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El grafiti bogotano: un arte que comunica y no discrimina

Por: Stefanny Arango Sánchez // Periodismo Cultural


La evolución del grafiti en Bogotá ha sido valiosa para la transmisión de mensajes sociales, el embellecimiento de la ciudad y su posicionamiento como atractivo turístico. Cada vez hay más espacios que propician la legalidad e incorporación colectiva de esta forma de arte urbano.

FOTO: Grafiti mural calle 24 en Los Mártires (2017). Tomada por Felipe Restrepo Acosta

Sprays de colores, aerosoles, vinilos y, por supuesto, mucha imaginación combinada con talento son los elementos que acompañan a aquellos encargados de cambiar las paredes y llenarlas de vida y color. El grafiti visibiliza las principales problemáticas de la sociedad, le da voz a los marginados, abre un espacio de conversación para aquellos que piensan diferente y tiene carácter social, político y crítico. A pesar de su relación con la rebeldía y el vandalismo, hoy en día se ha transformado en un arte urbano que ennoblece las ciudades, como es el caso de Bogotá: esta se ha convertido en un atractivo turístico por sus grafitis.


La Real Academia Española define el grafiti como “firma, texto o composición pictórica realizados generalmente sin autorización en lugares públicos, sobre una pared u otra superficie resistente”. El grafiti es, pues, una expresión incluida en el arte urbano ese que se realiza en la calle o vía pública, pero también está asociado a otras expresiones artísticas como los pósters y las pegatinas. La historia del grafiti se remonta a los años sesenta en Nueva York; influidos por el movimiento Hip Hop, varios adolescentes empezaron a escribir su nombre en las paredes de los barrios de la ciudad.


De esta manera apareció uno de los primeros artistas reconocidos de este arte: TAKI 183, un joven griego que trabajaba como mensajero y estampaba su firma en los vagones del metro. Demetrius (su verdadero nombre, del que se deriva su nombre artístico) se convirtió en un pionero de la práctica y motivó a muchos jóvenes a imitarlo, así como también a buscar sitios cada vez más difíciles y llamativos donde dejar su firma. Con el paso del tiempo el grafiti callejero se incorporó a la cultura hip hop, rap y breakdancing, y empezó a extenderse a otros países.


Este arte urbano llegó a Colombia en los años ochenta y se convirtió en una forma de expresar las inconformidades del pueblo. Su auge comenzó en Bogotá con el giro del milenio, y ha pasado por varios momentos de resistencia, puesto que, dependiendo del alcalde de turno, existen diferentes políticas que abren o que, por el contrario, cierran los espacios para realizar grafiti. No obstante, las zonas que ha dispuesto la Alcaldía de Bogotá han permitido al grafiti ser visto como un arte legal que aporta a la construcción cultural y social.


Bogotá es una de las ciudades con mayor movimiento de artistas urbanos y una de las más importantes para el grafiti. De hecho, gracias a la cantidad de arte callejero que se ve en los diferentes sectores, la capital se ha diferenciado y ha atraído visitantes. Fabien Le Vasseur, joven francés radicado en Colombia, piensa que el grafiti tiene mensajes políticos y artísticos muy impactantes: “Tuve la oportunidad de realizar el Tour del Graffiti, y fue una posibilidad de conocer las historias de diferentes personas y, además, de aprender a reconocer artistas. Es muy impresionante para un extranjero ver esta estética, porque aunque he visitado muchas ciudades con arte urbano ninguna me cautivo como Bogotá”. Posteriormente, Le Vasseur realizó un taller de pintura-grafiti.