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[Revista impresa] Turismo en cuarentena

Por: Diego Stacey // Revista impresa


La pandemia ha tenido un impacto negativo en numerosos sectores económicos, en especial el turístico. Los hostales han sido uno de los negocios más afectados por las medidas de aislamiento y es también uno de los que menos esperanzas tiene de una apertura cercana.

Álvaro Castillo, socio y copropietario de Closer Hostel

A inicios de año llegó a estar en el top 5 de hostales con mayor número de reservas en Bogotá. Pero ahora, en junio, inicio de la temporada de verano y de vacaciones en muchos países, se encuentra cerrado y vacío.


Álvaro Jiménez, socio y copropietario del negocio, está a la espera de lo que pase, nacional e internacionalmente, en los siguientes meses. Con la crisis turística que ha causado la pandemia va a ser muy complicado que este sector genere ingresos para finales de este año. En vez de celebrar el que sería el primer aniversario de vida de su hostal, Álvaro se puso diciembre como la fecha límite para empezar a ganar algo de dinero antes de cerrar definitivamente.


El 2020, tal como lo esperaba Álvaro, se proyectaba como un año positivo para el sector del turismo. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo afirmó en enero que el aporte de esta actividad para el producto interno bruto (PIB) alcanzaría los 37 billones de pesos. En los últimos diez años, este sector mantuvo un crecimiento anual de 3,5 % en promedio, superando en varias ocasiones al crecimiento medio de la economía colombiana.


A tres cuadras del hostal de Álvaro, se encuentra Aurora Hostel, que está corriendo peor suerte que su vecino. Luis Alvear, su gerente, y los accionistas tomaron la decisión de cerrar definitivamente el modelo de hostal que llevaban. Cuando el virus aún parecía lejano, hicieron mantenimiento en las instalaciones, por lo cual hoy han perdido más dinero.


La única alternativa que encontraron fue rentar habitaciones privadas hasta que se acabe su contrato de arrendamiento en septiembre. Este contrato es lo único que les impide cerrar inmediatamente. Al no llegar a ningún acuerdo con el arrendador, Luis y los otros dos accionistas deben seguir pagando 6 millones de pesos mensuales por otros cuatro meses.


En el caso específico del turismo, perdieron todos: tanto los negocios pequeños como los grandes empresarios. Una de las cadenas de hostales más grandes del país está en un limbo económico que podría llegar a ser jurídico. Andrés Henao, director de República Hostels, afirma que la cadena está “totalmente ilíquida”.



De los cinco hostales que tienen en Colombia (Bogotá, Cartagena, San Andrés, Santa Marta y Palomino), aspiran salvar al menos dos. El beneficio que tienen en el hostal, por ejemplo, de Cartagena, es que el dueño de la casa es socio. En los otros hostales, como en Santa Marta y San Andrés, tenían arriendos a largo plazo de diez años con contratos que superan cifras de 1.000 millones de pesos.


Dependemos mucho de las negociaciones a las que lleguemos con los arrendadores —manifiesta Andrés con resignación.


Inicialmente, los arrendadores les dieron buenos descuentos en abril y en mayo, que llegaron hasta el 90 % de lo que pagaban mensualmente. Pero para junio, la gran mayoría no aceptó la propuesta que tenía la cadena, que era la de un alquiler variable. Casi todos han dicho que no, por lo que la única opción que les queda es cerrar definitivamente y entregar las propiedades, aunque eso los involucre en un lío judicial por incumplimiento de contrato y tengan que pagar después altas penalidades.


Fachada de Closer Hostel

En esta crisis hay una tensión fuerte tremenda entre los arrendadores y los arrendatarios. Muchos de los primeros viven de la renta de sus propiedades, mientras que los segundos se quedaron sin ingresos y el pago del alquiler se convirtió en uno de los principales motivos de la crisis en la que se encuentran. Por ejemplo, el arrendador de Aurora Hostel no les bajó ni un peso a la mensualidad que ya pagaban Luis y sus socios, por lo que ahora se ven enfrentados a la posibilidad del cierre de su negocio.


Sin embargo, hay otros hostales que, al menos, no tienen que sufrir para pagar el arriendo o endeudarse después. Ese es el caso de Tinto Hostel, propiedad de Javier Castillo, que además también administra y maneja el lugar. Javier invirtió todos sus ahorros en el hostal y con su trabajo pudo comprar la propiedad en Barichara, donde se ubica su negocio. No obstante, como todos, también está cerrado y sin huéspedes.

Crisis en el turismo colombiano

Para él, la “reinvención” que están llevando a cabo muchas empresas, entre ellas algunos hostales, no la puede hacer, por lo menos, hasta que termine la cuarentena. Al no ser restaurante, no puede hacer domicilios y afirma que no se pueden reinventar porque “un hostal no se puede prestar por la Internet”.


Este hostal de Barichara no es muy grande. Solo laboran otras dos personas junto a Javier, quienes, como muchos trabajadores del sector, se quedaron sin empleo. Son solo dos de los 50 millones de personas en el mundo que están en riesgo de perder sus puestos en el sector de manera indefinida, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo. A estas personas podemos sumar, por ejemplo, los 56 colaboradores en los hostales de la cadena República, a quienes les fue suspendido el contrato en abril después de que la empresa no tuviera dinero para pagar más nómina.


Una de las pocas que han podido mantener el contrato de sus trabajadores es la cadena de Masaya Hostels. De todos sus empleados, hay algunos que renunciaron de común acuerdo, otros que tienen vacaciones adelantadas y otros a los que se les redujo el sueldo también tras un pacto previo. ¿Cuál es su ventaja? Que así como sucede con el hostal de Javier, los cuatro hostales de la cadena (Bogotá, Santa Marta, San Agustín y Minca) son propios. Sin contar el que tienen en Quito, Ecuador, y el próximo que estaba a punto de inaugurarse en Medellín.


Guillaume Janet —director de marketing de la cadena Masaya Hostels—, no es tan optimista sobre la apertura del sector en el país. Considera que el regreso a lo que sería la “normalidad” no llegará sino hasta el 2022. Según él, la poca actividad se mantendrá hasta finales de este año, y el 2021 se enfocará especialmente en el turismo nacional. La mayoría de los hostales concuerdan con esto.


El turismo interno será la estrategia de la mayoría para lo que queda de este año y del próximo, ya que las probabilidades apuntan a que los turistas extranjeros serán muy pocos hasta que tengan mayor confianza de viajar. Sitios como República Hostels y Tinto Hostel, también le apuntarán a este nuevo mercado.


El concepto de Masaya era promover una experiencia local a nuestro público internacional —cuenta Guillaume—. Esto es algo que tenemos que modificar en lo que estamos trabajando; cambiar el formato de las experiencias que ofrecemos dentro y fuera del hostal, adaptadas a un público local.


Masaya es parte de los más de 60 hostales agremiados en la asociación sin ánimo de lucro Colombian Hostels. Esta sociedad ha servido como una red interconectada entre hostales que funciona para muchos propósitos, en especial para la cooperación interna.


Paola Bohórquez es la directora ejecutiva y vocera del gremio que ahora está pasando uno de sus momentos más difíciles. Como todos, tiene una gran incertidumbre de cuándo se dará una reapertura del sector turístico, pero desde ya está pensando en el futuro del gremio.


Javier Castillo, dueño de Tinto Hostel

De hecho, parte de la apuesta que está llevando a cabo es la promoción, que favorecerá a un sector que ha ayudado durante la pandemia: el personal médico. La iniciativa consiste en darles hospedaje gratuito por dos noches en el 2021, en cualquiera de los más de 60 hostales de la asociación, a las personas que hayan atendido la contingencia de la Covid-19.


Esta no es la única ayuda que proporcionan los hostales. En el caso específico de Masaya, la cadena y sus trabajadores se aliaron con una fundación en San Agustín para aliviar la crisis que están pasando las comunidades vulnerables que solo viven del turismo. Recaudaron fondos y distribuyeron 150 mercados a personas que lo necesitaban. En Minca también se ha hecho una campaña de crowdfunding dirigida por Siembra Boutique Hostel para respaldar con alimento y medicinas a cerca de 800 personas que dependen únicamente del turismo en la zona.


Los hostales esperan que la solidaridad sea recíproca para que, gracias a la cooperación mutua, el impacto negativo en el sector se reduzca lo que más se pueda. Desde este momento, las personas pueden reservar viajes por adelantado y, cuando sea posible, podrán redimir su compra.


Estas compras servirían a los hostales como flujo de caja para poder pagar las rentas y las nóminas que aún se mantienen. Los negocios que se unieron a esta iniciativa están ofreciendo muy buenos descuentos para que sea más atractivo planear un viaje a pesar de la incertidumbre.


Tinto Hostel vacío

Otra alternativa por la que han optado algunos hostales es ponerse a disposición de las instituciones de salud para servir como espacios de mitigación del virus. Por ejemplo, Aurora Hostel se puso a la orden del Ministerio de Salud para servir como lugar en el que se asistan a enfermos en condiciones de baja gravedad y eviten el contagio de la Covid-19. No obstante, nada se concretó. Lo mismo pasó con la cadena de República Hostels, que no obtuvieron respuesta de la Secretaría de Salud de Bogotá para recibir a personal médico.


El 2019 batió récord en número de visitantes extranjeros en Colombia: más de 4.500.000. Para este año, se esperaba superar los 5 millones. A pesar de los protocolos que han presentado organizaciones internacionales, como el Consejo Mundial de Viajes y Turismo, o nacionales, como Procolombia, para que esta actividad económica vuelva a repuntar, falta mucho más tiempo.


La preocupación de Javier Castillo es muy aterrizada. Si todo va bien y se reactiva el sector turístico, no quiere decir que la gente viaje de inmediato. Especialmente por el miedo, cree Javier. Miedo de las personas a la posibilidad de perder su trabajo por un viaje y poner en pausa su vida laboral, algo que, tras esta crisis, no es la opción más viable.


El dueño de Tinto Hostel continúa con su desasosiego haciendo conjeturas y afirmando que existe el riesgo de que la delincuencia aumente porque mucha gente ha perdido su trabajo. Si estas deducciones terminan siendo ciertas, la calidad de Colombia como destino turístico se reducirá y la confianza que tanto tardaron los viajeros en ganar en un país como el nuestro puede desaparecer.

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