El avistamiento de aves está surgiendo como una alternativa para realizar turismo ecológico, reconocer nuestra biodiversidad y cuidar el medio ambiente que nos rodea. En Bogotá encontramos una gran variedad de especies y una amplia opción de lugares ideales para realizar esta actividad que, además, es sencilla y entretenida.

 

Copetón. Cortesía de Pedro Camargo, presidente de la ABO. El pájaro copetón es una de las aves que podemos encontrar en los humedales de Bogotá.

 

No cabe duda de que en Bogotá hay una inmensa cantidad de actividades por hacer, desde restaurantes, fiestas y bares, hasta museos, conciertos y obras de teatro. Sin embargo, cada vez cobra más fuerza otra serie de actividades: el turismo ecológico en general, las caminatas por las zonas verdes de la capital y, en particular, el avistamiento de aves en los humedales de Bogotá.

Según Jorge Escobar, presidente de la Fundación Humedales de Bogotá, se han encontrado y registrado 74 humedales en la zona urbana de Bogotá, entre los que se cuentan La Conejera, Juan Amarillo y La Florida. Escobar explica que los humedales “son uno de los ecosistemas que más biodiversidad albergan. La Conejera, por ejemplo, fue declarado como uno de los 14 mejores sitios para ver aves en el mundo”.

 

Colombia es reconocida por su diversidad de aves y su fama como destino para el avistamiento se vio reforzada luego de quedar en primer lugar en los dos últimos años en una competencia llamada Global Big Day, un evento en el que participan ambientalistas, ornitólogos y aficionados de todo el mundo y en el que compiten por registrar más aves en un día. En el último evento, que se realizó en mayo, nuestro país registró 1.546 especies en 24 horas, seguido de Perú y Ecuador. Por eso, eventos como este han ayudado a que el avistamiento de aves se popularice como actividad y sea más reconocido.

 

La biodiversidad de Bogotá

 

Podríamos pensar que el avistamiento de aves o “pajarear”, como lo llaman quienes lo practican, se da únicamente en zonas rurales, bosques o selvas, pero eso no es del todo cierto, pues en las zonas urbanas también se puede desarrollar esta actividad. Pedro Camargo, presidente de la Asociación Bogotana de Ornitología (ABO), explica que hay una gran variedad de lugares para pajarear en Bogotá, y que, además, tenemos una gran diversidad de especies: “Los humedales son un sitio clave para hacer observación dentro del Distrito, porque podemos ver aves acuáticas también. Los cerros orientales pueden ser más difíciles en temas de seguridad, pero también son muy interesantes”.

 

Cucarachero del pantano. Cortesía de Pedro Camargo, presidente de la ABO. El cucarachero del pantano es otra de las especies propias de la sabana de Bogotá, que también se encuentra en los humedales. 

 

Las opciones para pajarear son amplias y hay lugares para todos los gustos, desde sitios urbanos hasta parques naturales cercanos, como cuenta Camargo. “El Jardín botánico tiene elementos que no se ven en otras zonas más urbanas de la ciudad, y últimamente el parque Virrey se está usando mucho también.

 

Alrededor de Bogotá también están los parques Sumapaz, Chicaque y Chingaza”.

Si bien en todos los humedales de la ciudad podemos encontrar más o menos las mismas especies, pues todos poseen el mismo ecosistema, en algunos lugares podemos ver más o menos pájaros, dependiendo de su tamaño y su cercanía con sitios muy transitados de la ciudad. Por ejemplo, es más fácil pajarear en La Conejera, ubicado casi a las afueras de Bogotá por el occidente, que en Santa María del Lago, que está en el interior del casco urbano. “El humedal Córdoba es el humedal que más especies de aves tiene, pues llega a 170 especies. El humedal Santa María del Lago estrenó hace dos años un observatorio especial para pájaros, y ya pasando el puente de guadua tenemos el humedal La Florida, que alberga dos especies en peligro de extinción: la tingua bogotana y el cucarachero del pantano”, explica Escobar.

 

Sin embargo, solo en Bogotá podemos encontrar alrededor de 200 especies de aves, según los censos que realiza la ABO, entre los que se encuentran las ya mencionadas tingua bogotana y cucarachero del pantano, la tingua moteada, la tingua pico amarillo, la tingua pico rojo, águilas, búhos, patos como el zambullidor o el turrio, aves nocturnas, mirlas, copetones, currucutís, gavilanes y un largo etcétera. En la sabana de Bogotá encontramos hasta 300 especies, sin contar las aves migratorias que pasan por este territorio en marzo, abril, octubre y noviembre.

 

Cómo ver aves

 

La ABO, además de realizar “censos navideños” desde su nacimiento (a finales de los años ochenta), una actividad en la que registran las aves de Bogotá, desarrolla también dos censos de aves acuáticas y un censo de aves migratorias; también participa en el Global Big Day y en otros proyectos, como el estudio de las especies de aves que habitan alrededor del río Bogotá. Actualmente la ABO está escribiendo un libro sobre la conservación de los colibríes en la región y el año pasado publicó, junto al Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, la Guía de buenas prácticas para la actividad del aviturismo en Colombia.

 

 

Adicional a esto, la ABO realiza recorridos mensuales de avistamiento de aves en Bogotá y sus alrededores, con el fin de que aquellos que estén interesados conozcan tanto la fauna que existe en Bogotá, como la diversidad que hay en zonas un poco más rurales, pero que continúan siendo de fácil acceso. Las fechas de dichas salidas se publican en sus redes sociales y en su página web.

A su vez, la Fundación Humedales de Bogotá realiza visitas guiadas por los diferentes humedales de Bogotá, y también anuncian las fechas en sus redes sociales. Igualmente, existen otros grupos que se dedican a pajarear, como Avestamiento, que funciona en Engativá y Suba, y Observadores de Aves del Noroccidente, en dicha zona de la ciudad.

 

El procedimiento para ir a pajarear es muy fácil, solo se necesita querer desconectarse durante unas horas de la velocidad de la vida citadina, tener ganas de respirar un aire un poco más puro y seguir unas pequeñas recomendaciones básicas, como madrugar, pues “los pajaritos se despiertan con hambre, y es cuando más se mueven y más emiten cantos”, como explica Camargo; llevar binoculares para poder observar mejor el comportamiento de los animales; tener un libro guía o una aplicación que ayude a identificar las especies y, si es posible, ir con alguien que tenga un poco de conocimiento sobre el tema, en especial al principio, pues hace más agradable la experiencia.

 

Es importante también que sean grupos pequeños, de no más de quince personas, e ir vestidos con colores no muy vistosos, para no asustar a las aves. Son caminatas lentas, silenciosas, en las que lo fundamental es ir muy atento, observando el suelo y los árboles, para no perderse de nada, pues no falta el búho que está quieto y callado en una rama de un árbol y, si andamos rápido, nos lo perderemos.

 

¿Para qué pajarear?

 

Al hacer aviturismo y ecoturismo en general, “la gente reconoce su propia biodiversidad; al conocer y disfrutar los pajaritos se crea un nexo con ellos, y eso los lleva a tener un mejor comportamiento ambiental”, dice Camargo. El manejo de residuos, el consumo de recursos naturales y el cuidado del ambiente mejoran cuando reconocemos y nos preocupa lo nuestro y, además, este tipo de turismo beneficia no solo a los ecosistemas, sino también “a las comunidades interesadas en los temas ambientales, pues genera dinero para la restauración y motiva la protección”, explica Escobar.

 

 

José Joaquín Prada, ingeniero civil y miembro de la ABO, comparte la opinión de Escobar. Prada comenzó a pajarear desde el 2010, cuando fue a una actividad en el humedal Córdoba, y desde ahí quedó encantando con el avistamiento de aves. Cuenta que pajareando “uno no se da cuenta de cómo pasa el tiempo. Lo que más me gusta es conectarme con la naturaleza, desconectarme de la cotidianidad citadina”. Esta actividad también le ha permitido conocer más a fondo los lugares y la biodiversidad de Bogotá. “Si uno no conoce lo que tiene, no sabe qué es lo que debe cuidar”, afirma.

 

Definitivamente, realizar avistamiento de aves ayuda a salir de la rutina, a aislarnos del ritmo acelerado que solemos llevar y a conocer más nuestra ciudad, sus humedales y su riqueza. Es un pasatiempo que no requiere mayor equipamiento, pues basta con unos binoculares y ubicar el humedal más cercano para disfrutar de la belleza de todas las aves que nos rodean y que en nuestro día a día tal vez no percibimos.

Humedal Santa María del LagoFOTO: Ana Lucía Barros. El Humedal Santa María del Lago, ubicado sobre la calle 80, es uno de los 74 humedales de Bogotá y un lugar óptimo para pajarear.

 

 

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