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[Revista impresa] La salud mental en el aislamiento

Por: Angie Tatiana Rodríguez Bernal // Revista Impresa


Para muchas personas con trastornos mentales como depresión o ansiedad generalizada, el aislamiento preventivo obligatorio se puede convertir en una prueba mental y emocional en la que los pensamientos negativos y la incertidumbre por el futuro se incrementan.

ILUSTRACIÓN: Hecha por Susana Díaz Posada

Sergio Triviño, de 20 años de edad y estudiante de comunicación social de la Universidad Central, dice que la depresión, que le diagnosticaron hace un año, es como una pintura de Journey through the jungle of mind, del artista polaco Dawid Planeta.


Así la describe, como un lugar oscurecido por la niebla espesa que rodea a los personajes, donde hay seres con apariencia fantasmagórica que, casi siempre, tienen ojos brillantes que observan a una figura humana insignificante y pequeña, la acechan y la abruman.


“Para mí, la depresión es como una caja oscura sin salida. Hay días en los que me siento débil y cansado. A veces me falta el aire y me cuesta respirar. Mis músculos se entumecen y me es difícil moverme”, relata Sergio.


Cuando le diagnosticaron depresión moderada a mediados de junio del 2019, Sergio no se sorprendió por el dictamen. “Yo ya presentía que sufría de este trastorno porque los pensamientos negativos eran cada vez más frecuentes”, explica.


Sin embargo, hace dos meses, antes de la cuarentena, le dio un ataque de pánico, y el psiquiatra le dijo que también tenía ansiedad generalizada, un trastorno que, comúnmente, va de la mano no solo con la depresión, sino también con otros trastornos mentales.


Así como Sergio, Alice Rivillas, de 21 años de edad y estudiante de la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB), también tuvo un diagnóstico mixto hace dos años: un trastorno ansioso‑depresivo con ataques de pánico. “En un principio me aterró porque no sabía lo que era. Lloré mucho y por eso me dio un ataque”, recuerda Alice.


Para que un psiquiatra pueda saber si la persona sufre ansiedad o depresión, los sentimientos de tristeza, frustración, ira y angustia deben durar dos semanas o más e interferir con la cotidianidad de la persona. Según Ana Isaza, psiquiatra de la Universidad el Rosario, en los dos trastornos los síntomas deben ser permanentes para que se pueda dictaminar o no si la persona sufre de estas condiciones.

ILUSTRACIÓN: Hecha por Susana Díaz Posada

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La falta de apetito, la migraña episódica, la falta de sueño y la frecuencia de pensamientos negativos son algunos de los síntomas más comunes de la depresión y la ansiedad. Durante el confinamiento que se decretó desde el 25 de marzo de este año, los síntomas de algunas personas que conviven con estos trastornos se incrementaron y para algunos se hicieron más visibles.


Además, personas que desconocían tener alguna de estas condiciones evidenciaron, durante la cuarentena, que padecían algunos de los principales síntomas que terminaron por afectar su cotidianidad. De hecho, un estudio que realizó Profamilia a 3.549 personas, demostró que el 75 % de los encuestados, principalmente los jóvenes entre los 18 y 29 años, ha tenido algún problema de salud mental relacionado con el aislamiento preventivo obligatorio.


En el caso de Gabriel González, un reportero gráfico de 42 años al que le diagnosticaron depresión mayor severa, ansiedad y trastorno bipolar hace 13 años, los síntomas aumentaron considerablemente, a pesar de que antes del aislamiento su depresión estaba controlada.


“¡El encierro es macabro! El desocupe es buena y mala compañía porque tú puedes estar anímicamente bien, y de un momento a otro, todo se va para el culo. Escuchar tantas noticias es desalentador”, dice. Para él, “el confinamiento mental”, el hecho de estar pensando todo el tiempo en el futuro y la incertidumbre de lo que va a suceder, se convierten en un problema físico. Al no poder dormir bien, se siente agotado, sus músculos están tensionados y el dolor causado por la migraña es cada vez más intenso.


¿Cómo es su cotidianidad? —le pregunto a González.


Siempre he sido una persona muy solitaria, emocionalmente hablando, pero con libertad. Salía a caminar, me sentaba en una banca de algún parque y observaba a las personas. Durante el aislamiento me ha tocado estar encerrado en cuatro paredes y salir solo para lo necesario. ¡La cuarentena es dura!


Francy Martínez, community manager de la banda colombiana Apolo 7, concuerda con González. No salir durante dos meses fue difícil. Antes manejaba la depresión saliendo mucho y evitando estar en su casa, pero ahora que no tiene la posibilidad de salir, sus rutinas se han transformado completamente. “Me ha tocado acostumbrarme y buscar formas de canalizar mis pensamientos. En mi caso, escuchar transmisiones de conciertos viejos ayuda”.


Sin embargo, el estar encerrados no ha sido un aspecto negativo para todos. Para Alice Rivillas, por el contrario, el confinamiento fue un respiro de la ansiedad. A ella lo que más le incrementa los síntomas de este trastorno es estar rodeada de gente y, por lo tanto, el aislamiento la ayudó a relajarse.

ILUSTRACIÓN: Hecha por Susana Díaz Posada

El cansancio físico disminuyó, tuvo más ganas de hacer actividades para motivarse, se pudo mantener ocupada para no preocuparse y evitar los pensamientos autodestructivos. “En esta cuarentena he aprendido cosas que son lejanas a lo que haría en mi vida normal y eso me anima. Aprendí a tallar monedas, comencé a seguir en rutinas de belleza, algo que usualmente no hago, retomé las manualidades y también hago cosplay. Yo confecciono la ropa y me maquillo”, cuenta Alice.