Una vez al año una multitud se reúne en la capital para expresar su fe por medio de distintos géneros musicales. El pasado 7 de agosto, el góspel salió de las cuatro paredes para tomarse el Simón Bolívar, que pronto será escenario de la visita papal.

Santiago Benavides interpretando Gracias por Pedro/Foto por: Michelle González
 

La entrada

 

¿Dónde está la gente que viene de la iglesia Manantial?, ¿Su presencia?,  ¿Avivamiento?, ¿Puente Largo? —gritó el presentador con euforia desde el escenario aproximadamente a las 2:30 de la tarde

 

Más de 60 mil personas alzaron su voz.

—¡Wooooooo!

 

Era lo único que se escuchaba en el Parque Simón Bolívar cada vez que desde la tarima se mencionaba alguna de las 1.544 iglesias cristianas que hay en Bogotá. No cabe duda que Bogotá Gospel es uno de los eventos con más asistencia en el Festival de Verano desde 2008, con excepción del año 2013 y 2014, debido a que la administración anterior no otorgó los recursos necesarios.

 

Parecía ser la reunión más esperada del año por los cristianos en la capital. A las 2:00 de la tarde la fila para ingresar al lugar iba desde la entrada norte del Parque Simón Bolívar sobre la calle 63 hasta la calle 53 con Avenida 68. Niños hiperactivos tratando de colarse, padres angustiados corriendo tras ellos, adultos mayores que a pesar de estar en medio de esa fila parecían jóvenes en espíritu y grupos de jóvenes tomándose selfies con cachuchas que decían Jesús, como si fueran al concierto del Mesías.

 

“¡Bon Bon Bum!, no le van a dejar entrar monedas, mejor gásteselas en su Bon Bon Bum” —exclamaba una señora con tres paquetes de estos dulces en sus manos. Muchos creyeron que era una mentira, que se trataba de una táctica para vender, pero después se acercaron dos policías diciendo: “Por favor, no ingresar comida, ni bebidas, ni cinturones, ni monedas al evento”.

 

Entre quejas y reclamos de las personas, uno de los policías se acercó a algunos para explicarles el porqué de la prohibición: “Es que el año pasado descalabraron a un artista extranjero”. Pero al final pocas personas siguieron la advertencia.

 

Unos privilegiados evitaron la extensa fila porque tenían manillas VIP, entregadas por algunas iglesias y por la Alcaldía Mayor. Muchos ni sospechaban esto, pues el evento era gratuito. “Uno sabe que hay ciertas personas que en el medio cristiano tienen más influencia que otras, como los pastores, ciertas iglesias y organizadores. Estoy de acuerdo con que se les de un espacio especial, pero hubieran tratado de coordinar esto mejor porque le dieron las manillas VIP a mucha gente para un espacio muy reducido”, dice Paula, asistente de Bogotá Gospel.

 

Paula se refiere al momento en que el presentador le pidió al público que se corriera a un lado para que las 300 personas que estaban esperando en VIP pudieran ingresar a la presentación de Rojo. “Si no pueden planear bien eso, pues entonces digan que es un evento gratuito y que todo el mundo entre por general y ya está”, concluye.

Filas para entrar a la Rumba Cristiana en el Simón Bolívar/Foto por: Michelle González

 

Las presentaciones y la multiplicación de los “pescados”

 

La octava edición de Bogotá Gospel tuvo 12 artistas en el escenario, de 2:00 de la tarde a 10:00 de la noche. Así que durante ocho horas había que aguantarse las ganas de ir al baño y el hambre, pues los baños portátiles y puestos de comida tenían filas extensas.

 

Ocho artistas representaron a Colombia: Alex Campos, Pescao Vivo, Santiago Benavides, Generación 12 y la Banda Manantial representaron a sus congregaciones y, por último, las tres bandas elegidas del concurso Mi Banda Gospel.

 

De la escena internacional hubo cuatro artistas: Evan Craft, que a sus 26 años logró posicionar el álbum cristiano latino #1 en Estados Unidos de la lista Billboard con Yo soy segundo; T-bone, estadounidense, con más de 25 años de carrera musical en el género hip hop cristiano. Y, por último, la banda mexicana Rojo, con más de 10 años de carrera. Su último disco fue hace siete años.

 

Caminar entre las personas era complicado porque  cada quien se movía a su ritmo con la música, unos con movimientos más libres y exagerados que otros. Pero a pesar de lo difícil que era acercarse al escenario muchos lo intentaron, sobre todo en las primeras interpretaciones, porque el sonido no era muy bueno y por ello no se entendían bien las letras de las canciones.

 

El sonido mejoró un poco cuando salió Santiago Benavides, el artista revelación del evento. Acompañado de unas gafas de sol, una guitarra electroacústica y una sonrisa de oreja a oreja, agarró el micrófono y empezó a cantar Gracias por Pedro:

 

Es que hoy quiero alabarte de este modo tan extraño

gracias por Pedro

gracias por Jonás

gracias también

por la burra de Balaam

gracias por ser

experto en soportar

a los que no somos tan buenos

y con todo pretendemos

hablar de ti

a la humanidad

 

La canción hace referencia a distintos personajes de la biblia, que para el artista fueron utilizados como instrumentos del amor de Dios. Precisamente eso es lo que busca el gospel, adorar a Dios desde diferentes géneros musicales, y por ello sus letras se basan en la biblia o en alguna experiencia personal con Dios.

 

Después llegó Pescao Vivo. Cinco hombres con chaquetas de cuero que llevan en la espalda la insignia de un pescado muerto. Giovanni Olaya, el vocalista, movía su cuerpo y su pelo largo mientras sonaba el folk rock que los caracteriza. “Esa paz que fue dejada aquí en esta tierra a través del espíritu santo de Dios, el cual da paz y hace parte de su fruto, esa es a la paz a la que le cantamos”. Tras estas palabras Giovanni le pidió al público que hicieran una palomita juntando las manos para elevarla al cielo.

 

Pero la paz celestial no era el único mensaje que quería dejar Pescao Vivo. Aún les faltaba una sátira. Cuando empezaron a tocar La bulla, el vocalista le pidió a la gente que se agachara, y así lo hicieron hasta los más adultos, sonrientes ante la oportunidad de poder participar de una actividad como si fuera un juego de niños. Cuando la mayoría del público obedeció, Giovanni dio el siguiente paso: hacer su expresión más aburrida (con pucheros o frunciendo el ceño) para después ir subiendo paulatinamente con el ritmo de la batería, el bajo y la guitarra eléctrica. Una vez en pie, saltando con el puño hacia el cielo la gente cantaba:

 

 Escenario del Bogotá Gospel/Foto tomada por: Michelle González.

 

No me gusta la bulla la bulla

no me gusta pues soy aleluya 

Hay gente que cree que cantamos pasito

porque se despierta con rabia el viejito

hay gente que cree que somos aburridos

porque no han escuchado nuestro sonido

hay gente que cree que somos reprimidos

porque no pensamos como pervertidos

y yo pregunto quién tiene más sentido

estar maldecidos o estar bendecidos

 

Pescao Vivo salió de la tarima con la misma energía con la que entraron, dando paso a otros artistas. Entre el cambio de bandas había suficiente tiempo para darse una vuelta por el parque. “Me ha gustado, pero a diferencia de otros Bogotá Gospel le ha faltado organización, para que en los momentos en que no hay grupos musicales pongan música o personas que animen al público”, dice Sara, quien ha asistido a varias ediciones de Bogotá Gospel.

 

“¿A qué horas sale Rojo?” —fue lo que se empezó a escuchar en el público. “Yo vine a escucharlos solo a ellos ¡es su reencuentro como banda!”, dijo un señor de unos 40 años que no podía ocultar su cansancio después de tantas horas de pie.  

 

En ese momento la Plaza de Eventos se llenó. Todos encendieron la linterna de su celular. De extremo a extremo estaba lleno de luz. “Todo el mundo empezó a decir ¡Rojo, Rojo!, hasta yo fui allá y me metí en la multitud hasta el frente. Fue la expectativa de todo el mundo ante Rojo. Excelente presentación”, dice emocionado Isaac, otro fan satisfecho del reencuentro de la agrupación mexicana.

 

Qué padre estar otra vez en Bogotá con locos que les gusta adorar a Jesús (...) Esta noche la vamos a pasar bien padre porque conocer a Jesús es lo más padre que existe ¿sí o no?”, gritó Emannuel Espinosa, vocalista de la banda. Y antes de comenzar la siguiente canción hizo una oración mientras la multitud alzaba sus manos hacia el cielo: “Ninguna banda, ningún artista, tú eres el centro de esta noche, recibe adoración y recibe mi vida Jesús”.

 

Fue un momento romántico con una melodía de pop y rock por medio de las voces de Linda y Emmanuel (los vocalistas principales):

 

Te amo por completo,

Te amo Dios eterno

Te amo más que a mí misma vida,

Te amo con pasión

Te amo con fervor

Te amo más que a mí misma vida.

No tengo otra razón para existir Señor

tú eres mi pasión, eres mi pasión

 

 Los más de 60 mil espectadores, pertenecientes a las 1544 iglesias cristianas de Bogotá, cantaron sus temas favoritos del género gospel/Foto por: Michelle González

 

Evan Craft con su acento gringo no dejaba de expresar lo contento que se sentía de estar en Bogotá, tanto así que pidió una bandera de Colombia, teniendo especial cuidado de que no tocara el piso. “En mi país eso es ilegal", decía alarmado. Como si se tratara de la bandera de su país la acarició y la alzó; se tomó una foto con ella teniendo como paisaje la multitud que había cantado todas sus canciones minutos antes.

 

La noche terminó con bachata, pop, rock y rancheras de Alex Campos. Por la reacción de los presentes parecía ser un ícono nacional del género gospel. “¡Alex, Alex!” era el estribillo de fondo en todas sus canciones dirigidas al cielo.

 

 

 

 

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