Hace 25 años nació en Bogotá un grupo de punk conformado por tres mujeres que se subieron a los escenarios para hacerse escuchar y contar sus historias. Hoy Polikarpa y sus Viciosas cuentan cómo fue su proceso musical, qué significa el punk para ellas y cómo han utilizado este género para hacerse escuchar.

 

FOTO: Concierto de Polikarpa y sus Viciosas en Latino Power. Bogotá, 15 de febrero de 2019.

 

Es viernes, es media noche, y en Latino Power —un bar en la calle 58 con 13—, un grupo de mujeres se prepara para rugir en el Tercer Festival de la Tigra. Entre ellas está Sandra, una punkera de pelo rojo, que usa una camiseta esqueleto que le permite lucir los tatuajes de sus brazos, unos shorts encima de unas mallas y botas negras con taches. Una mujer de pinta hostil que, contra todo pronóstico, despliega una sonrisa amable apenas me ve.

 

En medio del humo de los cigarrillos, de las mesas inundadas de botellas de cervezas y de la gente impaciente por ver a este grupo que hace temblar el escenario, Sandra me toma de la mano para llevarme hacia los camerinos donde me encuentro con Andrea y Paola, otras dos punkeras fuertes y rudas que me acogen con hospitalidad y que componen esta banda legendaria.

 

***

 

Hace 25 años el punk bogotano estaba consolidado como un movimiento muy masculino. Según Sandra, las mujeres eran vistas más como “las damas de compañía de los hombres”. En una entrevista realizada a la banda por el canal de Youtube Desde Abajo, Andrea contó que cuando comenzaron les tocó ganarse su espacio, pues no les daban los casetes y les tocaba ‘guerriarse’ la música para escucharla. Cosa que no era un asunto menor, pues, como resume el periodista musical Chucky García, quien también es programador artístico del festival de música Rock al Parque, “el punk llegaba a través del intercambio de discos, de la gente que podía salir del país y traía álbumes, por lo que el casete, sin duda, fue muy importante para que la información empezara a circular”.

 

FOTO: Andrea preparando su guitarra ya en el escenario.

 

Así, estas tres mujeres —Andrea Restrepo, Sandra Rojas y Paola Loaiza— entraron en un movimiento de contracultura que no estaba acostumbrado a la presencia femenina y abrieron un camino que sería transitado por muchas otras. En 1994 crearon la banda que tomó su nombre de Policarpa Salavarrieta, heroína de la Independencia, y lo acomodaron a la estética punk: Polikarpa y sus Viciosas. “Claro que fue horroroso, fue una lucha casi a puño, nos encontramos con muchos obstáculos por ser mujeres. Había gente que nos quería ir a ver porque teníamos unas piernas bonitas, sin importar lo que estaba más allá en el fondo”, cuenta Sandra.

 

Pero como anota Paola, esa lucha valía la pena, porque “la idea era poder decir, poder denunciar, poder hacer algo diferente y no quedarnos en palabras, sino también trabajar por que esas cosas cambiaran. En especial con temas que fueran hacia la mujer, hacia la lucha femenina, hacia todo lo que nos pasa a nosotras, lo que nos importa de verdad”.

 

Hoy la banda cuenta con un repertorio de alrededor de 32 canciones y dos álbumes.

 

***

 

En medio de la música del bar, unas cervezas, el humo del cigarrillo de Sandra y un ron que les trajo uno de sus amigos, Andrea dice que el punk genera una combinación de tres cosas: la rebeldía, la música y la política, permitiendo expresar muchas cosas, sobre todo siendo mujeres, refiriéndose al porqué escogieron este género. “El punk es una estrategia política, la cual permite posicionar en un escenario público temas que tienen que ver con derechos de las mujeres”, explica Andrea luego de un trago de cerveza.

 

FOTO: Paola en la batería.

 

Cuando salen al escenario, el público empieza a gritar y a chiflar. La rebeldía y la fuerza que las caracteriza sacuden a la gente que las escucha. Las personas empiezan a saltar, a lanzar puños al aire formando el pogo para liberar toda la energía que estas mujeres les transmiten cuando suenan las guitarras de su canción Hartas, en la cual hablan de las problemáticas que les interesan y de lo que les duele:

 

Cuantas mujeres maltratadas

Cuantas mujeres destrozadas

[…]

Cuanto tiempo esperaremos

A que haya un cambio verdadero

Hartas, hartas de todo

Hartas, hartas de todo

 

Eso grita Sandra en el escenario, mientras Paola y Andrea comparten una cerveza que luego dejan en el suelo, mientras no paran de producir ni por un segundo ese sonido acelerado y salvaje y crudo que caracteriza al punk. Este sentimiento de inconformidad que queda consigado en canciones como Machos:

 

¡Hola! te dice el pirobo

pero no le creas ni un piropo 

Machos dicen ser 

pero solo son perdedores 

Machos dicen ser en las calles 

conquistando nenas por doquier 

ellos dicen ser los mejores 

pero solo son perdedores…

 

Pero para ellas la música no es únicamente un medio de desahogo. “Uno tiene que entender cuál es la función del arte en el objetivo de transformación de ciertas condiciones sociales. La música nos ha permitido sensibilizar, nos ha permitido hablar y denunciar directamente violaciones a los derechos de las mujeres, explica Andrea. Por eso también consideran que la banda puede ser un vehículo para producir cambios, para amplificar voces, como las de las madres de Soacha, a quienes invitaron a la tarima —en plena Plaza de Bolívar— en un concierto en el 2015 para que, entre canción y canción, ellas pudieran contarle al público lo que pasó con sus hijos. O cuando en un Rock al Parque invitaron a mujeres que habían sido perseguidas políticamente para darles el micrófono, utilizando el concierto como un medio de sensibilización.

 

FOTO: Sandra con su bajo.

 

Y más allá de la música, cada una de estas mujeres se compromete desde lo personal con sus ideales. Paola, por ejemplo, cuenta que estudia sociología y está escribiendo un libro sobre el derecho minero, en defensa de los territorios, pues quiere enseñarles a las poblaciones cómo defender estos espacios de las multinacionales y que conozcan los derechos que tienen. Andrea es historiadora, se ha dedicado al enfoque de género en temas de construcción de paz y actualmente está trabajando con el Consejo Nacional de Reincorporación como asesora de género para el componente FARC. Y Sandra ha trabajado con derechos humanos y ha hecho documentales. “El punk me ha abierto a una perspectiva diferente de la vida, una realidad más cruda, ver todo desde un sentimiento mucho más fuerte”, cuenta Sandra terminándose su cigarrillo.

 

Eso es lo que Polikarpa y sus Viciosas han hecho durante todos estos años: gritar a todo pulmón lo que pasa en nuestra sociedad colombiana. Eso es lo que Sandra, Paola y Andrea son: tres mujeres que resisten, que luchan, que no se quedan en silencio y que aportan para construir una sociedad más justa.

 

Vea la revista completa: Revista Directo Bogotá 

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