“Ya no es la juventud de la experiencia de la guerra, sino la juventud de la expectativa de la paz”

Camilo González Posso, ex Ministro de Salud que desde la Constituyente del 91 le ha hablado al país sobre Paz, y ahora presidente del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), habla en esta entrevista.

 

FOTO: Laura Vargas

 

 

Directo Bogotá: El 24 de noviembre del 2016 se firmó el Acuerdo Final de Paz entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). A dos años de la firma de estos acuerdos, ¿qué cambió en el país?

 

CG: Yo pienso que cambió una parte muy importante de la historia de Colombia porque realmente el Acuerdo significa la terminación de una guerra. Los indicadores más fuertes de violencia, que ya venían descendiendo desde el año 2006- 2007, ahora están en los niveles más bajos. Sin embargo, a dos años de la firma del Acuerdo aún hay persistencia en la transición y siguen existiendo situaciones de violencia, pero con dinámicas distintas. Se pasó de una situación de conflicto armado interno a una situación en la cual lo que se presentan son confrontaciones armadas regionales localizadas pero que son relativamente marginales. Esto en las zonas donde hay disputas territoriales por el vacío que deja el retiro de la Fuerza Armada de las FARC, se ve entonces la problemática por la muerte de líderes defensores de derechos humanos. Esto último es una situación que se ubica en forma crítica en 60-70 municipios del país, sobre todo en municipios de frontera donde hay unas confrontaciones por derechos territoriales y de recursos o por negocios ilícitos y también algunos negocios lícitos. Sin embargo, sí hay una transformación y estamos en una dinámica en donde hay una gran oportunidad para la terminación definitiva de un ciclo de 50-60 años de guerras que sometieron al país. Yo creo que ese es el gran cambio

 

DB: ¿Cómo va la implementación de los acuerdos de paz a dos años de la firma de estos? ¿Cuáles son los puntos más críticos?

 

CG:  Uno de los puntos más críticos del Acuerdo es el de la Reforma Rural Integral. Esta no se ha iniciado realmente y las normas no van a fondo. Se ha esperado que se le dé una respuesta a la economía campesina, entonces lo que ha avanzado es lo de regularizar la gran producción agraria y sanear situaciones de títulos y de propiedad, pero en lo otro no se ha avanzado. Por ejemplo, la política de drogas está en retroceso porque no solamente hay un incremento de todo el narcotráfico a nivel mundial, sino porque en Colombia ha sido muy corta y muy lenta la respuesta a la expectativa de los campesinos que dijeron “vamos para la realidad”. En los acuerdos colectivos cerca de 30.000 familias firmaron, en los pactos de sustitución ya se inscribieron y comprometieron en contratos unas 96.000 familias y hay otras 200 mil que han estado aproximándose. Esto quiere decir que hay una situación de un tsunami de los campesinos cocaleros que quieren relacionarse con la legalidad. Pero entonces los campesinos golpean la puerta de la legalidad y el Estado no tiene capacidad para absorberlos y responderles. El que está en la ilegalidad ahora es el Estado. Además, hay una regresión, porque nos estamos devolviendo a la idea de que hay que militarizar el campo. En vez de realizar grandes planes de inversión social y planes regionales, lo que se están haciendo son micro planes que no impactan en nada. Recoger el 10% de los cultivos de coca en el área de Tumaco y municipios vecinos no te soluciona el problema; pero además a ese 10% de campesinos no se les cumple, pues peor.  

 

DB: ¿Cree que desde la firma del Acuerdo Final se ha dado una apertura democrática en Colombia?

 

CG: Yo creo que, en materia política, más allá de la letra del Acuerdo y de las normas, el postconflicto ha permitido la irrupción de nuevos procesos políticos que en Colombia antes estaban asfixiados por los discursos de la guerra.  Se ve en todo lo que estamos viviendo, con el surgimiento de nuevos movimientos de presiones políticas, por ejemplo, lo que sucedió en la coyuntura electoral con un nuevo tipo de polarización entre unas expresiones de una izquierda democrática organizada, una coalición con sectores de centro y una derecha; ahí se vio una discusión y confrontación democrática sin necesidad de mediar la lógica de la guerra. Por primera vez en Colombia se dio un proceso político que no era un proceso en medio de la dinámica de insurgencia contrainsurgencia o con discursos de cómo superar la guerra, sino de cómo lograr democracia y cómo lograr satisfacción de necesidades. Por otro lado, el hecho de se haya avanzado con lo del estatuto de la oposición y se haya dado el reconocimiento del partido político de las FARC y que sacaron unos 52.000 votos, indica que hay una nueva dinámica.  Hay un nuevo juego, un nuevo reparto y una nueva oportunidad de que este país realmente tenga una transición democrática y no una transición autoritaria o una transición hacia una nueva dictadura civil. Y repito, no hablamos de la letra sino de los procesos reales para lo cual ha cumplido un papel muy importante que se haya llegado a ese Acuerdo.

 

DB: ¿Diría que las nuevas generaciones creen en este proyecto de construcción de Paz?

 

CG: Primero, no estamos ante la misma Colombia, no es el mismo país ya que vive sin esta realidad de guerra central que teníamos hace 10-15 años. Entonces esto permite que la juventud este cambiado. La juventud ha cambiado en su relación con la política, ahora ve las cosas distintas, ya no es la juventud de la experiencia de la guerra, sino la juventud de la expectativa de la paz. Y ahí hay cambios de mentalidad supremamente importantes, hay nuevos valores que están emergiendo y que atraviesan todo, y hay intolerancia creciente por parte de esta juventud. Intolerancia frente a la corrupción como mentalidad que obliga e intolerancia frente a la violencia que se está desarrollando. Aquí los llamados a la guerra que se hacían hace 18 años después del Caguán y toda esta serie de cosas: “Vamos a hacer la guerra y acabar con todo y todos”, esos discursos ya no caben. Todo lo que ha sido este reclamo alrededor de un nuevo pacto con la naturaleza y una respuesta al cambio climático; es una sensibilidad, es una ética, que yo creo que tiene que ver con la terminación de esta guerra.  Y sí hay unos elementos que hay que seguir trabajando, a los que hay que seguir dando respuesta, pero no se puede negar que hay una dinámica y un contexto distinto.

 

DB: Finalmente, ¿cuál cree que es el principal obstáculo para la implementación de los acuerdos de paz con las FARC?

 

CG: Yo pienso que el mayor obstáculo es que no existe suficiente consenso político sobre que efectivamente la apuesta debe ser hacia una ampliación de la democracia y una disminución de la desigualdad. Esos dos elementos son los que los que están en controversia en Colombia. La implementación de los acuerdos está relacionada con si hay o no unas mayorías suficientemente amplias para ese tránsito; y eso es lo que uno no ve, hay un fraccionamiento. Las élites políticas y económicas en Colombia han estado divididas alrededor de esto y cada vez pesa más un discurso neoconservador con relación a la economía y en relación con el funcionamiento del Estado. Yo creo que ahí es donde está la mayor dificultad porque los presupuestos dependen de eso, dependen también de que exista un pensamiento dominante en la sociedad que diga “podemos estabilizar en Colombia un Estado social de Derecho” que supone cada vez más democracia, con mayor atribución de poder a la base de la sociedad -que fue precisamente la oferta de la Constituyente del 91- y una mejor distribución de los beneficios de la producción de la riqueza. Es decir, menos desigualdad, mayor participación y apertura de poderes. 

 

Sin embargo, yo soy positivo por el hecho de que hay una cancha para que se juegue otro partido, antes no había cancha, sino que todo era a los tiros. Ahora hay una cancha, y sí, se juega un partido en donde el árbitro está cargado, donde el otro equipo tiene patrocinios y tiene televisión y todas las cuestiones, pero por lo menos dejan jugar un poquito más. Esa es la valoración que yo hago, y por eso yo no estoy de acuerdo con quienes dicen “Esa Paz no sirve para nada” “Es peor” “Todo es culpa de ese acuerdo de la Habana”. ¡No! ese Acuerdo es importante por qué ha dado la oportunidad de una transición y hay un nuevo escenario para los conflictos. No hay transformación todavía, pero hay mejores condiciones para que los conflictos se tramiten en beneficio de la gente de manera pacífica.

 

Dirección editorial: Bibiana Mercado

Cátedra Análisis de Conflicto

Coordinación editorial: María Camila Pérez Godoy

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