Un recorrido por la oferta gastronómica en las calles bogotanas atravesadas por La Ciclovía Nocturna.

 

La noche es plácida, la temperatura un poco fría, son las 7:00 de la noche y decido comenzar a caminar y aventurarme por las rutas que recorre la ciclovía nocturna, pasa en frente mío por la Carrera Séptima. Mientras doy un pequeño recorrido comienzo a darme cuenta de cómo las calles, que habitualmente suelen estar llenas de carros, se comienzan a llenar de bicicletas, patines y gente trotando. Cada una con un estilo peculiar. Mi recorrido apenas comienza, escucho los sonidos de las personas hablar, los parlantes con música a todo volumen y el delicioso olor a las diferentes comidas que los vendedores comienzan a ofrecer.

 Bogotá de noche // Carrera séptima con calle 39 // Fotografía tomada por: Juanita Bedoya

 

Mazorcas y pinchos

 

Son alrededor de las 7:30 de la noche, el hambre ataca mi cuerpo y percibo un olor característico, decido acercarme al puestico de donde proviene, me encuentro con la señora Margarita Arango, quien muy amablemente me ofrece de sus pinchos de carne y mazorca, yo, feliz decido comprar uno y empiezo una pequeña conversación con la vendedora. A lo largo de esta charla me comenta que la ciclovía nocturna es de los días más rentables para su negocio, una oportunidad para poder conseguir el dinero para la educación de su hijo. Puedo ver en sus ojos ese orgullo de madre y además la esperanza de anhelar un futuro mejor y más provechoso para su pequeño, terminando con la frase: "Yo quiero que mi hijo sea alguien en la vida". 

 

Puesto de mazorcas y pinchos // Ciudad de Bogotá // Fotografías tomadas por: Juanita Bedoya

 

De todo un poco

 

Sigo mi camino, más delante veo un señor, ya de edad, montando en su pequeña bicicleta con gran variedad de productos alimenticios, se me hace muy curioso, ya que vendedores así en un evento como la ciclovía nocturna no son muy frecuentes. Le pido el favor de que se detenga un momento y procedo a preguntarle qué lo animó a salir de ese modo. "Don Gustavo Prieto, mucho gusto" dice a manera de saludo, me es muy llamativo su sombrero y su pinta de rolo enchapado a la antigua, continúo mi labor entablando una conversación, me comenta que había sido panadero, pero que por distintas enfermedades tuvo que retirarse y que vio en la venta informal una manera de aportar un granito de arena a su familia, "La ciclovía nocturna es la noche en la que mejor gano, no es mucho, pero me sirve para ayudar a mi familia con algo" dice para cerrar la conversación.

 

Vendedor ambulante y su puesto // Ciudad de Bogotá // Fotografías tomadas por: Juanita Bedoya

 

Aromáticas y canelazo

 

 Siento un poco de sed y veo a una señora que está próxima a colocar su puesto de venta, se me hace muy interesante la manera en que almacena la aromática, una olla que ocupa más de la mitad de su carrito, llena de diferentes hierbas le dan al agua ese sabor tan particular. Noto que varias personas llegan a ella y comienzan a llamarla "Car véndeme un canelazo ome" le dice un señor, y ella con toda la rapidez se lo entrega. Después de un corto tiempo le pregunto el motivo por el cual viene a la ciclovía nocturna, a lo que responde: "Yo no quiero que mi hijo repita la vida que me tocó", esta respuesta me da paso para preguntarle el porqué, me dice que aunque no viva con su hijo, las ganancias que puede conseguir en una noche tan productiva como ésta, le permiten enviarle algunos pesos que le funcionaran para su estudio. Poco a poco, mientras me sigue comentando su situación siento ese nudo en la garganta que prefiero soportar para no entristecer más el momento, por ello decido agradecerle por su atención y sigo con mi camino que está por terminar.

 

Puesto de aromáticas // Ciudad de Bogotá // Fotografías tomadas por: Juanita Bedoya

 

Hamburguesas y extras

 

Por último, me percato de que una pareja comienza a llamarme para que me acerque a probar sus “deliciosas hamburguesas” , al llegar se me hace muy bonita la imagen que su carrito de comida rápida refleja, una organización excelente llena de colores llamativos que a cualquiera encantarían. Me es inevitable no preguntarles por su relación y por todo el esfuerzo que realizan para poder mantenerse con esa alegría e ímpetu en su labor. "Con mi trabajo y el de mi esposo hemos llegado hasta a ser extras de una que otra película", dice la señora; quedo impactada y solicito que me cuenten más acerca de ello. Doña Heidy me comenta que su ubicación normalmente es en Salitre Mágico y que en un día de grabación les solicitaron hacer de extras, claramente, no dudaron en aceptar y en disfrutar de esa experiencia. Les pregunto por qué decidieron venir, me explican que es muy bonita la labor de poder vender y hacer parte de un evento que se realiza muy pocas veces al año y que es muy divertido poder conocer nuevas personas e historias peculiares que los hacen reír a carcajadas o reflexionar un poco. En fin, historias de vida, historias de las calles. 

 

Pareja de vendedores // Ciudad de Bogotá // Fotografías tomadas por: Juanita Bedoya

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