Las historias detrás de las cifras que dejaron años de enfrentamientos y su lucha por adaptarse a una sociedad en condición de discapacidad.

 

 

Fotografías tomadas por: Jorge Alzate 

 

Héctor Fabio Rodríguez resultó herido en una emboscada realizada por el Ejército hace 12 años en el departamento de Cundinamarca, en dicho ataque perdió su pierna izquierda y producto de la lesión fue capturado y pagó cuatro años y medio en la cárcel La Picota de Bogotá.

 

Al salir se reincorporó a las filas armadas y los directivos convinieron entregarle una prótesis que facilitara sus actividades diarias. Sin embargo, al iniciar con los diálogos en La Habana el proceso se detuvo. Rodríguez afirma que, ni los doctores, ni los enfermeros asignados después del proceso han brindado algún tipo de información con respecto al tema y se muestra inconforme ante los tiempos que toma realizar alguna intervención. “Cada cita -realizada fuera de los límites de la zona- puede tardar aproximadamente dos meses en ser aprobada”, aseguró a Directo Bogotá.

 

Y es que según Oscar Eduardo Riaño, uno de los médicos del centro de reincorporación Antonio Nariño, un 10% de los 270 residentes de la zona sufrieron amputaciones o mutilaciones como resultado de la guerra. Un panorama que ha venido siendo atendido por la Agencia Colombiana para la Reintegración, que ofrece a los afectados ayuda psicológica y ayuda por parte de la Oficina de Alto Comisionado para la Paz, la cual puede llegar a cubrir todos los gastos que genera una remisión medica.

 

A pesar de los esfuerzos estatales, los programas como el de atención especial para enfermedades de alto costo y rehabilitación derivados del conflicto y atención especial mediante la renta básica para lisiados del conflicto, mencionados en el tercer punto de los diálogos de paz y normalizados en los apartados 12 y 13 del artículo 899 del 2017, siguen sin evidenciar mayores avances.

 

En cuanto al proceso de identificación para el proceso de atención, los excombatientes aseguran que existen varios inconvenientes con la cédula y el código asignados. Además los medicamentos, son muy escasos y la única persona que puede autorizar su entrega es el médico, por lo que el trámite para reclamarlos “suele ser bastante tedioso”.

 

En medio de la lucha burocrática a la que se deben enfrentar los excombatientes, Rodríguez ha optado por unirse a las cooperativas que se han venido conformando en la zona para impulsar la economía local haciendo artesanías con las pocas balas que quedaron luego de la entrega de armas y que dejaron de ser un elemento de guerra para convertirse en collares, esferos y llaveros que les ayudan en su sostenimiento económico en esta nueva etapa.

 

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