En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2019, se realizó el PANEL FLIP sobre Periodismo y género. El evento generó reflexiones sobre el momento de la profesión y Directo Bogotá les comparte la opinión de una de nuestras periodistas a propósito del acontecimiento celebrado.  

 

Soy mujer, y estudio periodismo. Espero ser periodista y ejercer mi trabajo sin ningún tipo de discriminación. Sin embargo, tengo que aceptar que nunca había analizado muy bien la relación del género y el periodismo, o por lo menos no a fondo. Llegué a mi octavo semestre en la universidad sin darme cuenta de todos los comportamientos machistas y discriminatorios que me rodeaban todos los días. Muchos los había normalizado, porque pensaba que no afectaban directamente o porque nunca me había tomado el tiempo de problematizarlos, así que el caso no es para culpar a alguien, ni siquiera a mi misma, sino visibilizar lo que como sociedad no nos hemos detenido a observar.

 

En mi caso, tuvo que llegar un profesor a hablarle a toda una clase en la que estábamos hombres y mujeres para que pensara que algo raro estaba pasando. Cuando se refería a que esperaba que “todas aprendiéramos de la clase y que compartiéramos con nuestras compañeras para crear una discusión dinámica”, yo solo miraba a mis compañeros hombres; me di cuenta que el cambio está en el que se atreve a mirar las situaciones desde lo que se considera anormal o disruptivo.

 

 

Con el ánimo de repensar a las audiencias, a las que como periodistas nos vamos a enfrentar, recibimos una invitación al panel organizado por la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) sobre Periodismo y género en la Feria del libro 2019. En esta, organizaciones de la sociedad civil y periodistas que trabajan por los derechos de las mujeres analizaron pautas para hacer buen cubrimiento mediático con enfoque de género basándose en sus experiencias y en el manual Sin “nosotras”, no hay prensa libre, redactado por la Red Colombiana de periodistas con visión de género.

 

 

La conferencia fue presentada por cuatro protagonistas: Fabiola Calvo de la Red Colombiana de Periodistas con visión de Género, Juan Camilo Maldonado, profesor de comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana y fundador de mutante.org; Jineth Bedoya  periodista, escritora y activista colombiana contra la violencia de género y creadora de la campaña No es hora de callar, Laura Robles del podcast Degeneradas y Roberto Sandoval de ReproRightsLAC.

 

Si de por sí, el periodismo navega en aguas tormentosas, cuando lo analizamos desde la perspectiva de género, la conversación puede nunca acabar. Esto se da sobre todo por el contexto en el que estamos: Colombia es un país machista, fácil porque es algo con lo que los colombianos hemos crecido, pero no tan simple considerando que hoy las audiencias cada vez exigen más.

 

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Este es un tema que apenas estamos empezando a descubrir, pero que cada vez va ganando mas conciencia. A pesar de los avances, todavía hay una falta de educación que dificulta que las personas puedan ver este tema como una prioridad. Es por esto que las nuevas generaciones de periodistas deben tener más empatía con estos temas ya que son fundamentales para hacer un periodismo justo e incluyente.

 

De acuerdo con Fabiola Calvo de la Red Colombiana de Periodistas con visión de Género, en Colombia, la expresión pública de las mujeres de todas las edades es menor que la de los hombres, y la prensa refleja ampliamente esta desigualdad.

 

No solo la libertad de expresión y de prensa es ejercida sobre todo por hombres con poder económico, sino que muchas veces son cercanos a poderes políticos tradicionales del orden nacional y local. En la mayoría de los casos, estos grupos tienen una relación directa o son los propietarios de los medios de comunicación, lo que influye en las decisiones de directores, editores y reporteros, que también, son más que todo hombres.  Basta recordar que en Colombia, los tres hombres más ricos del país poseen el 57% de los medios.

 

Una situación similar pasa con las comunidades afro, indígenas y de otras etnias, así como con las personas de bajos recursos económicos y en condiciones de discapacidad. Igualmente, aquellas que se reconocen como lesbianas, bisexuales, transgénero e intersexuales, o dentro de la comunidad LGBTI, en las que los casos de silenciamiento son mayores cuando son mujeres las que se encuentran con estas barreras para ejercer libertad de expresión.

 

Si en realidad defender la libertad de expresión y de prensa significa defender la voz de las personas silenciadas, Colombia es un país en el que no se defiende, pues aquí la libertad de prensa es un privilegio y no un derecho. Se evidencia en que hay muchas poblaciones ausentes y marginadas, que no están representadas en los discursos públicos y que si lo son, sufren una estigmatización y violencia en los medios. La libertad de expresión y de prensa no solo necesita ser promovida y expandida más allá de las fronteras actuales, sino que debe incluir principios de ética, de responsabilidad y de la función pública que son inherentes a los medios de comunicación.

 

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La prensa colombiana será realmente libre cuando se vuelva un escenario de libertad para todos y, en especial, cuando visibilice y ponga en la conversación las historias de las personas que no han podido ser escuchadas. La Plataforma de Acción de Beijing (1995), que sigue vigente después de 20 años, insiste en que dos objetivos estratégicos para todos los países son aumentar el acceso de la mujer y su participación en la expresión de sus ideas y la adopción de decisiones en los medios de difusión y las nuevas tecnologías de comunicación. Y, a su vez, fomentar una imagen equilibrada y no estereotipada de la mujer en medios de difusión.

 

Por lo anterior, es que una de las conclusiones a las que se llegó en el panel es que hay que hacer que las instituciones cumplan con las normas y los planteamientos establecidos a nivel nacional e internacional. Este no es un tema que salió de la nada, ni muchos menos, o que no es reconocido legalmente. Tiene la misma validez y en muchos casos más relevancia que muchos otros problemas de la agenda pública, pues el tema de género es en muchos casos el problema principal y, por él se debería empezar.

 

Un primer paso para la prensa libre para las mujeres es la autorregulación genuina de los medios desde la conciencia del resto a sus derechos, pues en muchos casos se desconoce cuáles son a los que tenemos acceso. Hablar abiertamente de los impactos de la cultura machista en la vida de las mujeres implica reconocer que estos temas también afectan a los hombres en todas su dimensiones. Con la discriminación nos vemos todos afectados porque se deja de incluir contenidos de otras perspectivas. La información se vuelve más parcializada y la cobertura cada vez más pobre al no cubrir una realidad cada vez más compleja y diversa. Una situación donde toda la sociedad pierde.

 

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