La plaza del rebusque, una mirada a los oficios de la Plaza de Bolívar

 La estatua de Simón Bolívar, en el centro de la Plaza, es el testigo del trabajo diario de los rebuscadores // Fotografía tomada por Sara Camila Prada. 

 

La Plaza de Bolívar está ubicada en el centro de Bogotá, más específicamente entre las carreras Séptima y Octava y las calles Décima y Once. Es el escenario del poder nacional y local, pues se encuentra rodeada por los principales edificios de la ciudad: el Palacio de Justicia, el Capitolio Nacional, la Catedral Primada de Colombia, el Colegio Mayor de San Bartolomé y el Palacio Liévano, sede de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

 

 

 

Escenario del turismo, del poder y de la historia, la Plaza de Bolívar también es el espacio donde los rebuscadores se abren paso para conquistar a los visitantes. En esta ocasión, presentamos algunos de los oficios que se mantienen en la Plaza y que ya hacen parte de ella.

 

No importa el día, el clima o la ocasión, en la Plaza no faltarán un fotógrafo, una vendedora de maíz, un paletero o un vendedor de globo.

 

Antonio Vergara, una foto en un minuto

 

 Antonio y sus colegas han aprendido a trabajar en equipo; por eso, comparten la impresora para que todos puedan trabajar // Fotografía tomada por Sara Camila Prada.

 

Desde hace 15 años este fotógrafo cumple sagradamente con su jornada de trabajo de 8:00 a.m. a 6:00 p.m. Como él hay más de una docena de fotógrafos que se las ingenian para convencer a los turistas de que los elijan para tomar “el recuerdo de la visita”.

 

Sus colegas no son la única competencia que tiene, pues asegura que su oficio “se ha puesto un poquito complicado por los celulares”. Mucha gente prefiere tomas cientos de fotografías en su celular que nunca van a ser impresas o hacerse un selfie y subirlo a las redes sociales. Pero, “siempre hay gente que prefiere la foto, que le gusta llevarla de una vez”.

 

Tantos años de trabajo en el mismo lugar le permiten identificar fácilmente a los posibles clientes. Para él, los mejores días de trabajo son entre semana “porque llegan los clientes colombianos; es que es muy rarito hacer negocio con el extranjero”. Los turistas colombianos, que pueden posar para una fotografía están entre semana; en cambio, “lo que es domingo y sábado pues son gente de aquí de los alrededores”.

 

A pesar de conocer el negocio, afirma que todo es suerte porque convencer a un visitante cuando hay tantos fotógrafos en la Plaza no es tarea fácil. Y muchas veces ve cómo sus colegas le ganan los clientes.

 

Por 5000 pesos y un minuto de espera cualquier visitante puede llevarse una foto de recuerdo de la visita a la Plaza de Bolívar. Además, puede escoger el escenario que más le guste: “con el fondo de la Catedral, el Congreso, el Palacio de Justicia o el Liévano”.

 

Para Antonio los días buenos son aquellos cuando toma más de 10 fotografías.  “Para que esto sirva tiene que estar tomando uno de 10 fotos para arriba. Con menos de eso, cuando uno se dio no tiene ni para la película, y esta película fotográfica es muy cara”.

 

 

José Leonel Gutiérrez, el paletero trashumante

 

José Leonel ya ha perdido la cuenta de cuántas vueltas de a la Plaza en sus jornadas de trabajo // Fotografía tomada por Sara  Camila Prada. 

 

Este vendedor de helados se identifica como “vendedor independiente de calle”. No hace parte del grupo de rebuscadores que llevan décadas en la Plaza, y su presencia allí se limita únicamente a los domingos.

 

Empezó a vender en la Plaza de Bolívar desde hace más o menos un mes. Según él, porque cuando salió el nuevo Código de Policía empezaron los problemas para los vendedores ambulantes como él. Aunque su lugar usual de trabajo es el Parque Santander, José Leonel decidió aprovechar que ha bajado la persecución al comercio ambulante para probar suerte en la Plaza. “Ahora no es que la Policía nos deje, pero tampoco nos tiene la persecución que nos tenía antiguamente”, afirma con una sonrisa.

 

Su llegada a la Plaza depende de la puntualidad del bodeguero que le provee los helados. Igual que los fotógrafos, los paleteros tienen mucha competencia; en una sola tarde puede haber más de 12 alrededor de la Plaza. Y a eso se suma que el clima también interfiere con su labor. Los domingos, desde la media mañana empieza a vender y a desear que el clima está a favor de su negocio: “Desde que el clima esté más o menos soleado pues no es como tan mala la venta”.

 

Noralba, la vendedora de “maicito para las palomitas”

 

 

Noralba frente a la Catedral. Como siempre, las burbujitas, su sombrilla y el maicito para las palomas // Fotografía tomada por Sara Camila Prada. 

 

 

Noralba no suelta el paraguas para atender a sus clientes. Los 29 años de experiencia como vendedora de maíz en la Plaza de Bolívar le sirven para ser capaz de sostener su sombrilla, cortar un paquete de maíz, entregar el cambio a algún cliente y hacer burbujitas para atraer a los niños.

 

Ella tiene clara cuál es su actividad: “Yo me dedico a vender el maicito para las palomitas, para que los turistas compren el maíz para alimentarlas y que tomen las foticos”.

 

Atiende a los visitantes a la Plaza de miércoles a domingo desde las 7 de la mañana hasta las 5 de la tarde, siempre con una sonrisa. Pero reconoce que la vida de los rebuscadores es difícil: “Ahorita con eso del arreglo de las calles nos han querido sacar y nos han puesto como problemas. Y con el desplazamiento de los venezolanos muchos se han metido de maiceros”. Las bajas ventas y el aumento de la competencia la llevaron a ampliar su negocio “A mí me tocó ponerme a vender burbujitas porque el solo maíz no me alcanza para sobrevivir”.

 

Los estudiantes de los colegios son los clientes favoritos de Noralba, porque “cuando vienen le compran a uno, pues ahí uno vende 10000, 11000 pesitos”. En cambio, un día con ventas malas puede dejarle a Noralba entre 3000 y 6000 pesos de ganancia. El problema de su actividad, señala, es que "Hay más maiceros que compradores”.

 

 PLAZA DE BOLÍVAR

 

Es una visita obligada para los turistas que quieren conocer la historia de Bogotá. El 19 de octubre de 1995 fue declarada Monumento Nacional de Colombia.

Tiene una extensión de más de 13.000 m2 y su capacidad máxima es de 55.600 personas reunidas.

 

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