El regreso de la moda cachaca. Bogotá vuelve a usar sombrero.

Una sombrerera reinterpreta el clásico sombrero bogotano, usando técnicas artesanales para diseñar piezas únicas de moda.

 

Clara Inés // Imagen tomada por Alejandra Bernal 

 

 

Los ojos arrugados de Clara Inés brillan tras sus gafas enormes. Tiene una mirada liviana, transparente. Cambian de tamaño según el gesto que haga para contar sus historias, porque como buena paisa, es muy expresiva. Se ríe dulcemente al contarme que el hecho de que estemos acá, entre sombreros de todos los colores y formas imaginables, es producto del azar.

 

Lo que ahora es El Taller de La Sombrerera comenzó con un matrimonio. La hija de Clara decidió casarse en una ceremonia sencilla de día, así que ella empezó a buscar el sombrero perfecto para la ocasión. Desde pequeña, cuando veía los sombreros de moda de la época que usaba su madre, se convirtieron en una de sus prendas favoritas; así que emprendió una búsqueda que a la larga no daría frutos: ninguno de los que vio le gustó. Entonces, hábil como es para las creaciones manuales, decidió que ella misma haría el sombrero de sus sueños.

 

Consiguió los materiales y empezó a hacer su sombrero, casi improvisando, hasta que quedó satisfecha. Luego pensó que debía hacer unos para sus sobrinas, que irían a la fiesta. Después su hermana le reclamó: ¿Cómo así que no había sombrero para ella también? Al final, todas las asistentes llevaban en sus cabezas la primera colección de El Taller de la Sombrerera.

 

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Hasta la década de los 50 el sombrero era de uso diario obligatorio en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali. Los cachacos distinguidos caminaban por las calles con su paraguas y un sombrero que probablemente sería marca Barbisio, y que cambiaba de tamaño, estilo y color según los caprichos de la moda.

 

Con los años cambiaron las tendencias, esta prenda fue perdiendo protagonismo y los almacenes de La Calle del Sombrero, que aún existe a unas cuadras de la Plaza de Bolívar, fueron quedándose cada vez más solos. Sin embargo, en años recientes ciertos círculos de moda reivindicaron los accesorios para la cabeza, y empezaron a volver los turbantes, sombreros y tocados. Los bogotanos, siempre expuestos a los inclementes cambios del clima, con seguridad lo agradecieron.

 

Hoy en día, los sombreros son accesorios que aportan distinción al estilo de quien los lleva. Si bien son más comunes en tierra caliente o la playa, un sombrero de material adecuado para clima frío puede complementar un look y hacerlo más original. No cualquiera puede llevar un sombrero, y mucho menos uno con tanta personalidad como los que hace Clara en su taller.

 

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Las manos blanquísimas de la Sombrerera pegan con habilidad y cuidado cada pluma y cada pompón que adorna sus piezas. Las campanas de fieltro toman forma con ayuda de moldes de madera, gomas, vapor, y planchas. Luego van las cintas, que pueden ser trenzas de cuero, listones de tul, taches, cualquiera de los materiales que inundan el atelier. Cada modelo es único, y aunque Clara siguió haciendo sombreros por puro hobby, pone en ellos toda su atención.

 

El mismo amor y perfeccionismo que pone en la fabricación, decoración y empaque de sus sombreros es el que se puede encontrar en su trabajo oficial, que es el food styling, y en los brunches semanales que prepara con su familia, y que por su sabor y cantidad parecen algo de otro mundo.

 

Sus hijos, Ana María y Juan José, la visitan frecuentemente e incluso ayudan en la venta de sombreros cada vez que hay ferias de diseño independiente. En ellas Clara responde pacientemente las preguntas que los potenciales compradores le hacen mientras se prueban un modelo tras otro. También toma pedidos y cambia medidas según sea necesario: ¡Quién iba a imaginarse la diversidad de tamaños de cabezas que hay! Aunque su timidez la haga hablar de manera demasiado directa, casi agresiva, los clientes siempre salen encantados, y si son atrevidos, con una de las piezas de Taller Sombrerera entre una bolsa de papel.

 

Sus exclusivos diseños también están a la venta en La Percha, una galería y tienda de moda situada en Quinta Camacho, y que ha ayudado a redefinir el panorama local de la moda con marcas responsables y actuales.

 

Aquí queda La Percha:

 

 

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Dos gatas retozan en el gran sillón azul que momentos antes ocupaba el cuerpo regordete y pequeño de Clara, y en el que sin embargo caben una creatividad sin límites y un espíritu apacible. Podría parecer una ancianita cualquiera para aquellos que no saben de su gusto impecable y sus manos que engendran la maravilla. La rodean boinas, tocados de malla, bombines, clochés y fedoras. Aunque la sombrerera prefiera para sí misma piezas extravagantes que podría usar la realeza de Inglaterra, aquí hay para todos los gustos.


Si quiere conocer las creaciones de El Taller de La Sombrerera puede encontrarla en Instagram como @TallerSombrerera o en La Percha.

 

¿Le encantan los sombreros pero tiene idea de cómo usarlos? Puede encontrar inspiración en este tablero de “looks”: 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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