El gerente de la cooperativa de la Farc

Rafael Malagón es el gerente de Ecomún, cooperativa de la Farc. Nació en una familia común y corriente, de músicos y poetas. Como a cientos de personas, la guerra desbarató su familia. Creció en El Meta pero la violencia, lo llevó hasta Viotá. Su padre falleció cuando tenía apenas seis años y a su madre la perdió cuando llegó otro hombre a su vida. No logró soportar al reemplazo de su padre y aunque describe a su madre con mucho amor, prefirió huir de casa.

 

 

De manera independiente logró seguir estudiando hasta completar el bachillerato. Habla de su adolescencia con alegría; estudió, viajó y trabajó. Con apenas 16 años ya tenía sus negocios, su mayor habilidad siempre fueron las ventas. En Villavicencio tuvo mucho éxito y dice que llegó a ser jefe de ventas en Carvajal.

 

Rafael antes de la guerra //  Cortesía Rafael Malagón

En 1975 inició su vida en el Partido Comunista desempeñándose inicialmente como Secretario de Teófilo Forero, destacado dirigente. El camarada Teófilo, como lo llama, era el contacto con las Farc. Más adelante Malagón fue concejal por la Unión Patriótica, presidente del Consejo Municipal de Mesitas del Colegio y parte de la dirección deeste partido en el Tolima. 

 

 

Su ingreso a las Farc no fue de un día para otro. Todo inició con la llegada de la fuerte ofensiva por parte del gobierno de Julio Cesar Turbay desde 1978, la época de las caballerizas y el Estatuto de Seguridad. Luego, en el Gobierno de Belisario Betancur en 1984 llegó el ‘Cese al fuego, tregua y paz’, o ‘Acuerdos de La Uribe’, pacto que no logró llegar a la entrega de armas por parte del grupo armado. Se comprometió a fondo con estos acuerdos desde su militancia en el Partido Comunista.

 

 

Dentro de las tareas de los Acuerdos de Paz se encontraba la creación de un nuevo partido político, que tomaría el nombre de la ‘Unión Patriótica’. En su mejor momento, el partido logró elegir 16 alcaldes, 256 concejales y 16 representantes al Congreso de Colombia. El sueño no se cumplió y más de 3.000 de sus militantes fueron asesinados, entre ellos dos candidatos presidenciales y 13 parlamentarios. Cuando se cerró esta ventana de paz al aniquilar a los miembros de la UP, Rafael recibió varias amenazas, con lo que el partido le presentó dos posibilidades: irse del país y vivir en el exilio o vincularse a las Farc. Para Rafael no había mucho qué pensar. Tomó la decisión con base en lo que por años le habían enseñado: “El exilio del comunista son las montañas de Colombia” y así fue. En el año 1986 ya estaba en armas.

 

En la actualidad para los miembros de la Farc la seguridad personal es una prioridad. Existen denuncias de asesinatos selectivos y temen que se repita la misma historia de los ochenta. Por lo pactado en los Acuerdos, Rafael cuenta con dos escoltas –que en el combate también hacían parte de su esquema de seguridad personal– y una camioneta blindada.

 

 Rafael durante la guerra // Cortesía Rafael Malagón

 

En las filas de las Farc, Rafael, encontró un nuevo hogar. La relación con sus compañeros se volvió tan cercana que los llama hermanos. Los une luchar por una misma causa. Para él, uno de los factores que hicieron a las Farc tan fuertes fue su principio de colectivismo, solidaridad y fraternidad. Dice que aún fuera de las selvas, estos valores se deben rescatar para vivir sanamente. Por ejemplo, los dirigentes que se encuentran en la ciudad viven en casas grandes junto con su núcleo más cercano de “camaradas”.

 

Hablando sobre la adaptación  a una ciudad como Bogotá, sale a flote su rechazo al capitalismo por ser un sistema que promueve la individualidad, “aquí no vales por lo que eres, sino por lo que traes encima, lo que vendes. Es un sistema de sálvese quien pueda”. Rafael dice que se nos ha enseñado que debemos estudiar para nosotros mismos, cuando lo importante sería prepararse para servirle a la sociedad, para hacer una obra digna, justa y que tenga sentido social de cambio.

 

Al pedirle que nos cuente cómo era la situación de las mujeres en la guerrilla, Rafael señala que para muchos guerrilleros la educación patriarcal y machista que habían recibido durante toda su vida, hacía que las mujeres en ocasiones fueran vistas como las que servían la comida y como enfermeras, nada más. Sin embargo, las farinas demostraron en la práctica que no es cierto que los hombres son siempre los valientes y fuertes porque en muchas ocasiones fueron ellas las que les salvaron la vida y demostraron su fuerza y su capacidad de estar a la par y con una ventaja: en la práctica suelen ser más organizadas. Él, por ejemplo, habla de Sandra Ramírez, su compañera, como “la mujer de mi vida”. Reconocida en los medios porque en el pasado fue la compañera sentimental de Manuel Marulanda, alias Tirofijo, durante 28 años, hoy en día es delegada por su organización para ser Senadora de la República.

 

Sobre la controversia por los casos de mujeres obligadas a abortar, Rafael aseguró que: “La realidad no es así, porque entre las necesidades que las Farc le cubrían a las mujeres, se encontraban métodos de anticoncepción” y, agregó, “Cuando una mujer quedaba en estado de embarazo tenía tres opciones: continuar con su embarazo pero salir del grupo armado, ya que no podía tener a su hijo en los campamentos y mucho menos en la lucha; abortarlo, pero no estaba obligada a hacerlo y, por último, estaba tomarse unos meses de maternidad y, en el momento de dar a luz, la mujer podía entregar su hijo ya fuera a miembros de su familia fuera del grupo armado o a una familia campesina que quisiera darle un hogar”. Agrega que la tercera opción era muy frecuente, incluso se presentó que en muchos casos los hijos de guerrilleros, entraran a las Farc y acompañaran a sus padres en el combate.

 

En los llanos del Yarí, en Meta y junto a 600 guerrilleros desarmados, Rafael recibió la noticia del resultado del plebiscito. El escándalo representó una situación muy difícil, pues su mayor miedo era recibir un ataque. Días después, “las Farc hizo un llamado a la sociedad y la sociedad respondió, la sociedad le dijo ‘no’ a la guerra”, lo que los impulsó a volver a La Habana y seguir negociando.

 

Hoy, más de un año después del plebiscito, Rafael confía en que se logrará un gobierno de transición que pueda cambiar “la Colombia desbaratada por la guerra y la corrupción a una nueva Colombia”. Confía en la juventud y recalca que todo lo hacen para dejarle un mejor futuro a sus hijos.

 

“Los campesinos son el tronco madre, primero el campo luego la ciudad, históricamente las raíces del país son el campo” dice Rafael. Cuando el más reciente informe de las Naciones Unidas para los Refugiados, afirma que Colombia es el primer país con desplazamiento interno con más de 7 millones 400.000 víctimas, de las cuales resaltan los campesinos, la Farc ha definido a esta población en específico como su prioridad.

 

Después de vivir la mayor parte de sus vidas en el monte, en medio del combate, a muchos guerrilleros vivir en la ciudad les genera sentimientos encontrados. Para Rafael el cambio no ha sido de todo su agrado. Dice que aunque antes mantenían en combate, él vivía feliz. En su opinión, el sistema bajo el que vivían funcionaba muy bien, no aguantaban hambre, tenían sistemas de salud y educación eficaces, el abastecimiento de todas sus necesidades funcionaba.

 

Mientras “Un día cotidiano antes era tener la posibilidad de estar con los guerrilleros haciendo el trabajo de formación ideológica y política”, explica, hoy se dio cuenta que la realidad en la vida civil es muy diferente, y todos sus compañeros se están enfrentando a cosas que jamás tuvieron que vivir: desde pagar un arriendo y servicios hasta que ya no manejan su tiempo a su antojo y otras personas les organizan sus agendas.

 

Dice que perder el contacto con el colectivo y las comunidades ha sido lo más difícil, porque era algo que hacía diariamente y con gusto. Por cumplir con tareas del partido ya no le queda tiempo ni para extrañar. Aparte de estar cumpliendo con esta labor, no tiene más por qué alegrarse de estar en la ciudad.

 

Para Rafael de los factores más dolorosos de la guerra uno fue luchar contra gente como ellos mismos, “porque luchando no estaba la familia Uribe o los Sarmiento. En las trincheras no se encontraban los que impulsan tanto la continuación de la guerra, sino que se encontraba el otro hermano de clase”, dice y, además, agrega: “los revolucionarios estamos donde está el pueblo con sus problemas”

 

 Rafael después de la guerra

 

Su sueño es ver crecer a Ecomún. Él hace gira por los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación conformando cooperativas entre todos los excombatientes. Su objetivo es que el partido tenga ingresos para poder cumplir los objetivos revolucionarios, desde la legalidad.

 

Rafael asegura que el compromiso que tiene con Colombia para remediar todos los errores del pasado y construir un país en paz es gigantesco, pero afirma que el movimiento está dispuesto: “ya tenemos claro que de algo tenemos que morir y el compromiso es darlo todo, hasta la vida, por los intereses de nuestro pueblo, lograr unir las mayorías nacionales para poder construir una nueva sociedad”. Por eso está de acuerdo conmigo en que esta es una historia a la que le falta mucho por contar. Colombia puede hacer historia sin guerra.

 

 

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