amarradas para el ordeño; con atar a su bubilla es suficiente para que la búfala permanezca cerca y tranquila.

Al ritmo de vallenato, merengue y bachata, Carlos y David ordeñan 38 búfalas. David, basándose en su experiencia, afirma que con música ellas producen más leche. Como parte del proceso, los trabajadores pesan la leche para llevar un control de productividad. De esa forma, pueden identificar qué búfalas tienen mejor rendimiento y cuáles necesitan atención especial para mejorar su condición. Después de compartir diariamente tiempo con estos animales, Carlos y David tienen algunas favoritas, como La mona (a la que bautizaron así por su peculiar pelaje). Ella es madre primeriza, por lo que se le ordeña entre las últimas del grupo para así tener más tiempo, hacer el trabajo con calma y evitar que se estrese.

Los búfalos, contrario a lo que se creería por su imponente tamaño, son animales tranquilos, dóciles y muy curiosos. Parecen incluso amenazantes cuando deciden mantener el contacto visual por un largo rato, pero, más que generar miedo, lo que buscan es examinar todo lo nuevo en su entorno. Una vez terminado el ordeño, las búfalas y sus bubillas son dirigidas al