La década del 60 fue la época en la que el mundo se dividía en dos y el hombre llegaba a la luna; fue el momento en el que los liberales y conservadores dejaban de pelearse por el poder y —en un acuerdo muy salomónico— se intercalaban la presidencia de Colombia cada cuatro años. La década del 60 fue la época en la que Bogotá era “Distrito Especial” y por sus calles rodaban los buses eléctricos ‘Troli’. Los 60 fueron el escenario en el que la Javeriana, universidad católica y de Jesuitas, detenía sus clases durante una semana para escoger a su reina.

 

Aquel certamen ocurría en la semana Javeriana, la semana en la que los estudiantes podían relajarse y olvidar las cuestiones políticas y sociales del país y del mundo. Eran cinco días en los que los alumnos se permitían desatender sus estudios, las clases en tablero de tiza, a los profesores cuchilla y a los exámenes difíciles, para atender a una temporada de fiesta al ritmo del fenómeno de los 60: los Beatles.

 

Durante esos días los jóvenes salían a la calle a disfrutar de los deportes, las competencias, la música y las fiestas. Y como era época de reinas, la diversión también se vivía haciéndole barra a las comparsas coloridas y llamativas desde las cuales las candidatas de las facultades saludaban al público en un desfile que llegaba a detener el tráfico de la carrera séptima y de la calle 72.

 

 Carruaje de la reina de Ingeniería//Foto cortesía del Archivo Histórico Javeriano

 

Unas semanas antes de que toda la fiesta comenzara, el ambiente en la universidad se tornaba más alegre y optimista. Los estudiantes de las distintas carreras se preocupaban porque su candidata obtuviera el título “Señorita Universidad Javeriana” y, en ese afán por la corona y el cetro, las diversas facultades establecían coaliciones entre ellas para que así, conjuntamente, tuvieran más posibilidades de ganar con una candidata única.

 

Entonces arquitectura se unía con sociología y trabajo social. La facultad de economía se jugaba el reinado junto con electrónica y educación. Los estudiantes  de arte y decoración, nutrición y dietética, odontología e ingeniería civil le apostaban a su candidata única para ganar. Los médicos, bacteriólogos y enfermeros, —los científicos de la universidad—, se aliaban entre ellos en busca del título. Y las aspiraciones eran tan grandes que  todo javeriano se dejaba llevar por la fiesta; hasta los filósofos, con tal de obtener la corona, se asociaban con los alumnos de periodismo, relaciones públicas, psicología, y relaciones industriales.

 

Incluso los edificios de la Javeriana vivían la celebración, pues los estudiantes llenaban sus paredes con papeles, carteles y afiches que disfrazaban de fiesta al Hospital San Ignacio, al edificio Central y a las residencias femeninas de la calle 45 con séptima. El boletín “Hoy en la Javeriana”, que en ese entonces era de apenas una hojita doblada en dos y escrito en máquina de escribir —y entre sus redactoras estaban Margarita Vidal y Margot Ricci, cuando eran estudiantes de la Escuela Superior de Periodismo y Radiodifusión—, describía el ambiente festivo diciendo: “Los estudiantes ya empezaron a manifestar su desbordante alegría, dando muestra, una vez más, de su espíritu jovial, emprendedor, activo y responsable. Por doquiera se escuchan los gritos y vivas a las candidatas, se entonan canciones, coplas y hasta resultan músicos improvisados, no faltando imaginación para los ‘Ra Ra Ra’ por Marta, por Cecilia, por Teresa, por Gloria, etc. etc.

 

El certamen se llamaba “Reinado del Deporte Javeriano” y solía comenzar con la primera aparición que hacían las candidatas en el parqueadero de la universidad.  Como en el Carnaval de Barranquilla, cada una de las aspirantes era seguida por varias personas detrás de su carroza. Allí iban los compañeros de coalición que habían puesto plata para la decoración de la carroza, o que habían prestado el carro para que se convirtiera durante una semana en un coche real. Allí iban las amigas de la candidata que se encargaban de que las reinas no se despeinaran ni desarreglaran. Allí iban también los compañeros que no habían colaborado en nada, pero que al son de la fiesta salían a recorrer a pie las calles de la ciudad.

 

El desfile comenzaba en el Parque Nacional y desde allí salía el carnaval que recorría la carrera séptima hacia el norte y luego bajaba por la avenida Chile. Durante ese día la avenida principal de Bogotá se convertía en el camino en el que las camionetas Ford 56 dejaban su solemne color blanco y negro para convertirse en auténticos letreros andantes. Los alumnos se subían al capó y  el techo de los carros y llenaban las puertas, las ruedas y las ventanas de dibujos y avisos coloridos que decían cosas como “Week end JAVERIANO” o “Ce hareglan radares por TV”.

 

 Los acompañantes, para no perderse la fiesta, se montaban en la parte delantera de los carros//Foto cortesía del Archivo Histórico Javeriano

 

Otras carrozas eran haladas por tractores y en el remolque se montaba la escenografía de la candidata. Algunas coaliciones optaban por decorar su carruaje con columnas al estilo griego y en la mitad ubicaban a la señorita como si fuera la reina de un Olimpo halado por un tractor. Otras facultades recurrían a una decoración más a la colombiana, y adornaban las carrozas con elementos típicos del país. Por ejemplo, la aspirante de la coalición de ingeniería estaba montada en un remolque con tres silletas enormes. La más grande de todas tenía escrito el nombre de la candidata: “Marta”. La silleta mediana le hacía honor a la carrera que estudiaba la señorita: ingeniería, y en medio de las flores se leía la letra π. La silleta más chiquita tenía una letra “J” que demostraba el espíritu javeriano de aquella estudiante que aspiraba a ser soberana.

 

Pero las labores de las estudiantes que soñaban con convertirse en reinas no eran solamente imbuirse en la parafernalia de las carrozas,  los vestidos y el peinado. Como el reinado giraba en torno al deporte javeriano, las candidatas se encargaban de asistir a los eventos deportivos, hacer el saque de honor en los partidos e inaugurar las más diversas competencias.

 

La agenda de las aspirantes durante esa semana era variada y ocupada. Debían darle siempre el primer golpe al balón futbol, voleibol o baloncesto con el que la Javeriana disputaría los partidos contra universidades como la Gran Colombia, la Nacional o el Externado. Además, las candidatas debían asistir a eventos tan dispares como la misa que el rector de la universidad ofrecía y las carreras de atletismo de 100 y 1500 metros planos. Los torneos de ajedrez y las competencias de lanzamiento de disco, de bala o de jabalina. Las entrevistas con embajadores de otros países como Uruguay, Brasil y Portugal, y las justas de salto alto o largo. También debían estar presentes en las carreras de carritos de madera y los concursos de karts o aeromodelismo; los conciertos de Jazz y las competencias 5 y 6 de encostalados; los concursos en patines y la marcha atlética por el Parque Nacional.

 

 Carruajes del Olimpo halados por tractores//Foto cortesía del Archivo Histórico Javeriano

 

Cada una de esas competencias otorgaba un puntaje que se le sumaba a la candidata de la facultad que hubiera salido victoriosa en el juego. Ese era el principal incentivo y realmente funcionaba bien. Los deportistas daban lo mejor de sí, y los asistentes de las señoritas se esforzaban para que su aspirante siempre resaltara sobre las demás. Así, en la semana Javeriana resultaba una “reñida competencia entre las distintas coaliciones por el triunfo de su reina; cada una desea la coronación de la suya y para ello se harán máximos esfuerzos, pero al final todos tendrán una sola soberana” como lo recordaba el Hoy en la Javeriana.

 

Los jesuitas no se quedaban atrás en la fiesta. Aunque nunca dejaban de lado su solemne sotana negra, sí salían a disfrutar en la universidad de los juegos, la música, y las actividades que cada coalición se inventaba para destacarse y congraciarse con las demás.  Por ejemplo, mientras las estudiantes de Dietética ofrecían pasabocas, y las alumnas de las facultades femeninas brindaban un chocolate santafereño, la coalición humanidades, derecho, periodismo, relaciones públicas, filosofía, sociología y relaciones industriales entregaba tinto gratis.

 

Así transcurrían los días de la semana Javeriana hasta que llegaba la noche del sábado. Ese día los hombres se ponían sus trajes más elegantes y las mujeres utilizaban sus vestidos de anchos cinturones. Mientras tanto, las candidatas de las colaciones se arreglaban de acuerdo a la moda de la época: peinado abombado, vestido largo y con enaguas, guantes que combinaran, tacones y maquillaje. Una vez todo estaba listo llegaba la hora de la coronación en un elegante evento que solía realizarse en el Club Militar.

 

Al finalizar la semana Javeriana de 1965, las distintas candidatas salieron al escenario y el público se quedó expectante, en silencio. Hacía pocos minutos que en la Rectoría de la Universidad se había realizado el conteo de puntos obtenidos por cada coalición, se habían escrutado todos los detalles de cada una de las candidatas y se había escogido a la nueva soberana. Ahora todos querían oír al maestro de ceremonia decir el nombre de la nueva “Señorita Universidad Javeriana” y el momento por fin llegó. Teresa Ivars, estudiante de tercer año de derecho, fue la nueva reina Javeriana.

 

 Coronación de la Señorita Javeriana en 1965//Foto cortesía del Archivo Histórico Javeriano

 

Pero no solo hubo condecoraciones para la señorita Ivars, quien remplazó a la anterior reina, Alba Lucía Cuesta.  También hubo distinciones esa noche para las demás señoritas. Por acuerdo en la rectoría se escogió como virreina a Martha Angulo, de tercer año de periodismo; y como princesa a Beatriz Botero, de relaciones industriales.

 

Durante el resto de la noche todo el ambiente era alegría al ritmo de la orquesta de Lucho Bermúdez y la música de los Beatles. En el baile de coronación los estudiantes disfrutaban de sus últimos momentos de fiesta antes de volver a los salones de clase.

 

“Los javerianos retornarán al estudio olvidando los “vivas”, los conjuntos intérpretes de alegres canciones,  los bailes, las comparsas preparadas con tanto entusiasmo, por los textos alusivos a las materias que trataran en sus respectivas carreras.” Así despidió Hoy en la Javeriana a la semana Javeriana del 65.

 

Esta historia se repitió en 1966 cuando el esperado título lo consiguió la señorita Stefanie Siefken, estudiante de primer año de periodismo y candidata por la coalición de humanidades. Así, la tradición del reinado se mantuvo en la Javeriana hasta 1968, porque en 1969 los decanos cancelaron la Semana Javeriana y no hubo espacio para las competencias de atletismo, las carreras de carritos, los juegos de 5 y 6 de encostalados, ni mucho menos para la reina Javeriana.

 

Para la década del 70 la semana Javeriana ya había vuelto a la universidad de los Jesuitas. Sin embargo, el reinado que tantas alegrías movió en los estudiantes de los 60 ya no existía para alegrar del mismo modo a los alumnos de la nueva década.

 

 El remate perfecto, bailar bien junticos al son de Los Beatles//Foto cortesía del Archivo Histórico Javeriano

 

 

 

 

 

 

 

 

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