Entre ladrillos y olvidos

Para Gonzalo Mallarino, autor de Delante de ellas, todos los lugares tienen su carácter “y representan cosas distintas. Hay lugares que no son particularmente bonitos, pero son tremendamente bogotanos y representan muchas cosas. Y estando ahí yo me siento como conectándome con cosas que están en el pasado, en mi pasado, que no está referido sólo a mi biografía sino a todos los que son antes que yo. Es una cosa colectiva muy impresionante que forma como los sueños y el inconsciente de la forma de ser bogotano, de la forma de pertenecer a cualquier lugar. Los parques, los pinos, eso es muy impresionante. Levantar la vista y ver los cerros, la neblina, los eucaliptos, Monserrate, cada cosa tiene su temperamento, su tesitura. Y le pertenece a uno y uno le pertenece a todo eso”.  

 

 

 

 

La Merced, Bogotá. Carrera quinta con calle 34. Estoy de pie frente al Colegio San Bartolomé de La Merced. Muchas veces había estado acá. Es una parte de Bogotá por la que cruzo muy seguido, y a pesar de verla casi a diario, no había recorrido sus calles de la manera en que hoy lo hago. Es un barrio bastante diferente, no hay edificios altos ni modernos, sólo casas: casas de ladrillo, con patios amplios y balcones; tejas en los techos, dos o tres pisos de altura. Es un barrio uniforme, organizado, señorial. La calle 34 está rodeada de todas estas construcciones de antaño y llenas de historia, al igual que la Carrera Quinta al cruzarse con la 34, se envejece de repente.

 

En su libro, Mallarino describe este lugar desde lo vivido por su protagonista: “Salí de la parroquia y empecé a caminar, cogí un taxi en la avenida Caracas y sin saber por qué le dije al conductor que me llevara al barrio La Merced. Me bajé del taxi frente al colegio de San Bartolomé. Yo no sabía cuál podría ser la casa, sólo caminé mirando las casas altas con patios enfrente y enredaderas en las paredes oscuras de ladrillo.”

 

A pesar de sus años, ya que el barrio se construyó entre 1930 y 1940, las fachadas de las casas y del colegio se ven impecables, como si los años olvidaran pasar entre sus ladrillos. Las casas del barrio La Merced son pequeños espacios de reuniones, su idea principal de hogar ha pasado a un segundo plano y ahora, la mayoría de las casas, son utilizadas como centros educativos y comerciales. O eso delatan los carteles políticos publicitarios colocados en las paredes. De la Calle Presidente es el que más resalta entre los ladrillos y ventanas. Arturo Tejada Cano. Escuela de diseño y mercadeo de moda, se lee en una piedra colocada estratégicamente en la entrada de una de las casas, de la que salen y entran hombres y mujeres con maletas y cuadernos.

 

Fue bastante curioso. Me sentí como Alicia, la protagonista de Delante de ellas, me conecté con ella y sentí lo que sintió ese día del 62, escondida tras un árbol frente al Colegio San Bartolomé. Subí por la calle 34, justo como Alicia, llegué a la Carrera Quinta y me senté frente al Colegio San Bartolomé. Saqué el libro y leí de nuevo. “Nada ha cambiado allí, está el colegio de los jesuitas, la avenida quinta, las casas en hilera…” Levanté la mirada y vi lo que el libro acababa de describir, como si estuviera viendo lo que yo veo.

 

En ese momento pensé en Alicia, una médica ginecobstetra preocupada por la salud de las mujeres, y la vi, escondida en un árbol junto a la Calle 34, observando atentamente a Salviatti, el profesor de su hija; odiándolo, como el libro lo había detallado.

 

Por esta calle, la 34, habrán pasado miles de historias y personas. En estas casas habrán vivido cientos de familias ya olvidadas. Incluso los arquitectos chilenos encargados de darle vida a este barrio, no deben ser recordados por nadie. Son pocos los que deben saber sobre ellos y sobre el estilo Tudor en el que están inspiradas las casas, que le permitió ser declarado como Sector de Interés Cultural.

 

Me levanté y volví a recorrer el lugar con la mirada. Sentí que nunca había estado ahí y en realidad era así. De hecho, pienso que en los lugares más comunes de Bogotá ha estado muy poca gente, porque la mayoría se limita a pasar y no a estar. Todas las personas, al pasar por una calle o parque, tienen claro que ese espacio les pertenece; sin embargo, no todas son conscientes de que también pertenecen a ese lugar.

 

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