El grupo teatral Knockout presentó en Medellín y Bogotá la obra 'Nos mataron la risa'. Un homenaje a Jaime Garzón, un espacio que le recuerda a las nuevas generaciones el poder de “una voz crítica, reflexiva y participativa en las decisiones y acontecimientos de nuestro país”, tal como fue la del humorista, asesinado hace 19 años.     

 

 

Fotografía Cortesía Artista Klauss

 

 

 

“Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente”

Artículo 12 de la Constitución colombiana, de su traducción a la lengua wayuunaiki. 

 

El miedo no es la forma de callar personas inconformes con su realidad, cansadas de ver las diferencias del poder; no lo fue para Garzón y no lo es ahora para los artistas del grupo Knockout. Estos son unos jóvenes que llevan trabajando más de cuatro años en teatro y cuyas temáticas son siempre “colombianas”, es decir, en palabras de David Suárez, el actor que interpreta a Jaime Garzón: “acontecimientos históricos o actuales de nuestro país que afecten o que refuercen nuestra identidad propia”.

 

Por ello decidieron montar la obra Nos mataron la risa. Un homenaje a Jaime Garzón, en la que representan la vida personal del humorista asesinado y buscan “mostrar la verdad de este personaje y construirla a través del pensamiento real, social y político”. “Porque ahí es donde aún está Jaime”, dice con vehemencia Ruderico Salazar, director de la obra.

 

 Fotografía Cortesía Artista Klauss

 

Esta pieza teatral se encuentra dirigida a las generaciones que nacieron después de los años noventa y para que sean ellas quienes, según David Suarez, “entiendan que todos podemos ser un Jaime, una voz crítica, reflexiva y participativa en las decisiones y acontecimientos de nuestro país”. Hasta el momento consideran que han cumplido su objetivo, pues en tres meses y medio que llevan presentando la obra, primero en Medellín durante mayo y junio y ahora en Bogotá, en el teatro Ditirambo de Galerías los días 24 y 25 de julio, se han tenido que doblar en funciones y han llenado auditorio, por lo que esperan volver en próximas fechas. Lo cual en palabras del director es una muestra de que el mensaje está llegando adecuadamente.  

 

La obra consiste en personificar tres diferentes facetas de la realidad colombiana en el momento en el que vivía Garzón. La primera es la de Carlos Castaño: en ella muestran cuáles fueron sus motivaciones desde pequeño para comandar las AUC. La segunda es la de Jaime Garzón, y la tercera la de Soledad Díaz (enfermera durante el conflicto), actriz que también representa personajes como Piedad Córdoba o Marisola Garzón, hermana de Jaime. La puesta en escena dura aproximadamente dos horas, que exigen toda nuestra atención para identificar cuánta de esa historia que estamos viendo representada sabíamos y cuanta hemos olvidado.

 

 Fotografía Cortesía Artista Klauss

 

Como director, Ruderico Salazar les dio a los artistas unos parámetros para que a partir de allí hicieran un ejercicio de dramaturgia colectiva; este método de trabajo consiste en que los mismos actores crean el guión de la obra de teatro. Los diálogos de Garzón son casi el 90% de conferencias, entrevistas o testimonios de la vida real del periodista, incluso hay momentos en que ponen un audio con su voz real al fondo.

 

Para el personaje de Castaño el trabajo fue más difícil, según Juan David Ossa, actor que lo interpreta. Uno de sus mayores obstáculos al representarlo fue “ver cómo empieza su vida y cómo va cambiando a medida que crece”. Mostrar que en él también hubo influencia de un entorno social y familiar. Revivir toda la guerra que hubo detrás de este personaje y lo que representaba para el país también generaron un eco en el artista, quien menciona que “es duro todos los muertos que hay detrás de esta narrativa porque siempre se escucha  y se siente y eso es la historia de Colombia. Saber que detrás de este personaje no todo es oscuro y que ese man pudo haber hecho mucho por el país si hubiera estado del otro lado”.

 

Entre esas otras perspectivas que se intentan mostrar en la obra también se encuentra la de Soledad Díaz, una mujer que ejemplifica las fallas del sistema de salud, la crueldad de la guerra con los civiles y el punto de alguien neutral que no juzga a ninguno de “bueno” o “malo” simplemente ayuda a personas. Su papel muestra como durante la época ser mujer y enfermera no era tampoco una tarea fácil porque a pesar de que representaba una parte muy humana de la sociedad, según Viviana Zuluaga, artista que la interpreta, “a Soledad el proceso y el mismo desequilibrio social la hastía, la cansa el sistema de salud”. Zuluaga también hace el papel de Piedad, la maquillista del periodista y su hermana, quienes son la “voz femenina de esa sociedad que intentan acallar”.

 

Fotografía Cortesía Artista Klauss

 

Para poder variar entre tantos personaje utilizaban elementos o momentos muy puntuales de su vida, por ejemplo hay una escena en que Piedad, después de ser liberada de su secuestro,  está en una reunión con Jaime en el restaurante El Patio. Para mostrar esta situación utilizan una bufanda en forma de turbante, que después usan para que parezca una cobija que está usando Marisol.  Representar a la mujer es complejo pues muestra que esa problemática de género no ha cambiado en casi 20 años, “que  lidiar con las fuerzas del poder es aún normal, pero que ahora se perfila diferente . La mujer sigue siendo un botín de guerra y se le siguen vulnerando todos sus derechos. No nos ponemos una máscara y mañana nos la quitamos, pero el machismo sigue ahí”, dice Zuluaga.

 

¿El resultado? El poder de la palabra era y es absolutamente fuerte. A Garzón lo asesinaron por dialogar con todos y por todos, a Castaño su padre le enseñó, a través de un discurso que infundía sentido de pertenencia férreo, que lo correcto era luchar como fuera por su país y Soledad “se tenía que morder la lengua porque no podía hablar”. Aún sabiendo toda esta historia y que, en palabras de Alexander Betancur, el diseñador del grupo, la obra es un reflejo de la sociedad actual, Knockout no tiene miedo de hablar sobre lo que “no se debe”.

 

Con esta premisa inauguraron su obra en Medellín: “una ciudad en la que miedo es el que manda aún casi 20 años después de la muerte de Jaime Garzón, una ciudad en la que nos señalan, nos culpan o nos etiquetan por seguir a un personaje tan significativo”, dice David Suárez y también menciona precisamente que uno de los mayores retos al presentar la obra ha sido “ver cara a cara el miedo en los ojos de los espectadores cuando tocamos temas tan fuertes como el paramilitarismo, o la dictadura, especialmente en una ciudad tan complicada como Medellín”. Ellos seguirán haciendo funciones con esta obra y esperan volver a Bogotá con esta o con La penúltima cena, la siguiente pieza en su repertorio.

 

 

  

 

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