Un oasis de letras en medio del desierto

En la lucha contra el auge comercial de San Pedro de Atacama, nació en la segunda mitad del 2016 la Librería del Desierto, iniciativa de una editorial independiente que busca alejarse de lo cotidiano en el pueblo más turístico de Chile.

 

Fachada del tráiler,ahora Librería del Desierto // Fotografía de Mateo Yepes

 

Este Ayllu –oasis en lengua nativa-, se encuentra a un poco más de tres kilómetros del casco urbano de San Pedro, lo que obliga al visitante a montar unos 20 minutos en bicicleta bajo el sol picante del desierto más árido del mundo. “La librería, entonces, se ha mantenido como un lugar en donde la gente puede experimentar la cultura local, la identidad local, algo que el pueblo, por su naturaleza eminentemente turística y de servicios, ha dejado mucho de lado”, dijo Mauricio Mena, mientras explicaba la razón e historia de su proyecto máximo que creó junto a Diego Álamos. Los dos, licenciados en filosofía, se unieron para darle a ese lugar del norte de Chile un impulso en su identidad y tradiciones culturales que, según él, se han perdido en los últimos años.

 

El nacimiento del oasis

 

Diego Álamos, el ideólogo de la librería, llegó a San Pedro de Atacama guiado por el amor. Su esposa, arqueóloga, tuvo que emigrar al norte de Chile para trabajar con el Instituto de Arqueología de San Pedro de Atacama y ser docente en la Universidad Católica del Norte. Diego, por su parte, dejó en Santiago a una editorial fundada por él llamada Chancacazo y también el puesto de presidente del gremio de Editores Independientes de Chile.

 

Al llegar a San Pedro, Diego trabajó como asesor de una entidad pública de cultura y arte y, a medida que construía su casa y manejaba la editorial Ediciones del Desierto, iba pensando que una librería sería ideal para impulsar la cultura atacameña.

 

A medida que la editorial va funcionando, Diego se da cuenta que en San Pedro de Atacama no había una librería y decide poner una. La casa de afuera (al lado del tráiler que alberga a los libros), es la de Diego. A medida que la casa se construía, la parte lateral de la librería era la casa de obra y Diego decidió ampliarla y fundar ahí la Librería del Desierto”, dijo Mauricio al caminar por la casa de su compañero.

 

Hoy, la Librería del Desierto es un tráiler de dos ambientes que tiene como carga muchos libros en su interior. Hay unos colgando, otros en estantes y algunos en las mesas de afuera. Parece que el lugar se quedó pequeño para alojar a tantas obras. A su lado, la vegetación típica del lugar con maizales, algarrobos y piedras volcánicas. Desde la cordillera de los Andes, el volcán Licancabur vigila cada movimiento que se hace en el valle desértico atacameño. Este cerro, según las creencias nativas, es el protector.

 

  Interior de la librería // Fotografía de Mateo Yepes

 

 

Knock out del turismo a la cultura

 

Al día pueden llegar entre 6 y 40 personas a la librería. Allí, Mauricio espera paciente y cuando llegan, explica el origen y da un tour por la casa y los cultivos. Cuenta las leyendas, ofrece un café y da al visitante libertad para elegir qué ver, qué coger y qué comprar.

 

Sin embargo, es difícil que llegue gente todos los días. San Pedro de Atacama se ha caracterizado por ofrecer bienes y servicios ajenos a la cultura autóctona. Se ha convertido en un lugar de turistas, para turistas. Esa industria, que muchas veces es peligrosa, ha acabado con las tradiciones y costumbres del pueblo. Como dice Mauricio, “la gente llega, toma un tour por la mañana, llega por la tarde, cena, se toma una cerveza y se va a dormir. Así se repite todos los días hasta que se van”.

 

Ahí está el aspecto diferencial de esta librería. Si la gente quiere cultura, que se esfuerce por conseguirla, que pedalee y llegue a ese Ayllu que la ofrece ahora. Según él, es la única librería rural de Chile. Se atrevió, incluso a decir que es la única en Latinoamérica, sentenciando “Uno puede encontrar librerías rurales pero en parques naturales, que tienen literatura exclusiva de esos lugares, pero nada como este proyecto”.

 

Es por eso que poner la librería en el pueblo no ayudaría, sino que llevaría el proyecto al ocaso. “En el casco urbano es donde se ofrece, acá es donde se vive. Entonces la posibilidad de la gente de llegar para acá, tener que pedalear o caminar, es parte de la experiencia”, afirmó Mauricio.

 

Aparte de la venta, hacen concursos y actividades que reúnen a lectores visitantes de todo el mundo. Así intentan, en la medida de lo posible, responder a la agresividad del turismo a gran escala, ofreciendo una inmersión total en la importante pero poco reconocida cultura atacameña. En palabras de Mauricio: “El estar aquí implica entonces conectarse con la cultura”. 

 

 

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