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[Revista impresa] Pedaleando a Colombia


Cada colombiano vive el ciclismo de una forma distinta. Están los aficionados, los comentaristas, los profesionales, los retirados, los arrepentidos y las mujeres que se abren paso en este deporte. Pero cada quien lo siente con pasión, ya sea subido en una bicicleta o viendo los triunfos de sus ídolos.

FOTO: Milena Salcedo portando la camiseta de líder del Tour Colombia Femenino 2019. Tomada por: Anderson Bonilla.

Un pelotón de ciclistas corre a toda velocidad en una calle de Zipaquirá, Cundinamarca. El silencio absoluto y el ritmo incesante que guardan desde hace un par de horas, se ve interrumpido por la ovación de cientos de personas que los reciben. El gentío sopla sus cornetas y agita sus banderas tricolores con emoción, mientras sienten sobre sus rostros un ventarrón producido por la rapidez de los corredores que se dirigen a la meta. Entre los gritos y el llanto de los espectadores se escucha a un hombre gritar: “¡Arriba, escarabajos!”.

Cerca al grupo de pedalistas, se detiene una moto BMW 1200. De ella desciende rápidamente un hombre mayor, vestido con pantalón de cuero y una enorme chaqueta roja, al que apenas se le puede ver la cara, pues porta un casco gigante. El narrador deportivo motorizado empieza a hablar afanado frente a un micrófono: “Mi estimado Luis Enrique, le envío un abrazo desde Zipaquirá, en el departamento de Cundinamarca. Este Tour Colombia 2.1 está impresionante. Yo soy Silvio Tibaduiza, les deseo un rato muy agradable”.

Silvio Tibaduiza trabaja para la Cadena Radial Boyacense (CRB) haciendo Megaradio Motocicleta Eléctrica, una modalidad de transmisión radial en el ciclismo que informa lo que pasa en el lote de pedalistas de manera inmediata. El periodista va sentado sobre una moto que va a cerca de 40 km/h mientras transmite todo el recorrido de la etapa. La voz de Silvio entra por el micrófono y, a través de un aparato que lleva colgado al cuello, su señal sale directamente a la emisora. “Muchos piensan ‘¡Qué miedo!’, pero me gusta el ciclismo y si me pagan por eso, pues lo hago”, afirma el locutor.

"En 1951 se realizó la primera Vuelta a Colombia".

Como muchos los colombianos, durante décadas Silvio escuchó de los triunfos de Cochise, Lucho Herrera, Fabio Parra y muchos otros de los llamados “escarabajos”. Estudió periodismo en la Universidad de la Sabana y cuando se graduó empezó a trabajar en Radio Duitama “La campeona de la sintonía”, donde ponía música y daba la hora. Fue allí, mientras escuchaba las transmisiones ciclísticas de los fines de semana, cuando empezó a enamorarse del ciclismo.

FOTO: Pelotón de ciclistas en las calles de Zipaquirá, Cundinamarca, en el marco del Tour Colombia 2.1.

Y así como Silvio, millares encontraron en este deporte una pasión que comenzó desde 1951, cuando se celebró la primera Vuelta a Colombia. Desde entonces, cada año se ha convertido en un plan familiar salir a las calles y carreteras del país a mirar pasar a los pedalistas. El mal estado de las vías de la época obligó a los corredores a pasar trochas embarradas y ríos enteros con las bicicletas cargadas al hombro.

Este escenario les tocó a Efraín ‘el Zipa’ Forero, a Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez y a muchos otros que vieron avanzar la infraestructura del país mientras corrían en su bicicleta. “El ciclismo en mi época fue muy duro, muy aguerrido y muy difícil. Las carreteras eran destapadas y las bicicletas eran muy pesadas. Nos tocaba levantarlas y pasarlas por los charcales”, señala Cochise, el primer ciclista colombiano en correr en Europa.

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Al centro de convenciones de un hotel en Paipa, Boyacá, llega un hombre ya encorvado por la edad, alto y calvo, con un uniforme azul repleto de escarapelas de una empresa de giros y pagos. Varios periodistas se acercan y le piden entrevistas, mientras otros intentan tomarse una foto junto a él. Cochise viene al congreso técnico del Tour Colombia 2.1 como representante del equipo de una marca de giros. Desde que se retiró, no ha podido dejar el ciclismo y se dedica a apoyar a nuevos pedalistas.

Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez se dio cuenta de que le gustaba el ciclismo cuando trabajaba en una farmacia de Medellín como mensajero. Corrió su primera vuelta en 1961, de Pereira a Cali. Recuerda que no logró buenos resultados porque le dio un calambre, tenía una bicicleta muy rudimentaria y no pudo clasificar. Por eso ahorró el salario que recibía en la farmacia y pidió un préstamo, con el que logró comprar una más sofisticada. “Era de las famosas bicicletas Monar cachona. Eran para turismo y no tenían cambios. Con ella empecé a ganar cada ocho días y fui haciéndome conocer”, explica Cochise.

En la primera Vuelta a Colombia que corrió, quedó de sexto; perdió la segunda por ocho segundos contra Roberto ‘Pajarito’ Buitrago, un corredor boyacense, y logró ganar la tercera. Desde entonces, Cochise ama la bicicleta y la considera su novia. Ganó dos etapas del Giro de Italia, cuatro veces la Vuelta a Colombia y, en 1973, el Trofeo Baracchi. Esta última es la carrera más bella que recuerda porque la ganó junto con su gran amigo, el italiano Felice Gimondi. “Fue un triunfo muy importante para mí y también para la firma que me estaba patrocinando, que era Bianchi-Campagnolo”, recuerda el pedalista paisa.

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Silvio entrevista acelerado al “gran Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez, el deportista del siglo”, que acaba de llegar. Tiene una llamada de la Cadena Radial Boyacense en vivo para que informe lo que está ocurriendo en el congreso técnico. Mientras envía la transmisión, el exciclista santandereano Abelardo Rondón Vásquez le grita: “¿Cómo es? ¿Apague la luz y qué?”, refiriéndose a la cuña radial del patrocinador de la Megaradio Motocicleta Eléctrica, por la que lo recuerdan.

A Silvio lo conoce todo el mundo: ciclistas, colegas y funcionarios públicos. Cada vez que se encuentra a un conocido le piden que repita la pauta publicitaria que se sabe de memoria. “Entonces el locutor dice: ‘Nos vamos con la Megaradio Motocicleta Eléctrica de Silvio Tibaduiza, al aireee’, y entonces entro yo: ‘Prenda, prenda… prenda, prenda…, prenda su mente, apague la luz, ahorre energía, gane dinero, desenchufe los electrodomésticos para que el recibo le llegue barato y no les eche la culpa a los empleados de la empresa de energía de Boyacá’”, relata.

La primera vez que Silvio se subió a la moto para locutar fue en la Vuelta a Colombia de 1992, en la que ganó el ciclista boyacense Fabio Parra. Desde entonces ha dado más de una vuelta junto a los ciclistas por Colombia, España, Francia e Italia. Según él, de tanto viajar, hasta ha tomado la costumbre de saludar a todo el mundo en francés.

—Bonjour, Monsieur —saluda a los que se encuentra.

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FOTO: Lucho Herrera en su casa en Fusagasugá, Cundinamarca.

Colombia se ha visto representada a través del ciclismo. En este deporte también descansan la geografía, la cultura, la política y el conflicto de una nación. La mayoría de los escarabajos vienen de poblaciones rurales y muchos empezaron usando la bicicleta por necesidad. La usaban para desplazarse a sus escuelas, como Lucho Herrera o Nairo Quintana, o para cargar productos agrícolas de una vereda a otra. La cadena de la bicicleta colombiana está engrasada con panela y café, mientras sus pedalistas cargan leche, pan y orquídeas.

En los años ochenta, el joven Luis Alberto Herrera Herrera cultivaba orquídeas en el pequeño jardín de una finca en Fusagasuga, Cundinamarca. Todas las mañanas se despedía de sus padres y de sus cuatro hermanos, y salía con su bicicleta a vender las flores. Usaba el dinero que recogía para ayudar en su casa y comprar un tiquete que lo llevara hasta Bogotá para participar en una carrera departamental.

Hoy, Lucho Herrera les cuenta esta historia a sus cuatro hijos, mientras descansa en su casa en un condominio de Fusagasugá. Aprendió a montar en bicicleta a los cinco años, cuando Rafael, su hermano mayor, renunció al sueño de convertirse en ciclista profesional por falta de patriocinio y le regaló el velocipedo para desplazarse al colegio y a hacer sus trabajos de jardinería. “Me la dieron como medio de transporte y yo la use para competir. Así empecé a aficionarme por la bicicleta”, recuerda el campeón de la Vuelta a España en 1987.

Lucho salía a entrenar todos los días a las 5:00 a.m. desde la finca de sus padres en Fusagasugá hasta La Aguadita, una vereda cercana. Se fue abriendo puertas en el mundo del ciclismo corriendo clásicas departamentales. Después tuvo la oportunidad de correr en la Vuelta de la Juventud, donde empezó a darse a conocer y a ganar patrocinios. Recuerda que el comentarista colombo-argentino Julio Arrastía Bricca fue el que lo ayudó a entrar a un equipo en Pereira y depués de eso se “encarriló” en el deporte.

Su primer triunfo fue en el Clásico RCN de 1984, ese mismo año también ganó la Vuelta a Colombia. Gracias a esa victoria logró competir en el Tour de Francia, y el 16 de julio ganó la etapa del Alpe d’Huez. “Fue una sorpresa, una novedad para todos ganar allí. Era un muchacho muy flaco y callado”, dice. Esa fue la primera vez que un colombiano y, además, un ciclista amateur, ganaba una etapa en el Tour de Francia.

Sin embargo, la mayor alegría que recuerda fue haber ganado la Vuelta a España en 1987 y sabe que para los colombianos representó una satisfacción inmensa. Alcanzó la victoria con el equipo Café de Colombia, del que hacían parte Fabio Parra, Alfonso Flórez, Rafael Acevedo, Germán Loaiza, Abelardo Rondón y otros 22 ciclistas que empezaron a ganar etapas de montaña durante 1985 y 1990. “Fue un buen equipo y dejé buenas amistades. Me acuerdo de que a la hora del desayuno nadie hablaba, era un silencio como de suspenso. Pero por la tarde, cuando ya había terminado la etapa, todos nos reíamos, hablábamos y tomábamos tinto”, recuerda Lucho.

Café de Colombia fue un equipo de ciclistas colombianos patrocinados por la Federación Nacional de Cafeteros y Varta, empresa alemana de pilas. El periodista británico Matt Rendell señala en el libro Reyes de las montañas, que la creación del equipo fue la culminación de una estrategia promocional para comercializar el café colombiano en el exterior.

FOTO: Milena Salcedo.

Así mismo, para Lucho fue una oportunidad de dar a conocer el país en el resto del mundo y de tener un equipo en Europa conformado solo por colombianos, algo que no se ha repetido. “Con orgullo pudimos llevar el nombre del café de Colombia y pasearlo por todas las carreteras de Europa. Fue muy bueno para el país, porque se dio a conocer un producto que es de todos: el café”, asegura.

En la etapa 14 del Tour de Francia de 1985, Lucho iba escapado y todo el país seguía la transmisión de ‘Rubencho’ Arcila en Colmundo Radio. De un momento a otro, Lucho Herrera apareció con el rostro lleno de sangre sobre la bicicleta. “En el centro de la vía había una mancha de brea y por miedo a caerme, me corrí para la orilla.

"Colombia ha ganado dos Vueltas a España: Lucho Herrera en 1987 y Nairo Quintana en 2016".

Alcance a pisar el borde de la carretera y en la curva me caí. La bicicleta salió hacia arriba y se me fue ocho metros adelante. Yo creo que me demoré más en caerme que en levantarme otra vez y coger la bicicleta”, recuerda el Jardinerito de Fusagasugá, como lo conocieron después de que dijera en una entrevista que cultivaba flores ornamentales.

Ese día fue uno de los días más bellos en la historia del ciclismo colombiano. Lucho pasó la meta ensangrentado y, así como lo canta Jorge Veloza, triunfó sobre su caballito de acero. Para el pedalista lo más bonito del ciclismo era cuando estaba de líder y veía a toda la afición en la meta aplaudiendo y saltando. Aún monta en bicicleta, sale los domingos junto a su hermano Rafael y, como cuando tenía 17 años, va hasta La Aguadita y allí toma tinto con arepa. “Yo hoy en día monto y no voy rápido. Como dicen los españoles, voy a mi aire. Disfruto mucho los paisajes, mirar las vacas, parar y respirar”.

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Mientras Egan Bernal, Fabio Duarte y Sergio Higuita cruzan la línea de meta del Tour Colombia 2.1, Milena Salcedo Zambrano recuerda el día que, junto a otras cien pedalistas, decidió no correr. En la Vuelta a Anapoima, luego de que las ciclistas corrieran durante cuatro horas y mientras esperaban el momento de la premiación, se acercó el organizador del evento y les dijo que no podían subir al podio porque habían tenido un problema con las camisetas y, además, no podían pagarles porque se había acabado el dinero de la etapa.

Las ciclistas se pararon frente a la línea de salida y no pedalearon hasta que les aseguraron que les iban a pagar la carrera. “Nos tienen que pagar, nosotras vinimos a correr y los premios tienen que estar. Nosotras corremos igual que los manes. Así como ellos compitieron, se dieron candela y llegaron muertos, nosotras también lo hicimos”, recuerda que le dijeron al organizador del evento.

El camino al ciclismo profesional

Milena siempre ha sido deportista, pero no le apostaba tanto al ciclismo, solo montaba en bicicleta para complementar el entrenamiento de patinaje, deporte que practicaba desde niña. Su sueño era clasificar a la Selección Colombia de Patinaje y creció admirando a Cecilia ‘Chechi’ Baena, pero nunca lo logró, y eso la llevó a colgar los patines. Cuando se retiró, el entrenador de ciclismo Luis Fernando Saldarriaga la invitó a entrenar y a ella le encantó. Con 20 años entró a un equipo de Boyacá para correr en los Juegos Deportivos Nacionales y desde entonces ha ganado varias medallas de oro y ha ganado etapas en la Vuelta a Colombia Femenina.

Su padre no quería que se dedicara al ciclismo. Le decía que era un deporte muy duro y muy machista. Sin embargo, fue él quien le regaló su primera bicicleta. “Mi papá había corrido profesionalmente y por eso tenía una bicicleta superviejita, italiana y de aluminio, a la que le tenía mucho cariño. Y sin decirme nada, la mandó a pintar, la arreglo y me la regaló. Esa fue la primera bici que tuve. Era muy bonita”, recuerda Milena.

Durante su carrera como profesional, Milena ha tenido que renunciar al ciclismo algunas veces. Pero fue en el 2012 cuando vivió una de las pruebas más duras, pues cuando iba a competir en los Juegos Olímpicos de Londres sufrió una trombosis y todo el lado izquierdo de su cuerpo quedó paralizado. Los médicos le dieron un año para recuperar toda la movilidad, pues de no hacerlo, quedaría así de por vida. En unos meses, el amor a la bicicleta y las terapias la levantaron de la cama. “Básicamente, la bici fue la que me salvó, las ganas que yo tenía de montar. Ella me sacó de ese momento tan duro”, asegura Milena.

Siempre se ha dedicado al ciclismo de pista y ha hecho ruta “por los laditos”, pues la Federación Colombiana de Ciclismo no cuenta con suficientes carreras de ruta femeninas. En el calendario nacional de carreras los hombres corren por lo menos diez. Las clásicas —Soacha, Cundinamarca y Boyacá, entre otras— y las tres más importantes: la Vuelta a Colombia, el Tour Colombia 2.1 y el Clásico RCN. Las mujeres solo participan en la Vuelta a Colombia. Este escenario se repite en todo el mundo. La Course, que es el Tour de Francia femenino, solo tiene dos etapas, mientras que los hombres corren 21.

Para Milena, las mujeres siguen haciendo ciclismo de ruta porque les gusta, no porque sea dignificante o económicamente viable. “Yo tengo la fortuna de hacer pista y ruta. Si no me salen carreras de ruta, puedo correr la pista. Pero hay muchas chicas que no pueden y duran entrenando todo un año para que les terminen moviendo las fechas o cancelando las carreras”, manifiesta la ciclista bogotana.

Milena sueña con cambiar la situación del ciclismo femenino. Se dedica a aconsejar y guiar a las pedalistas que vienen detrás de ella. “Hay que empezar a empoderar a las chicas para que cada vez vayan creciendo mucho más y no sigan comiendo calladas”, enfatiza.

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En el podio del Tour Colombia 2.1 aparece Rigoberto Urán junto al resto del equipo de Education First. Cientos de personas frente al escenario gritan y aplauden mientras Rigoberto los saluda: “¿Cómo van, maricas?”. El ramo de flores que acaban de recibir por la contrarreloj de Tunja sale volando de las manos del ciclista antioqueño y, entre la multitud, un grupo de personas luchan por quedarse con el recuerdo. Al final, una mujer abraza alegre el ramo despedazado, como si estuviera abrazando al mismo Rigoberto Urán.

FOTO: Lago Sochagota.

Silvio narra la gloria y la épica del ciclismo colombiano, mientras asegura que este es como las matemáticas, pues cada pedalazo es calculado con detenimiento por los ciclistas y entrenadores que siguen las órdenes de la Unión Ciclista Internacional (UCI). “Las bicicletas de esta carrera no pueden pesar menos de 6 kilos y 800 gramos y no pueden tener una anchura superior a los 50 cm. La rueda delantera y la rueda trasera tienen que ser igual de grandes, mínimo 680 milímetros, y la bicicleta no puede tener más de 1,85 cm de larga”, asegura. Mientras transmite para la Cadena Radial Boyacense, termina con la frase: “Lo mejor que ha creado Dios son las mujeres y las bicicletas. Yo soy Silvio Tibaduiza, les deseo una buena tarde”.

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