El arte desobediente en un país con ataduras

Hasta el 14 de octubre se exhibe en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) la muestra “El Arte de la de Desobediencia”. Más de cien obras de la colección permanente del Museo dan cuenta de la emergencia y consolidación del arte moderno en Colombia.

 

 Fotografía tomada por Mariana Estrada. Exposición "El arte de la desobediencia".

 

Colombia. Un país cambiante, lleno de historias y de luchas. Ese es el país que se vivía en la segunda mitad del siglo XX, con realidades tal vez no muy distantes a las que se viven hoy en día. Entre los años 1965 y 1984, Colombia tuvo un auge artístico del que el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) fue testigo. A lo largo de este tiempo, los artistas colombianos pedían a gritos un cambio y se rebelaron en contra de los estándares de la época en cuanto a vida cotidiana, política, sexualidad, religión, machismo e incluso modernización.

 

A través de la colección del MAMBO, exhibida actualmente en la muestra “El Arte de la Desobediencia”, se da una mirada al surgimiento del arte contemporáneo de Colombia en el siglo XX, el cual tuvo un quiebre importante con el modernismo. Esta impresionante exposición cuenta con más de 100 obras de Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla, y tiene a tres mujeres como curadoras. María Wills, quien además es investigadora de arte; Sylvia Suárez, curadora y doctora en Historia del Arte; y Carmen María Jaramillo, autora de los libros Alejandro Obregón y Fisuras, del arte moderno en Colombia.

 

 Fotografía tomada por Mariana Estrada. Exposición "El arte de la desobediencia".

 

Son tres pisos repletos de historias y de manifestaciones que dejan ver la Colombia de ese tiempo. Una ruptura drástica en la manera de hacer arte y de arriesgarse a criticarle, a través de diferentes técnicas como la serigrafía, las pancartas, la fotografía y la instalación. Los artistas comprendieron que ya no era indispensable un lienzo y un pincel para hacer arte.

 

Son cuatro salas distribuidas en tres pisos, las cuales no tienen un orden específico en las que deban ser recorridas. Cada una de ellas cuenta varios momentos históricos y temáticas diferentes. Una de ellas queda en el sótano y es llamada ‘Concreto’. En esta se hace un recuento de la arquitectura colombiana de aquellos años, las nuevas construcciones, el transporte público, los desplazamientos de tantas personas que venían de las zonas rurales a instalarse en Bogotá; un entorno capitalino de modernización y expansión masiva.

 

Así pues, se comenzó a generar un tipo de arte diferente al convencional, un arte desobediente. Los artistas empezaron a problematizar los cambios de la ciudad que tanto los estaban impactando. Tomaban elementos de las calles para la producción de sus obras como estructuras de metal, marcos de ventanas rotas e incluso ladrillos.

 

La serigrafía (impresión de imágenes sobre diversos tipos de material) fue una técnica que se empezó a ver mucho en el arte colombiano como por ejemplo, en la obra ‘Hola Soledad’ de Óscar Muñoz. La fotografía se veía como una manera de registrar actos efímeros, como en la obra de Óscar Monsalve. Las pancartas también son parte de esta exposición, ya que en esos años era la única fuente visual para las personas, a diferencia de hoy en día donde vivimos en una era audiovisual y cada segundo consumimos imágenes. Un ejemplo de esta es la obra de pancartas en las calles, de Adolfo Bernal en 1979.

 

Fotografía tomada por Mariana Estrada. Exposición "El arte de la desobediencia".

 

La instalación in situ fue un gran cambio en el arte, ya que en este tipo de técnica la obra dialoga con el espacio intervenido y es solo en este espacio donde esta cobra sentido, como los pedazos de hierro, pavimento o materiales de construcción que se evidencian en ‘Concreto’, los cuales si los sacamos de esta sala no tendrían ningún significado.

 

Una obra bastante particular es la de Miguel Ángel Rojas, ‘Grano, el túnel del tiempo”, instalación en la que el artista recrea el patio de sus abuelos y el cual a primera vista parece baldosa, pero es hecho en polvillo de una manera muy cuidadosa y detallista. Además, cuentan que en 1981, año en el que se presentó por primera vez la obra, metieron una gallina para que destruyera todo el polvillo; en este año la idea es hacerlo con una serpiente… habrá que ver.

 

Siguiendo el recorrido, en el segundo piso está la sala ‘Dioses y héroes’. Esta expone la difícil situación del país, uno lleno de violencia y sangre. Los artistas representan a ese pueblo inconforme, cansado de los abusos del poder y de las injusticias. Incluso por medio de varias imágenes de Cristo, manifiestan su descontento de la presencia de la Iglesia en el entorno político y en la vida cotidiana; de hecho, hasta la constitución de 1991 Colombia deja de ser un estado confesional católico. Esto se refleja en obras como la de Juan Camilo Uribe: ‘La nueva imagen de Colombia” (1979) en serigrafía, donde está Jesús en el centro con varias banderas colombianas alrededor.

 

Fotografía tomada por Mariana Estrada. Exposición "El arte de la desobediencia".

 

Los políticos empiezan a ser blanco de los artistas como por ejemplo para Beatriz González. Ella solía retratar constantemente al ex presidente Julio César Turbay como en su ‘Tigre de Papel’, obra en la que literalmente un tigre enorme hecho de papel refleja cómo el mandatario puede aparentar ser muy fuerte, pero en realidad es frágil y en cualquier momento se puede romper. Además, en la sala lo acompaña una gran pancarta de tela roja que dice: “El imperialismo es un tigre de papel”.

 

‘Satisfacción no Satisfacción’ es una sala que evidencia el papel de la mujer en aquella época y cómo querían romper con esos estigmas. La mujer empieza a entenderse ya no como objeto de deseo sino como alguien que desea, inmersa en una sociedad completamente machista. Varias obras de Arnulfo Luna y León Ruiz en esta sala son un gran ejemplo de cómo se empezó a denunciar el machismo.

 

Además, se hace una crítica al tema de la sexualidad. ¿Por qué es un tabú? ¿Por qué las mujeres no pueden vivir abiertamente su sexualidad si así lo quieren? ¿Por qué no pueden tener control sobre su cuerpo como con las pastillas anticonceptivas? Estas eran algunas de las preguntas que se hacían en esa época y luchaban por cambiar esas actitudes.

 

Finalmente, en el último piso está la sala ‘Esto no es arte’ en la cual nuevamente, las obras son hechas de las maneras más inesperadas. Por ejemplo, los artistas recolectaban elementos cotidianos ya que para ellos estos ya tienen una historia detrás, unos diálogos por medio de los cuales se puede hacer arte. Por primera vez, el artista es crítico y curador de su obra de arte.

 

Fotografía tomada por Mariana Estrada. Exposición "El arte de la desobediencia".

 

Una obra que refleja esto es una estructura repleta de zapatos viejos, usados, rotos y sucios de toda clase: tennis, tacones, sandalias o botas de personas de todas las edades. Aquí se evidencia cómo un acto de la vida cotidiana como caminar, usar un zapato, desgastarlo, jugar con él, puede ser una práctica artística, solo porque detrás de eso hay una historia de quien lo usó.

 

Así pues, esta exposición sin lugar a dudas es una de las más completas que pueda haber hecho el MAMBO. Cada esquina cuenta una historia, una forma de vida, una anécdota, inmersas dentro de un país problemático pero a la vez cambiante, transformador. “Son posturas distintas de artistas que fueron desobedientes a su manera, rebelándose contra a las instituciones establecidas”, afirma Nicole Arango mediadora de la exposición.

 

La pregunta es ahora, ¿por qué traer una colección de obras del MAMBO de hace casi 40 años? Porque no muchas personas la conocieron en su momento y es una exposición repleta de historia del país, de cambios, de liberaciones y de críticas frente a lo que no estaba bien. Además, porque cada cosa tiene relación con el presente: el caos de la ciudad, la construcción masiva en las ciudades, la inconformidad del pueblo en cuanto a política, religión y por supuesto frente al papel de la mujer. Porque tal vez esta exposición desobediente nos recuerda que en realidad no hemos cambiado tanto frente a lo que éramos décadas atrás.

 

Fotografía tomada por Mariana Estrada. Exposición "El arte de la desobediencia".

 

 

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