Si hay un lugar en Bogotá que concentre la esencia de lo que es ser capitalino es el centro de la ciudad.

 FOTO: Juan León

 

El centro de Bogotá es un lugar de contrastes, de elementos que a pesar de ser contradictorios no tienen disputas entre sí, sino que comparten pacíficamente. De la misma manera se observan una infinidad de combinaciones de elementos que sólo al verse en conjunto pueden definir lo que es la ciudad.

 

Se encuentra una arquitectura impecable en donde se concentran los mayores órganos de poder político, unos de los edificios más altos del país (la Torre Colpatria y Bacatá) y muchos espacios para la difusión y creación del arte. Pero a su vez, en el centro de la ciudad reina el caos, hay palomas que se posan en todas partes y que vuelan en todas las direcciones, hay desorden, movimiento constante de personas que van afanadamente a algún destino, lugares en donde se concentran grupos de personas para ver algún pequeño espectáculo callejero, comercio de todo tipo (‘lo que no se encuentra en el centro, no existe’), música y sonidos diversos y una amplia gama de lugares donde comer.

 

 

 FOTOS: Pablo Taborda, Santiago Mejía, Juliana Abdala, María Jozame.

 

Y es este encuentro simultáneo y fluido de mundos distintos; de mundos que podrían chocar o que bien podrían estar separados por límites no tangibles, pero evidentes en la organización del espacio, lo que lo hace ser realismo maravilloso. El centro capitalino es esa concentración de casualidades que no podrían ocurrir en ningún otro lugar del mundo de la manera que ocurren acá.

 

Además, se suma a esta característica de su ser, que este es un espacio que define lo que es ser bogotano y lo que es en sí la ciudad. Si quiere conocer el alma de la capital y sus habitantes no puede faltar una visita a profundidad por La Candelaria y sus calles de antaño, pasar después por todos los museos de arte e historia (MAMBO, Museo Nacional, Museo del Oro, MAMU, Museo del Banco de la República, etc.). También no se puede olvidar ir por un buen buñuelo con avena cubana o si ya va siendo la hora del almuerzo un ajiaco santafereño, comprar un helado, un salpicón de frutas o una ensalada de frutas ‘con todos los juguetes’ (helado, queso, salsa de mora y toda la variedad de frutas). Es indispensable ir a la Plaza de Bolívar, a la torre Colpatria y alrededor de esta última visitar las librerías de re-venta de libros imposibles de conseguir en otros lados de la ciudad y a tan buenos precios.

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Pero más que nada el centro de Bogotá es un lugar para caminar, para respirar sus aromas, para escuchar sus sonidos, para visualizar el entorno y la gente que se expresa de tan diversas formas públicamente.

 

Viaje al centro y díganos si también sintió ese realismo maravilloso, ese encuentro de opuestos, esa esencia combinada de lo que es ser bogotano.

 

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