El hombre detrás de las cámaras

Mauricio Moreno, uno de los más reconocidos fotorreporteros del país, habla de su larga trayectoria y de sus imágenes que van desde el conflicto armado hasta el Mundial de fútbol Brasil 2014.

 

Mauricio Moreno, fotógrafo staff de El Tiempo // Foto tomada por: Camilo Pardo

 

Para Mauricio Moreno, en el mundo de la fotografía la magia va mucho más allá de los lentes y afirma que todos los límites que se presentan en la vida, simplemente están en la cabeza de quienes no quieren cumplir sus sueños. Y si sus palabras no son suficientes, este fotorreportero lo demuestra con su trayectoria de casi 20 años en medios de comunicación, sus dos premios Álvaro Gómez y su Premio de Periodismo GDA en Miami. Además, es autor intelectual y material de varias decenas de portadas para el periódico el Tiempo y amante de las redes sociales y la cultura digital.

 

Directo Bogotá (D.B.): Durante el Mundial de Brasil 2014, usted tuvo una experiencia bastante particular con James Rodríguez cuando él le marca el tercer gol a Grecia en el partido inaugural de la Selección y a la hora de celebrar casi se lanza encima de sus cámaras. ¿Cómo logró obtener en ese momento una de las imágenes más icónicas de la Selección en el Mundial cuando James celebra junto a Juan Guillermo Cuadrado y Camilo Zúñiga?

 

Mauricio Moreno (M.M.): Llegamos al primer partido contra Grecia, el primer gol fue de Armero, el segundo fue de Teófilo y en esos primeros dos goles yo no tenía las fotografías porque los dos fueron a celebrar a lugares distintos. En el tercer gol al minuto 90, James lo anota y se va a celebrar al puesto más malo para cubrir fotografía de deporte, sobre todo fútbol, que era donde yo estaba. Me tocó a mí estar en ese lugar y pues bueno, James se viene corriendo y yo tenía tres cámaras: una con control remoto que estaba apuntando al arco, otra con un lente largo 400x200 y otra con un angular 17x35. Ahí empiezo a tomar las fotografías con el lente largo, veo que se me acerca aun mucho más, entonces cambio a la angular y sigo tomándole fotografías. Después, él trata de levantar su pierna izquierda para pasar la banda donde estaba la publicidad y le dije que no lo hiciera porque de lo contrario me habría roto un computador que tenía donde él iba a pisar; y porque en un Mundial uno como fotógrafo no se puede parar de las silla asignada y por lo tanto, no lo iba a poder seguir. Ya pasado eso, la foto se volvió icónica porque están Cuadrado y Zúñiga encima de él haciendo una pirámide y queda con el marco del estadio, con los griegos de fondo totalmente tristes en el suelo. Esa foto, que fue la portada de El Tiempo al día siguiente, está en un libro de fotografía que tiene el periódico con sus mejores fotografías. La escogieron varias marcas patrocinadoras del Mundial y de la Selección para hacer trabajos publicitarios con ella.   

 

 


D.B.: ¿Por qué deja El Tiempo en 1998 para comenzar una experiencia como freelance en Reuters?

 

M.M.: Porque salió la oportunidad de trabajar con Reuters, la cual es una agencia inglesa muy buena. Al llegar el momento, dije ‘probemos a ver qué pasa’. Inicié haciendo el curso de freelance y ahí seguí un año, o un año y medio cubriendo Colombia. Viajé por todo el país trabajando temas del conflicto interno en donde las Farc y el Eln estaban posicionados en diferentes lugares y cada semana había noticias de masacres y protestas.  

 

 

 

Momento en el que Mauricio Moreno detiene a James Rodríguez para que no le pise su computador // Foto: Univisión

 

D.B.: ¿Por qué su paso por Reuters fue tan efímero y al cabo de un año terminó regresando a El Tiempo?

 

M.M.: Porque El Tiempo me ofreció un trabajo mejor remunerado y eso me impulsó a regresar al periódico.

 

D.B.: ¿Qué enseñanzas deja haber sido un freelance, en donde se supone el trabajo periodístico es más autónomo que en otros empleos periodísticos?

 

M.M.: En la agencia el lenguaje es más universal, entonces el aprendizaje es muy interesante en el sentido que uno tiene que mirar cualquier tema con otros ojos. Las fotografías que uno haga ya no son solo para la gente local, sino también para personas que estén sentadas en el Times Square leyendo el Wall Street, o en Nueva Delhi leyendo el Daily News de Delhi. Entonces, el lenguaje visual tiene que ser distinto. Por ejemplo, una de las cosas aprendidas más importantes fue que las fotografías no debían tener en el fondo textos o pancartas, como los que se ven en las protestas, para que cualquier lector pudiera entender el contexto sin importar desde donde nos estuviera leyendo o qué idioma manejara.  

 

D.B.: ¿Qué diferencias encontró entre cubrir reportería gráfica para El Universal de México, La Reppublica de Italia y El Tiempo en Colombia?

 

M.M.: Por ejemplo a un periódico como El Universal o La Reppublica, no les importa tanto la foto del hueco o de la ‘chambonada’, sino que uno tiene que llegar con historias más elaboradas. Por ejemplo, tenía que tomar fotos de niños en la guerrilla y como en todo lado hay niños, el interés era ver cómo es la infancia de ellos en medio de un conflicto armado dentro del Tercer Mundo. Con estas fotos no podía alterar los hechos, ni mucho menos trasgredir la imagen de los niños para que todo se viera allá de la forma más transparente posible.    

 

D.B.: En octubre de 2015, usted junto con otros reporteros gráficos de El Tiempo recibió el Premio de Periodismo GDA en Miami debido al proyecto ‘Tiempo de Volar’, en donde por medio de un dron se incentivaban nuevas narrativas audiovisuales.  Aparte de la innovación de este proyecto en aspectos técnicos, ¿qué nuevos aportes periodísticos puede ofrecer este método que no los ofrezca la fotografía convencional?

 

M.M.: Desde la cotidianidad de las personas nos preguntamos cómo mostrar a través de una forma novedosa a una ciudad o a un país que se ha visto de todas las maneras posibles. Ahí dijimos que debíamos mostrarlo desde el aire para ver cómo se ve el panorama y entonces el periódico compró un dron. El nuevo aporte es que la estética que se ve desde el aire es completamente distinta a la que tiene un camarógrafo desde tierra y por lo tanto, desde arriba se pueden captar muchas secuencias de cuadros distintos, no siempre cuidando aspectos como la regla de tercios, pero con el valor agregado de ver en un plano distinto, una perspectiva o una cara de la noticia, si es el caso, muy diferente o más completa.  

 

 Vista aérea del Seminario Mayor de Bogotá // Foto: @mauriciomorenofoto

 

D.B.: Marshall McLuhan creía que la aparición de nuevos medios acabaría con los medios tradicionales. ¿Cree que en un futuro no muy lejano las novedosas tareas de estos drones puedan reemplazar la labor de un fotógrafo?  

 

M.M.: Reemplazarla, no; transformarla, sí. En temas de fotografía, de pronto mañana no se ven en papel sino en hologramas. El día de pasado mañana, no en hologramas sino en proyecciones de 3D. Sin importar el tiempo, siempre va a haber un mensaje por parte de la fotografía y la labor del fotógrafo será buscar el medio ideal para transmitirlas. De hecho, hoy la fotografía se está transformando porque nos solicitan mucho para hacer videos, cosa que no se pensaba antes. Mañana, posiblemente tengamos otra función, pero siempre vamos a estar ahí con nuevos componentes y estando listos para nuevas realidades y retos.

 

D.B.: ¿Cómo es eso que un fotorreportero que cubre temas de conflicto armado termina cubriendo partidos de fútbol, asistiendo además a Mundial de fútbol y Copas América?

 

M.M.: En mi época de cubrir conflicto lo que estaba ocurriendo era el apogeo del conflicto armado. No podía entender que nos estuviéramos matando entre hermanos y quería saber a fondo por qué pasaba eso. Trabajé mucho tiempo con Jineth Bedoya en esta cuestión, aunque ella cubría judiciales. Cuando estos temas de conflicto armado se fueron mermando un poco, me propuse el reto de incursionar con el deporte, el cual es un tema en el que uno debe tener mucha ‘pilera’ por la velocidad en la que pasan los hechos. De la mano de un gran maestro, Henry Agudelo, que en esa época era editor en El Colombiano comencé a encarretarme en esto del deporte  hasta llegar a cubrir mundiales de fútbol de menores, uno de mayores y hasta cosas relacionadas con el ping-pong.    

 

 Mujeres pertenecientes al Bloque Caribe de las Farc llegando a una zona de desarme // Foto: @mauriciomorenofoto

 

 

D.B.: En su experiencia cubriendo temas de conflicto armado, ¿cuáles fueron las escenas más desgarradoras que presenció?

 

M.M.: Fueron dos. La primera fue en Gutiérrez, Cundinamarca, un pueblo que la guerrilla se había tomado. En esa toma, había dos soldados que eran hermanos  y que estaban en el mismo batallón. Uno de ellos decidió quedarse ahí en la noche y el otro fue por una agua de panela en una casa del campo. Cuando empezaron a sonar los disparos, al soldado que estaba en el batallón lo acribillaron y lo mataron, mientras que el otro se salvó porque los campesinos lo escondieron. A las 5:00 am del otro día, cuando el sobreviviente vio que mataron a su hermano, se quebró en llanto y registré junto con otros fotorreporteros ese momento. Él se enfureció y amenazó con lanzarnos una granada, hasta que un mayor llegó y lo calmó. La segunda escena fue en la zona del Caguán. Unos guerrilleros llenaron una chiva de explosivos en la vía y cuando  pasó un camión del Ejército, eso explotó y nosotros pudimos ver esa escena en donde murieron muchas personas. 

 Soldados llegando a combate // Foto: @mauriciomorenofoto

 

D.B.: Volviendo al tema del fútbol, ¿cómo fue la competencia dentro del periódico para definir que fotógrafos iban a Brasil 2014?

 

M.M.: Cuando Colombia empata con Chile en Barranquilla en el último partido de las eliminatorias y clasificamos, muchos de nosotros queríamos ir al Mundial y a partir de ahí comenzó la selección de qué personas iban, teniendo en cuenta varios criterios. Primero, tenían que ser unos buenos fotógrafos. Segundo, tenían que tomar buenas fotos de deporte. Tercero, tenían que hablar un buen inglés. Cuarto, tenían que hablar portugués. Quinto, tenían que comprometerse a tomar videos para ser transmitidos en los canales de El Tiempo y CityTV. Y por último, tenían que comprometerse a tomar notas en cámara a los cinco o seis periodistas que fueran a cubrir el Mundial.

 

D.B.: Habiendo tantas personas acomodadas en un estadio cubriendo un evento, ¿estar en el lugar exacto de la noticia es suerte o es olfato del fotógrafo que se va desarrollando con los años?

 

M.M.: Uno en el Mundial debe llegar cinco o seis horas antes de que comience el partido para que le asignen a uno un puesto en la cancha. En el caso del partido contra Grecia, por ejemplo, en los dos primeros goles los dos jugadores fueron a celebrar hacia donde estaban los técnicos, totalmente alejados de donde me tocó a mí y para el tercer gol sí tuve la fortuna de que James fuera corriendo hacia donde yo estaba. Por lo tanto, es suerte en el caso del Mundial.

 

D.B.: ¿De qué manera haber asistido al último Mundial lo ha hecho crecer como profesional?

 

M.M.: Para un reportero gráfico, la meca de la carrera es cubrir un Mundial de fútbol o unos Juegos Olímpicos por la dificultad que esto conlleva. La competencia que hay ahí es monstruosa: mientras que tú estás tomando una fotografía, la cual está viendo tu jefe en tiempo real, las agencias están tomando 50 y él debe escoger entre la tuya o cualquiera de las de la agencia. A partir de entonces creo que puedo hacer cualquier cosa, absolutamente todo, porque me di cuenta que a un Mundial o a unos Olímpicos no va cualquier persona. Van los mejores deportistas, los mejores preparadores físicos, los mejores doctores, las mejores organizaciones en cuanto a logística y los mejores fotógrafos. 

 

 Hincha de la Selección Colombia en el Mundial Brasil 2014 // Foto: @mauriciomorenofoto

 

D.B.: Dentro de su Instagram hay muchos retratos a personas de distintas comunidades a lo largo y ancho del país. ¿Por qué le apasiona tomar este tipo de fotografías?

 

M.M.: Los celulares han transformado al mundo. Ahora uno tiene la posibilidad de tomar muy buenas fotos con ellos y uno de mis retos cuando comencé a tomar estos retratos era estar en la capacidad de captar momentos con la misma calidad que con una cámara. Hay un proverbio que dice que 'no es la flecha sino es el indio' y a partir de ahí los primerísimos primeros planos de las personas se volvieron mi forma de contar historias desde el rostro de las personas, porque estos pueden contar miles y miles de historias. 

 

 Mujer wayúu // Foto:@mauriciomorenofoto

 

D.B.: ¿Tiene algún proyecto profesional pensado a futuro ajeno a El Tiempo?

 

M.M.: Uno siempre tiene que reinventarse. Ahora estoy buceando con tiburones y mantarrayas, tomando fotos bajo el mar y lo más bonito del trabajo que yo hago es que siempre hago lo que quiero. Afortunadamente lo que yo hago le gusta a las personas del lugar donde trabajo; los proyectos que he hecho en mi Instagram o en el mar han sido con fines personales, pero siempre que lo mostraba, acá en el periódico me compraban la idea y lo publicaban. Por lo tanto, siempre hay muchos proyectos por hacer y son tan buenos por suerte, que se acaban vinculando con El Tiempo.

 

D.B.: ¿Qué se vería haciendo si no fuera fotógrafo?

 

M.M.: Haciendo mucho deporte. Me vería buceando en Islas Caimán, en Bahamas o en algún lado de esos para tener un ambiente más relajado.

 

 

 

D.B.: ¿Siempre una imagen dice más que mil palabras?

 

M.M.: Siempre, porque las palabras se quedan cortas. A veces uno dice ‘¡Ay! es que no sé cómo decírtelo’, porque el lenguaje de la palabra es un lenguaje inventado que a veces puede llegar a ser abstracto con conceptos importantes como lo es el amor, por poner un ejemplo. Difícilmente con palabras uno puede explicar bien que es el amor; pero si muestro una foto de una madre besando a su hijo después de no verlo por mucho tiempo, eso sí que es amor en toda su expresión. Podré tener muchas discusiones con aquellos periodistas de acá que piensan lo contrario, pero creo que tengo un poco más argumentos que ellos.  

 

 

 

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