Hablar de “Tavo” sin trazar a “Garavato” es una tarea compleja, al fin y al cabo, son dos caras de una misma moneda. A sus 38 años, y luego de tres quiebras económicas, Gustavo Bernal se ha dedicado por completo a lo que siempre fue su hobbie: dibujar e ilustrar.

 

            FOTO: Garavato en su estudio             

        

En pleno ‘Chapi’, al margen de Quinta Camacho, en el tercer piso de un típico edificio residencial de la localidad, habita “Garavato”. Un conjunto de heridas y trastabillantes victorias que desborda más tinta que sangre, un conglomerado de latitudes e imágenes que respira más aerosol que aire. Un colombiano calcado a pulso, diseñado a punta de panadería y polas, de punk, Pennywise y Tyler Durden. Un garabato sin rostro, un acertijo inédito, anónimo; si se ha visto algo de Garavato han sido sus carteles, sus muros y sus ilustraciones más que su cara.

 

Sin embargo, detrás de tantos trazos, latas, pintura, tinta, lápices gastados, dolor de muñeca y callos en las manos, existe un ser humano.

 

Nació en Girardot, una ciudad a la que hace 38 años, poco de la estridencia del punk lograba entrar. A través de amigos, que conseguían filtrar discos y compilados en casetes de bandas como I.R.A, Aterciopelados y Ekhymosis, ese pequeño niño introvertido, producto de una conservadora y sobreprotectora familia boyacense, encontró el mensaje y la filosofía que lo llevaron a hacer las cosas por él mismo.

 

FOTO: El "taller" de Garavato

 

Su apartamento, que comparte con su hermano Luis, está totalmente tapizado de cuadros, retablos e ilustraciones a las que denomina “su colección personal”  ̶ y en efecto lo es ̶ . Más que un departamento parece una galería con las vanidades de un taller. En lo que normalmente sería la sala, se posa una mesa de madera rústica, llena de libros y referencias; bocetos, un computador y una tablet de diseño donde digitaliza todas sus ideas y proyectos. En una esquina, un tocadiscos y una caja llena de vinilos, todo inundado por el sonido demoledor del solo de guitarra en Forgotten Past de Kadavar.

 

-¿Qué le desagrada de Tavo?

 

- He convivido con Tavo en dos ocasiones, un par de años. Las cosas que más me molestan de él son el desorden en general, y las ganas de ver todo tan saturado. Yo soy un poco más minimalista en ese sentido - Dice Luis Bernal, su hermano

 

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Con sus brazos tatuados, unos anteojos clásicos sobre el tabique, vestido de negro, una moña que sujeta su pelo y su mano izquierda aferrada a una taza de café, Garavato me muestra algunos de sus proyectos. Tras su mesa de trabajo y de varias carpetas enormes selecciona una, que con esfuerzo logra sacar, y la pone sobre el suelo. Interminable, son centenas de proyectos que componen su portafolio; y no es para menos, ya son 12 años de Garavato y 15 de Tavo ilustrando.

 

-¿Tavo o Garavato?

 

-Tavo es uno y Garavato es otro -se ríe-.

 

- ¿A cuál prefiere? -le pregunto-.

 

-Pues a Tavo, Garavato todavía es un niño de doce años que está caminando.

En una entrevista para Radiónica, Tavo dijo acerca de Garavato: “Comencé a creerme una mentira, y me la creí tanto, que hoy llena mi nevera”. Una de las cosas, que en sus palabras, lo hace más feliz es la comida, y de hecho, si no se hubiera dedicado a ilustrar, según él, habría estudiado para ser chef. Es adicto a la panadería, a la pizza y, nostálgico, expresa que ilustrar sabe a uno de los chocolates que probó en el aeropuerto de Bruselas mientras esperaba un vuelo.

 

Su infancia estuvo rodeada de comida, de “pura parva”. De hecho, uno de sus grandes amigos, ‘Cardi’, o Andrés Cardona, reconocido fotógrafo colombiano radicado hoy en España, recuerda a Tavo por los platos que solían comer por rutina. “¿Platos de comida? Sí, íbamos mucho los jueves a comer bandeja paisa, ese puede ser un plato que me recuerde a Tavito”.

 

El fotógrafo no solo lo recuerda por su paladar. “Lo que admiro y menos me gusta de Tavo —a veces puede llegar a ser casi que lo mismo—, es que es un tipo muy trabajador, a veces demasiado, tanto que con los amigos lo molestamos para que cierre la oficina un rato y pueda salir a tomarse una cerveza o un café. Por otro lado, la capacidad que tiene de hacer amigos, de estar abierto a situaciones que la vida le propone, a la gente que conoce en la calle, en los parques o en una cita médica; así, a veces le aparecen oportunidades gigantes, que de pronto otra persona por estar cerrada no las hubiera conseguido”.

 

FOTO: Las tarjetas que presentan a garavato

 

 

Gustavo vive en función de Garavato, aquel personaje que creó, como diría Gómez Bolaños, “sin querer queriendo”. Cuando no está ilustrando o dibujando, está pensando en las ideas que olvidó, en los clientes que tiene por llamar o en los temas legales de los que dice debe aprender más. Si conoce a alguien en un bar, está trabajando en su red de contactos: su tiempo libre realmente es para tocar puertas.

 

- ¿Qué hace cuándo no trabaja?

 

“Dormir, literal… ̶ se ríe ̶ . Porque “garavatear” para mi es todo… si no estoy “garavateando” es porque estoy durmiendo”. Es una persona tan obsesiva como profesional en su trabajo. Guarda todos los bocetos de proyectos que salieron e incluso de los que no, por pequeño y mamarracho que sea, lo guarda.

 

Mario Mendoza habla de momentos en los que hay que dejarse morir, momentos en los que uno renace a lo largo de la vida, en otras palabras, tocar fondo y mandarlo todo a la mierda (curiosamente Tavo, mientras trabajaba en uno de los más memorables proyectos, junto con los PetitFellas, logró conocer al escritor). Fueron tres veces las que Gustavo tuvo que renacer a lo largo de sus 38 años. Tres quiebras, como él las denomina, que terminaron por catapultar a Garavato a la realidad. Tres momentos donde huyó, inevitablemente de su realidad, en ocasiones hacia otro país.

 

- De los tatuajes que tiene ¿cuál es su favorito?

 

“Es difícil, tengo muchos tatuajes. Todos me los hice en momentos especiales, pero yo creo que es este grandote: me lo hice en el momento que me fui de Colombia cuando me había quebrado y salí corriendo. Me costó mucho volverme a levantar en otro país, aparte, yo no hablaba antes. Entonces la misma necesidad me hizo aprender a hablar, a comunicarme. Esperé un año y medio para la cita con el tatuador, luego otros seis meses más, y luego duré tatuándome nueve meses, y terminé haciéndome muy amigo de él, me enseñó muchas cosas. Y el día que le dije que me devolvía para Colombia, me dijo: ‘No se vaya, yo le enseño a tatuar, me gusta como usted dibuja, yo le enseño a tatuar’. No le tomé la palabra, yo quería venir a quebrarme otra vez  ̶ se ríe ̶  y así fue. Entonces ese tatuaje significó todo eso, el cambio de vida, aprender qué era una quiebra, no ver a mi familia durante casi tres años, dormir donde fuera, experimentar, limpiar hostales”.

 

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La introversión de la cual fue preso durante sus primeros años de vida no lo detuvo. Hoy lo que mejor sabe hacer y lo que más le gusta tienen un común denominador: conocer gente. Es tan así que el mejor año de su vida va a llegar el día en que pueda tener un hostal o un bar, pueda viajar y seguir ampliando su red social.

 

Pero no siempre fue así, Tavo creció en una familia prohibicionista que lo llevó a crear una coraza ante el mundo exterior, sufría de pánico escénico y le daba vergüenza presentarse. Hoy, ‘Garavato’ nunca muestra su cara en redes sociales o en medios de comunicación. Influenciado por su historia y un mensaje inducido por iconos como: Thom Yorke, Austin Tv, Banksy, Obey y también muchos escritores, y graffiteros,  que han optado por el anonimato. Pero la motivación es simple. “Realmente lo que define por qué no muestro la cara en redes o en medios, es una frase del ejército zapatista, algo como: ocultamos el rostro para enseñar nuestros corazones”.

 

FOTO: Tavo en un coversatorio. 

 

“Hay muchas cosas que admiro de Tavo, entre esas cosas esta la perseverancia y la fuerza que tiene de levantarse de las caídas fuertes. También una de las cosas más importantes es la actitud y la pasión que le mete a su trabajo. No le importa el dinero, ni el nombre que le pueda dar X o Y proyecto, simplemente lo hace porque le gusta. Gracias a eso es lo que es hoy día y aun falta mucho más. Las cosas se hacen por pasión y no por ambición”, dice Luis, su hermano, que, además, hace cine. Recuerda cómo cambió su vida luego de que Gustavo le regalara un casete que por un lado tenía a los Deftones y por el otro a Incubus. Expresa una profunda admiración a su hermano, aunque la convivencia entre un ilustrador y un cineasta a veces pueda costar un poco. 

 

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Para ser artista existe una condición indubitable: se debe ser sensible ante la vida, ante el mundo, ante el otro, en algún grado, pero sensible. Y las fibras sensibles de Tavo están grabadas en tinta indeleble. Son varias las cosas que lo emputan, que le sacan la piedra, pero la intolerancia y el arribismo de tantos colombianos es de las cosas que más lo enfurecen. El país, para Tavo, es un dulce agridulce, “lo tenemos todo, pero no tenemos nada”.

 

Han sido varios los momentos tristes en su vida; perdió un amigo, otro se suicidó, sus padres se separaron en su adolescencia. Pero el día mas triste en su vida no tuvo nada que ver con su familia ni con sus amistades, sí con su país.

 

Tavo se encontraba en una reunión en Medellín con la mesa de desaparición forzada, compuesta en su mayoría por madres. El hacía parte del comité y tuvo que escuchar una a una las historias de algunas de ellas. El momento más triste de su vida fue la impotencia que sintió. “Me contaban sus historias, y de un momento a otro me tocaba pararme, hacerme que iba a hablar por teléfono para llorar”. Tavo vivió la época más cruda del narcotráfico y violencia en Colombia, mientras estudiaba diseño industrial en Manizales. Él hace parte de la generación que soportó, vio, escuchó, y sobre todo sufrió el real flagelo y cruz que cargamos todos los colombianos.

 

- ¿Tiene algún enemigo?

 

-¡Uf! ¿físico? ¿Puedo decir Uribe? –soltamos una carcajada ̶ . No sé, estoy seguro de que debo tener enemigos, pero no les pongo atención, entonces no tengo ni idea cual será. Un enemigo, yo creo que alguien muy envidioso.

 

 

FOTO: Pieza gráfica de Gravato

 

Ha sido un activista férreo ante la situación del país y lo que lo inquieta de la política colombiana. Bajo coyunturas como el plebiscito y las elecciones presidenciales, las redes sociales se impregnaban de diseños suyos en colaboración con otros ilustradores colombianos, empoderando sus posturas y convicciones. “Con balas no se dibuja, la educación es un arma que no nos dejan usar”, se lee en una de las piezas que creó para las elecciones presidenciales y que rodó por el feed de muchos de nosotros.

 

Sin embargo, poco lo impacienta en su vida cotidiana. Sólo la política y uno que otro personaje. Tavo es un ser humano sumamente apacible o por lo menos eso aparenta.

 

- ¿Qué le saca la piedra?

 

- ¡Todo! –Tavo se ríe-.

 

Juliana Gómez es una de esas amistades repentinas, de esas que llegan un día sin preguntar, para quedarse. La marroquinera y Gustavo se conocieron en una fiesta, a Tavo poco le gustaba lo que sonaba; la música, y fue así, sin más, que surgió la excusa. Hoy son cinco años de una amistad sin fisuras.

 

“Tavo es un tipo muy tranquilo, jamás hemos peleado, ni siquiera cuando rompí su mesa de dibujo. Estábamos de fiesta, Tavo me iba a dar posada esa noche y su casa estaba llena de amigos viajeros que se estaban quedando un tiempo en la sala... llegamos levemente alicorados y la idea era no molestar a los visitantes. ¡No sé cómo me llevé la mesa por delante, puse un pie en el vidrio rompiendo absolutamente todo lo que había ahí! Ese momento fue super incomodo, pero ahora nos reímos de la situación”, recuerda la también pastelera.

 

Gustavo ha logrado romper sus fronteras, todos aquellos esquemas mentales que lo limitaban y muchas veces lo aprisionaban. Pero también ha logrado sellar su pasaporte gracias a Garavato. El ilustrador ha tenido la oportunidad de dejar decenas de garabatos regados por el mundo: Alemania, Italia, Brasil, México, Argentina, Estados Unidos, Francia incluso República Checa.

 

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Particularmente, uno de sus mayores logros ha sido exponer solo en un show en Nápoles. De Italia, recuerda estar caminando por sus calles y toparse con una universidad que conmemoraba su aniversario. “Las pastas –suelta una carcajada-. La pizza por persona, eso es lo más hermoso del mundo. También tengo en la cabeza ir caminando por una calle donde quedaba la universidad de Nápoles, no recuerdo el nombre, pero estaban celebrando los 601 años de existir. Pensé: hace 600 años éramos nativos, éramos originales, eso es como el recuerdo más valioso que tengo de allá”. Las tintas de Garavato han pasado por los Gaiteros de San Jacinto y todo proyecto que huela a folclor colombiano le revoluciona la vida. Siempre fiel a sus raíces, intenta encontrar lo genuino entre la historia de nuestro país.

FOTO: Pieza gráfica de Garavato

 

En uno de sus viajes conoció a uno de sus grandes amigos al que considera su hermano mayor. Es un argentino que le dio la mano en uno de los momentos más duros de su vida, cuando estaba lejos de casa y no conocía a nadie. Forjaron un lazo que sobrepasa cualquier barrera limítrofe. Se toparon en Buenos Aires, cuando Raúl Franco abrió un hostal, a donde Tavo fue a parar. Con el paso del tiempo se acercaron mucho, e incontables fueron los bloques que solidificaron su amistad.

 

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“Una noche salimos a un bar que nos gustaba. Especialmente ese día había dos chicas de Finlandia, increíblemente hermosas, con las que nos llevábamos muy bien y en ese momento tenían el departamento, que habían alquilado, cerca del bar. Cuestión que toda la noche tomando, bailando y conquistándolas, pero cuando lo teníamos hecho… el artista se emociona, acelera la fiesta y se pasa de copas. ¡MAL! Al rato lo veo caminando torcido, arruinado, haciendo show y se nos acaba la fiesta. Salimos como pudimos todos, lo cargo al hombro para llevármelo y nos despedimos. Sin embargo, la belleza finlandesa me pide que me vaya con ella y yo le digo que no. Ese es un recuerdo doloroso al menos para mí, no creo que se lo perdone nunca”.  ̶ el argentino suelta una carcajada ̶ .

 

Tavo ha persistido, a pesar de fracasos y sueños frustrados; como el no poder ilustrar para Prodigy, tras estar trabajando el arte para su presentación en Bogotá. El ilustrador ha permanecido en pie, luego de derrotas, patadas, batacazos, es un claro ejemplo de perseverancia.

 

Además de anécdotas de vida, Tavo dejó una huella imborrable en Raúl. “Admiraba su capacidad para beber. Realmente hay que admirar su perseverancia, estaba en la oficina de diseño y era muy bueno en eso, pero renuncio y se arriesgó por lo que quería hacer, aunque era un amateur y le costó. Regresó al trabajo un tiempo para reorganizarse y a la vez, decidido a lograrlo, volvió a dejar todo para arriesgarse. Veo en su trabajo una evolución muy grande y un progreso que continua. Es un tipo sencillo, muy sociable y eso le abre muchas puertas. ¡Me alegra que va agregando colores y detalle en su arte!”.

 

FOTO: Uno de los trabajos de Garavato

 

Tavo hoy orgullosamente hace parte de grandes referentes mundiales como Mercadorama y es el primer colombiano en ser parte del American Poster Institue. Ha ilustrado para: Pennywise, Iggy Pop, Café Tacvba, Kadavar, Alain Johannes, Machine Head, Jeff Martin, Queens Of The Stone Age, Los Petitfellas, Marky Ramone (si, el de los Ramones), Lucybell, James Rhodes, Los Gaiteros de San Jacinto, Esteman, Diamante Eléctrico (para presentación en Coachella), Humboldt, We Are The Grand, Primus, entre otros.

 

 

FOTO: Más ilustraciones de Garavato

 

No siendo suficiente, Tavo ha trabajado con marcas como: Renault, Dr. Martens, La Herrería, Virgin, Grolsch y ha dejado su sello impregnado en los posters para festivales como el Rock & Shout en Ecuador, Acrópolis en México, el Latino Graff en Toulouse, entre otros eventos. Por ende, su lapiz alguna vez pasó por nombres como: Aerosmith, The Offspring, Dead Kennedys e incluso Juanes y Tego Calderón. 

 

Paralelamente publicaciones, revistas y portales como: Publimetro, periódico Evoluzione e Liberta (Italia) Rollingstone, El Malpensante, Soho, Cartel Urbano, Trauma Magazine (Chile), Azucar Mag (Argentina), El Bombín (Barcelona), Zupi (Brasil), Noisey, Blog Inkult (México)  y Cromos web, han adoptado su historia e ilustraciones.

 

Para Gustavo, ‘Garavato’ es una continua búsqueda, una mentira que materializó. El resultado de tres grietas que solventó con dedicación, esfuerzo y perseverancia. Tavo Garavato, a lo Bukowski y Chinaski, es uno de los referentes visuales que seguirán dando de qué hablar en el universo cultural del país. Si no vemos su cara es porque merecemos ver entre sus tintas.

 

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