Los excombatientes pasaron de marchar en la selva y encarar al ejército, a hacer filas por medicamentos y enfrentarse al sistema de salud

 

 

 Juan Carlos Sáenz en Icononzo – Foto tomada por Álvaro Hernández

 

Durante los más de 50 años que duró la guerra del Estado colombiano contra las Farc, y, más allá de las razones políticas e ideológicas, ambas partes tuvieron siempre un objetivo en común: el menor número de bajas en sus filas. Esto hizo que la guerrilla se adaptara a las condiciones de la selva y tuviera como prioridad la formación de médicos entre sus combatientes.

 

“En las armas la salud siempre era lo principal, cada compañía tenía su médico y sus enfermeros”, señaló a Directo Bogotá Juan Carlos Sáenz, un exguerrillero que se dedicó a la medicina durante los años más duros del conflicto.

 

Cuando recuerda las décadas que estuvo en las selva, señala que allí no había la posibilidad de hacer complejos procedimientos médicos como trasplantes de órganos o cirugías cerebrales, pero las amputaciones y las operaciones por heridas graves de metralla estaban a la órden del día. Sin embargo, asegura que con todas las carencias que pudieran tener y, en un espacio que no era el más óptimo para preservar la salud, los médicos de las Farc lograban salvar las vidas de los suyos.

 

Escuche en este podcast los relatos de las cirugías en medio de la selva.

 

 

 Podcast elaborado por Cris Jiménez

 

 

La academia en medio de la nada

 

La escuela de medicina del bloque oriental de las Farc estaba ubicada en la zona de la Macarena y nació por la necesidad de combatir las heridas de guerra que, hasta ese momento, solían ser mortales. Jorge Briceño, alias el Mono Jojoy, fue uno de los que “más se preocupó” por implementar un sistema de salud autosuficiente en la selva, según Juan Carlos, quien señala que los que estudiaban allí, se dedicaban de lleno a mejorar sus conocimientos, mientras los otros guerrilleros cuidaban su campamento ante posibles bombardeos.

 

“Nos levantábamos a las cinco y treinta de la mañana y estudiábamos hasta las tres y media de la tarde, de ahí tomábamos un baño y entrábamos de nuevo al aula, ese era el pan de todos los días (…) Teníamos todo lo necesario para dedicarnos de lleno al estudio”, asegura Sáenz.

 

Durante cuatro años, Juan Carlos presentó exámenes a sus maestros en la selva, que eran otros guerrilleros que se habían titulado en medicina y lo evaluaban a través de pruebas escritas, y prácticas en anatomía, patología, farmacología, y semiología. Por lo que asegura que para poder desempeñarse como médico “solo le falta el cartón (...) Para cualquier emergencia teníamos que estar preparados, si no lo sabíamos, nos lo inventábamos”, declara el exguerrillero, que reconoce que, si actuaban mal en un procedimiento, muchas veces recibían sanciones.

 

Una de las mayores exigencias llegaba cuando se presentaban emergencias en medio del conflicto. La situación y el número de heridos condicionaban la atención, pero esos momentos de máxima tensión fueron los que ayudaron a Juan Carlos a formarse como médico.“En la ciudad uno encuentra en una cirugía al anestesiólogo, al cirujano y a la enfermera, en la guerra uno mismo era los tres. De todos modos se tenía que salvar al paciente”, cuenta Sáenz en medio de risas.

 

Sáenz afirma que las Farc proveía a sus médicos con instrumentos de primera mano, con equipos diseñados para atender cinco heridos a la vez, materiales de ortopedia y de cirugía general que les permitían tratar apendicitis, hernias, amputaciones y demás. Así aprendió a tratar muchos tipos de heridas: quemaduras, shocks y los tratamientos de rutina que incluían las cirugías de apéndice y amputaciones; así como diversos tipos de suturas y técnicas farmacológicas, procedimientos de reconstrucción y cirugías plásticas, “si el caso lo ameritaba”.

 

En la actualidad, Juan Carlos no está ejerciendo la medicina, pero se encarga de realizar los trámites para las remisiones de los casos que lo requieren. Sin embargo, el doctor Oscar Eduardo Riaño, uno de los médicos de la Defensa Civil asignado a esta zona de reincorporación, asegura que existe un trabajo en común con los médicos empíricos de las FARC: “Como grupo médico, nunca hemos propuesto una barrera a sus aportes, se ha logrado un buen trabajo, muy gratificante”, señala Riaño a Directo Bogotá.

 

La lucha contra las EPS

 

La confianza que trasmitían los médicos de las FARC en sus filas era un pilar importante para facilitar su labor. Al fin y al cabo, los médicos sabían que tantas horas de estudio no les servirían de nada si no ponían en práctica sus conocimientos, a lo que se sumaba la presión de que sus pacientes eran sus mismas familias, amigos y compañeros.

 

Así lo señala Leidy Bibiana, una exguerrillera que actualmente se encuentra en embarazo. “Era para el bienestar del grupo para lo que se trabajaba, lo que más se cuidaba y lo que se velaba mantener”.

 

Sin embargo, Leidy asegura que la confianza ha mejorado entre los médicos titulados que actualmente los atienden y la comunidad. “El médico de acá ya uno lo conoce, entonces la confianza es igual, además son respaldados por Juan Carlos y Calarcá (otro médico empírico de las Farc)”.

 

La joven cuenta las ventajas que les ha traído el cambio de vida, entre las que se destaca la  tranquilidad para formar una familia y poder acceder sin miedo a las jornadas de salud. “Es un descanso y uno vive tranquilo, se acomoda con lo poco que se tiene, pero se sabe que no se corre ningún peligro”.

 

Sin embargo, no todos es color de rosa, ahora deben enfrentarse a los trámites burocráticos de cualquier colombiano para acceder al sistema de salud. “En armas, cuando nos enfrentábamos, inmediatamente el médico lo miraba a uno y le daba su droga”, cuenta con nostalgia la exguerrillera.

 

 

Puesto de salud en Icononzo, Tolima - Foto tomada por Álvaro Hernández

 

 

Pero la situación ahora es más complicada: “mucha gente llegaba enfurecida, llorando cuando los hacían ir al puesto de salud (…) cuando los despachaban, después de soportarse la fila, los despachaban con un acetaminofén, con lo que le dan todo el día a todo el mundo”, cuenta  Juan Carlos sobre las primeras experiencias de la guerrillerada con las EPS.

 

Explica que tuvo que aclararle a la gente que dichos tramites y filas eran naturales y necesarios. “Hoy en día ya no está el medico que inmediatamente lo atendía a uno (…) aquí ya hay una realidad”.

 

El sueño de ser médicos

 

A pesar de las molestias actuales que les ocasiona el sistema de salud, excombatientes como Juan Carlos y Domingo Estrada, siguen enamorados de la idea de convertirse en médicos. “A mí me tocó aprender por obligación, pero yo sí le demostré el gusto y el interés”, señala Sáenz.

 

Y es que lo que empezaban como cursos de primeros auxilios en la selva terminaban siendo sus primeros pinos para hacer cirugías complejas, y mientras la labor de sus compañeros era perpetrar ataques, su trabajo nunca fue disparar un fusil sino curar a “sus camaradas”. Por lo que ahora buscan que sus conocimientos sean reconocidos en una universidad.

 

Sin embargo, reconocen que el camino para obtener la titulación es bastante complejo debido a los elevados costos de estudiar medicina en Colombia.  Juan Carlos destaca que para muchos de  los 6 mil guerrilleros que dejaron las armas,  la única oportunidad que tienen actualmente son las mil becas que anunció en marzo de este año el Gobierno cubano.

 

A pesar de las adversidades, mantienen la esperanza de estar entre los afortunados becados y algún día poder ejercer como médicos civiles las habilidades que desarrollaron  para curar en medio de la guerra.

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