Hace un año la administración distrital intervino la zona de El Bronx con la idea de volver a este lugar un fortín de la economía naranja y despejar el origen del crimen del centro de Bogotá. Hoy la situación es diferente. Delincuentes han migrado y el expendio de drogas y la prostitución han aumentado en los sectores cercanos a la“República Independiente del Crimen”.

 

 

Cuadra donde los sayayines hacen de las suyas/Foto tomada por: Alejandro Vargas

 

Son las 2:00 de la tarde del domingo 21 de mayo. Estamos ubicados entre la avenida Caracas y las calles 19 y 22, donde se encuentra uno de los expendios de droga más grande del país, así mismo se desarrolla la compra y venta de armas y la explotación de menores de edad. Ante los ojos de dos patrullas de la Policía vemos que se llevan a cabo todo tipo de actividades ilícitas, sin que estos agentes de la ley intervengan. En este lugar gobierna la ley del más fuerte o del “más abeja”, como dicen las prostitutas de Paisas Club.

 

Mireya, trabajadora sexual de este lugar nos cuenta cómo hace aproximadamente un mes, la plaga del ‘Bronx’ migró a las calles y casas del barrio Santa Fe: “Aparecieron unos hombres que se denominan paracos amenazando a buenos y a malos, diciendo ser autodefensas, y hasta montaron una oficina de cobro dentro de uno de los bares travestis más chimbas de la

zona”.

 

A las 3:00 de la tarde en la entrada del conjunto de apartamentos donde se realizan este tipo de actividades, alguien en la portería improvisada nos realiza un chequeo visual para decidir si puede dejarnos entrar. Entre los que tratamos de entrar, hay varios que parecen ser clientes de la casa, otros parquean sus lujosos carros y camionetas. El portero del lugar los atiende sin la necesidad de

que estos se bajen del carro.

 

El portero es un travesti.  Cuando nos requisa aumenta el flujo de clientes en la entrada. Gran parte de los que ingresan son travestis, los cuales apenas están cubiertos por una malla transparente. Varios tienen curvas y rostros de modelos de agencias importantes, pero sus voces muestran su verdadera identidad; al resto, las cicatrices ganadas en la calle los hace parecer violentos y peligrosos.

Le decimos al portero que venimos por 40 gramos de frunas (heroína de campo), por lo que nos pide los teléfonos celulares y procede a revisarnos y a pasarme las manos por mis testículos: “Sigue mi amor, tres pisos arriba encontrarás lo que buscas y otro más arriba te pillarás unos culitos bien ricos, por si quieres echarle un ojito y si quieres un poquito de lengüita”. En el edificio no se ve ningún tipo de cámaras. Con gran afán suben al último piso del edificio un grupo de 15 travestis como si estuvieran compitiendo para ganarse una lotería. Mireya nos comentó esa misma tarde que los trabajadores y trabajadoras sexuales de la zona quieren irse de allí como sea, porque viven con miedo de terminar alguna noche con una cuchillada en el rostro o en la

cárcel por defenderse.

 

 En estos edificios hay actividades ilegales de todo tipo desde consumo y distribución de estupefacientes hasta prostitución infantil/Foto tomada por: Alejandro Vargas

 

En la entrada de uno de los apartamentos del tercer piso se escuchan las voces varoniles de dos mujeres “no he bajado bandera, nena; tuve que gastarme lo de la pieza en un sanduchito porque llevo con dos vasos de agua desde las 7:00 de la mañana”, dice Luisa, una prostituta venezolana que lleva viviendo tres días en la capital colombiana, mientras se peina su cabello crespo de color rosado, bien pegado a su calvicie natural. Le compramos la frunas a Luisa por $37.000 y nos disponemos a salir de la terrorífica y triste residencia. El portero de 1.90 de estatura nos entrega nuestras pertenencias y nos dirigimos al asadero de pollos de la calle 22.

 

¿Cuánto por la revolcadita?

 

El asadero es visiblemente el “parchadero” de todos los individuos de la zona. Vicky, llamada así por los meseros del asadero, ordena medio pollo y una Cola y Pola, mientras le comenta al picador de pollo que tendrá que hacer lo que sea para poder tener en sus bolsillos los $6.000 pesos que le costó ese combo de comida, ya que según ella “los clientes son en muchos casos solo miradores y en otros tacaños”.

 

Según Mireya, la tarifa del servicio de las prostitutas oscila entre los $18.000 por servicio, sin importar que la persona que solicite el valor sea agradable o desagradable, “esos $18.000 son con todo incluido, es un combo”. Hubiese sido mejor no saber de qué trataba ese famoso combo. Solo el sexo oral cuesta $3.000, una bluejeaneada también cuesta lo mismo, la necesidad tiene cara de perro, y algunas veces, mucho peor, afirma Vicky, quien terminó de comer su plato, que seguramente será su almuerzo, comida, desayuno y almuerzo del día siguiente.

 

La particularidad de los sayayines

 

A dos cuadras se ven tres tipos, muy jóvenes, en su cara hay una maldad innata, generan miedo con el simple hecho de caminar a tan pocos metros de nosotros. Nos invade un sentimiento de terror, es claro que una cosa es verlos robando a extranjeros en el noticiero del medio día, y otra verlos cara a cara. El nerviosismo invade a todos los transeúntes de la zona; entre los tres jóvenes no existe la más mínima señal camaradería. Están dando varias vueltas por la misma cuadra, analizando y observando a personas que no frecuentan mucho el barrio; por otro lado, según Vicky, en los últimos días, estos sujetos se han encargado de hacerle la vida imposible especialmente a los travestis de la zona: los amenazan de muerte, los golpean, les roban, según ella, “esto sucede por órdenes de los autodenominados paracos”.

 

Según declaraciones de varios agentes de la policía del barrio Santa Fe, dos días antes de escribir esta crónica, como consecuencia de la guerra por el control del territorio entre las bandas que operan esta zona se produjo el asesinato de un tipo llamado ‘Pipo’, quien fue víctima de ocho disparos de un sicario. ‘Pipo’, dicen los comerciantes del asadero de pollos, cobraba la cuota de los estupefacientes vendidos a los clientes de los prostíbulos.

 

¿Y a dónde llevan a esas niñas?

 

Diez minutos después de que pasaron los jóvenes delincuentes por la cuadra, empanicados nos asomamos por fuera del establecimiento comercial, para asegurarnos de que no viniera nadie sospechoso, sin embargo, pudimos ver cómo estos tres sujetos se llevaban a dos niñas de no más de siete años de edad a una de las casas que se encuentra al frente, encima del asadero de pollos de la competencia, Surti Presas Chicken.

 

Los negocios como este suelen servir de fachadas para cometer los actos ilícitos/Foto tomada por: Alejandro Vargas.

 

Un taxista de unos 50 años que frecuenta la zona, interrumpe nuestra observación para contarnos que ese lugar donde estaban ingresando a las menores de edad era la casa Finger, conocida porque allí clientes adinerados prostituyen a menores de edad.

 

Yeison, un fiel cliente del asadero, el cual no supera los 20 años, ingresa luego de bajarse de la moto AKT con cilindraje 250; toma su pedido de medio pollo asado y vuelve a su motocicleta para luego desaparecer entre las calles. Al irse respiramos tranquilos junto con los demás clientes del restaurante. Resulta que según nuestra ya muy cercana Vicky, Yeison es el encargado de cobrarle

a los clientes por los servicios de los niños, él decide quiénes entran al prostíbulo de los niños y quiénes no, es uno de los líderes de la banda. En definitiva, es el encargado de la seguridad de los clientes y de las prostitutas asociadas.

 

Corrupción a la vista

 

Cruzamos la calle para adentrarnos en el asadero de pollos Surti Presas Chicken con la excusa de comprar una gaseosa y unas papas fritas. No sabemos por qué Vicky continúa con nosotros, tampoco podemos decirle que se vaya, no sabemos con quién estamos tratando, ya metimos la pata, ya Vicky sabe de lo que estamos haciendo… Ya no hay vuelta atrás.

 

Los encargados de hacer frente a este tipo de situaciones son los mismos policías, sin embargo, sobre las 5:00 de la tarde llegan dos motos de la institución con dos agentes en cada moto, más exactamente a la calle 21 con 17. Cada uno de los agentes lleva un  pasamontañas largo que no deja ver el número de identificación en la espalda. Es demasiado peligroso capturar la imagen con nuestros celulares porque el crimen se encuentra a metros de nosotros y las autoridades hacen parte de la escena. La corrupción se encuentra en las esquinas, al igual que los travestis, las prostitutas y los niños; seguramente tendrá más y mejores clientes.

 

En la zona es  común ver habitantes de la calle dormidos en los andenes/Foto tomada por: Alejandro Vargas

 

El barrio se oscurece, es mejor buscar refugio nuevamente en el primer asadero. Los clientes del restaurante son ahora cuatro jovencitas. Ninguna parece tener más de 18 años. Llegan con cuatro jóvenes que tienen depiladas y tatuadas las cejas; las jóvenes hablan entre ellas diciendo que no lograron a juntar más de $30.000. Que deberán regresar a la pieza que comparten en el barrio Los Laches sin tener cómo pagar el arriendo.

 

Con la anterior escena, Natalia y yo caminamos rápidamente hacia la estación de Transmilenio de la calle 22 a eso de las 7:00 de la noche; parar un taxi no es una posibilidad segura para nosotros, mucho menos después de darle semejante papayaso a los criminales de la zona. Una vez son descubiertos los sapos, investigadores, fotógrafos y periodistas tomando fotos o indagando, por bien que les vaya son robados, golpeados, y posteriormente dejados sin ropa a las 6:00 de la mañana en la Avenida Caracas.

 

Vicky no nos defraudó con su buena energía, una señora luchadora, sin muchas opciones en su vida, una persona con la que se puede sentar a comer, y al mismo tiempo, aprender un poco de la vida de los menos afortunados de la ciudad.

 

El secretario de Seguridad de la Alcaldía de Bogotá, Daniel Mejía, dijo el 6 de octubre de 2016 en la revista Semana que aún se mantiene el reacomodamiento de los grupos criminales de la ciudad tras el ataque en el ‘Bronx’. “Para llegar a todo el trabajo que se hizo en el Bronx, nos tomamos un tiempo y fue antecedido de otros golpes importantes. Ahora seguimos interviniendo de manera integral diferentes sitios. Lo hicimos en los alrededores del colegio Agustín Nieto Caballero y, esta semana, en la Estanzuela. Seguiremos en otros puntos”, afirmó el secretario. Pero, a este barrio no han llegado, por lo visto.

 

Los reporteros de Directo Bogotá ya empezaban a ser observados de manera extraña por parte de algunos hombres en las ventanas de los edificios cercanos/Foto tomada por: Alejandro Vargas

 

 

*Por razones de seguridad se cambiaron varios nombres de las personas.

 

 

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