Para muchos, el ilusionismo es solo cuestión de entretenimiento, recreación o hobby, pero para otros es su proyecto de vida. Los estudiantes que llegan a la Escuela de Artes Mágicas de Bogotá buscan ser ilusionistas profesionales para ganarse la vida sorprendiendo a un público.

FOTO: Marionetas en la Escuela de Arte Mágicas. Tomada por María José Guzmán.

 

Arriba en el escenario y completamente a oscuras, un grupo de magos juran silencio. Forman un semicírculo alrededor de un candelabro con siete velas encendidas. El mago maestro lee las palabras del juramento “indocilis: “Indocilis privata loqui”, que significa ‘incapaz de revelar secretos’. A lo que el nuevo integrante responde susurrando para sí mismo “a todo lo anterior me comprometo”.

 

FOTO: El mago Juan Sebastián Gutiérrez haciendo un juego de magia con paloma

 

 

El juramento del silencio es un compromiso que deben hacer los estudiantes de la escuela para nunca revelar los trucos ni la forma en que estos se llevan a cabo, y se realiza en una ceremonia en la cual el mago maestro lee las palabras y los estudiantes responden afirmando su compromiso con el arte de la magia.

 

“¡A todo lo anterior me comprometo!”, gritan ahora todos juntos al unísono. Tan fuerte como para que todos los magos del mundo sepan que se ha unido un nuevo ilusionista.

 

Hay aplausos y abrazos. Algo ha nacido en ese lugar que parece adormecido con la luz de las velas que representan la vida. A partir de este momento, las puertas de la biblioteca se abren y los libros pueden ser leídos. Los nuevos alumnos de la Escuela de Artes Mágicas están listos para iniciar su carrera y conocer todos los secretos de la ilusión. Se abre el telón y comienza la función.

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Antes de la función

 

Tras una reja blanca y un colorido jardín con frondosas enredaderas, se esconde una casa de dos pisos con fachada de piedra amarilla y unas bicicletas arrumadas. Desde afuera se ve como una casa tradicional del barrio La Castellana.

 

Adentro es otra cosa. Hay una vitrina repleta de dados de distintos colores y tamaños, un piano antiguo y cuadros con fotos de magos presentando sus espectáculos. Como si flotaran en el aire, varias marionetas y muñecos cuelgan del techo por un hilo casi invisible.

FOTO: Algunas de las marionetas que se encuentran en la escuela de magia. 

 

 

—¿Tiene clase? –—me pregunta amablemente una señora de pelo castaño y recogido.

 

–—No, solo vengo a hablar con el mago Richard –—respondo un poco nerviosa.

 

Todo huele a madera y a almuerzo casero. He venido a las 2:00 de la tarde a descubrir el secreto de la magia.

 

Oigo pasos que se acercan. Entra un hombre vestido de negro del cuello a los pies, con la barba y su bigote canosos, sus gafas redondas y una sonrisa. Es el mago Richard, director y fundador de la Escuela de Artes Mágicas de Bogotá, que funciona desde 1986 gracias al talento y la pasión por la magia que Ricardo Sarmiento tuvo desde niño.

 

Primer Acto: el misterio

FOTO: El mago Juan Sebastián Gutiérrez haciendo un juego de magia con cartas

 

 

La esencia del ilusionismo es el secreto, es mantener viva la fantasía de los espectadores para que se asombren en cada truco. Saber guardar el secreto de la magia no es solo dejar de contar cómo se hace posible un truco, sino también es cuidar que los accesorios no queden a la vista. Debe haber un compromiso de no mostrar un truco en público hasta estar completamente convencido de su perfección.

 

FOTO: El mago Richard con sus estudiantes

 

–—El mago debe guardar el secreto de la magia porque, de lo contrario, no habría magia y los trucos no tendrían sentido.

 

Eso dice el mago Richard mientras se toma un café. Y enseguida aclara:

 

–—Ver el brazo del manipulador del títere es tan grave como ver el hilo que jala la moneda por entre la manga, toda la ilusión se pierde.

 

A lo largo de la tarde han llegado varios estudiantes a la escuela. Frente a un espejo se encuentran dos jóvenes, uno de ellos intenta desaparecer en sus dedos unos objetos conocidos como ‘dedales’, una especie de cascos para cada dedo, que pueden ser de diferentes materiales y colores. Mientras, el otro le ayuda a coser un hilo dentro de su chaqueta que, supongo, servirá para jalar los objetos al interior de sus mangas.

 

Pero la magia es mucho más que un juego en el cual el mago crea una ilusión y el público intenta descubrirlo. La magia vive porque las personas disfrutan que algo que parece imposible sea haga realidad delante de sus ojos. Esta es la esencia del misterio: las personas quieren ser engañadas.

Si quieres ver más: Haciendo magia con papel

Segundo Acto: la magia se estudia

 

FOTO: Estudiante Daniel Rodríguez practicando un truco.

 

 

Para muchos, la magia es solo cuestión de entretenimiento, de recreación o de hobby, pero para otros es su proyecto de vida. Los estudiantes que llegan a la escuela buscan ser magos profesionales y ser reconocidos por las asociaciones de magia del planeta, como la Federación Latinoamericana de Sociedades Mágicas (FLASOMA) y la Federación Internacional de Sociedades Mágicas (FISM). Con esto pueden participar en concursos de talla mundial y, además, ser reconocidos como profesionales.

 

Uno de los estudiantes es Nicolás Chacón Salazar, tiene 13 años y lleva tres en la escuela; su pelo es rubio y ondulado, usa jeans y siempre está sonriendo. Disfruta hacerle trucos a sus amigos y familiares, y su gran sueño es ser mago profesional para recorrer el mundo con sus shows.

 

El curso de magia tiene una duración de cuatro semestres. El primero es cartomagia, donde se aprenden los juegos con cartas que todo mago debe saber. El segundo semestre, cursan la materia magia de cerca, en donde se enseñan trucos para hacer justo al frente del público, que generalmente se realizan con cosas que caben en las manos como monedas, dedales, cigarrillos, fósforos, cucharas, velas, flores o cubiletes (pequeños frascos de aluminio.).

 

Daniel Rodríguez, estudiante y monitor de la escuela, lleva practicando varias semanas un truco. Respira profundamente dos veces y pone tres cubiletes boca abajo en la mesa. Acomoda una bolita de goma encima de cada cubilete y agarra una. Con su varita mágica apunta sobre el puño. Luego de dar un soplo, la bolita desaparece de su mano.

 

Daniel tiene 19 años, su piel es morena y es de pelo castaño oscuro. Lleva dos años en la escuela y está próximo a graduarse; y como la magia es disciplina, viene todas las tardes y noches para perfeccionar los trucos que hará en su graduación. Después de graduarse estudiará ingeniería química, una carrera que, dice, será secundaria en su vida, pues su prioridad es ser mago profesional.

 

–—La magia es mi pasión, disfruto estar constantemente aprendiendo y practicando. Esto que empezó como un hobby se volvió lo más importante de mi vida, y por eso estoy en esta escuela —cuenta Daniel mientras guarda su varita mágica y acomoda los instrumentos.

 

En el tercer semestre se enseña magia de salón, para hacer shows más grandes. Se hace con pañoletas de colores, palomas, aros chinos y cuerdas. Es la más solicitada para fiestas infantiles y eventos. Otros temas del curso son magia con cuerdas, nudos, papel, dados, cintas, telepatía, mentalismo y adivinación.

 

En la escuela cada uno va a su propio ritmo. En una tarde de clase algunos repasan los trucos una y otra vez, otros se paran frente a los espejos para perfeccionar sus movimientos, y algunos prefieren leer un libro de ilusionismo en la biblioteca. Mientras tanto, tres estudiantes están en la mesa escuchando atentamente la lección del mago Richard, que apunta en un cuaderno los pasos para realizar una ilusión con cartas.

 

Tercer Acto: la escuela

 

La escuela queda en el primer piso de la casa de la familia Sarmiento. Tiene un teatro propio con capacidad para 70 personas y un montaje de luces y sonido que cualquier auditorio envidiaría. El escenario es de madera, tiene un telón y un espejo en el techo, que, supongo, los magos lo usan para ayudarse durante sus trucos. En este lugar los estudiantes practican trucos y, además, hacen sus presentaciones mensuales abiertas al público.

 

El corazón de la escuela es la biblioteca, que cuenta con más de 700 libros y 1200 revistas relacionadas con este arte. Algunos están en inglés, francés e, incluso, portugués. Esta valiosa colección ha sido traída desde distintos países, como Argentina y España.

 

Gracias a estos libros, los estudiantes tienen una educación completa, pues se forman a por medio del conocimiento histórico, con trucos y secretos que muy pocos conocen. En la biblioteca también hay una mesa de madera para ocho personas en donde estudian o repasan sus trucos de cartas.

 

Sentada en la biblioteca, junto con algunos estudiantes, veo una muestra del talento del mago Richard con un juego de cartas y dados.

 

–—El naipe está ordenado y tienes seis dados –—dice el mago.

 

Elijo una carta sin que nadie más la vea y acomodo los seis dados encima de mi carta.

 

–—Coge los dados en tus manos, revuélvelos y bótalos mientras dices estas palabras: “La suerte está echada”.

Repito sus palabras.

 

–—Tus dados dieron 25. Tu carta está en el lugar 25 -—sentencia el mago mientras cuenta las cartas hasta llegar a la 25–—. Esta es tu carta, nómbrala por favor.

 

–—Dos de picas –—respondo nerviosa mientras veo que el mago me muestra la carta que acabo de mencionar. Todos aplaudimos.

 

Cuarto Acto: vivir de la magia.

 

Juan Sebastián Gutiérrez, ‘Guti’, es mago profesional egresado de la escuela, tiene 30 años y actualmente vive de la magia. Entró a la escuela con solo 10 años de edad y desde los 17 es profesor de magia y se gana la vida haciendo espectáculos para fiestas infantiles, eventos corporativos, restaurantes y colegios en la ciudad de Neiva. Tiene tres espectáculos principales como fuente de ingresos: por hacer magia en cócteles cobra $150.000 pesos; por presentaciones infantiles, $350.000, y por un show de magia de salón, $500.000. Adicionalmente, cuando está en Bogotá disfruta dando clases en la escuela de Richard.

 

–—La magia para mí lo es todo. Cada día me levanto y me acuesto pensando en ella; no es solo practicar los efectos diariamente, sino vivir pensando como mago. Aunque no tengo todo el dinero del mundo, hago lo que me hace feliz –—dice el mago Guti mientras ayuda a uno de sus alumnos a perfeccionar un truco.

 

Así como Guti, otros graduados de la escuela se dedican de lleno a este arte. Juan Álvarez es el mago de CityTV. Camilo Domínguez se dedica a hacer shows en Canadá, y hay otros en Argentina y Estados Unidos, como Juan Pablo Tobón, que es mago en Las Vegas.

 

Igualmente, hay algunos alumnos que buscan complementar sus profesiones de médicos, ingenieros y abogados con los trucos de la magia, para fortalecer sus habilidades y adquirir nuevas destrezas, pues pueden ejercitar ambos hemisferios de su cerebro cada vez que practican los trucos y entienden el mundo de la ilusión, lo cual les ayuda a ser más creativos, productivos y ágiles dentro de cada uno de sus oficios.

 

Acto Final: la graduación.

 

El último semestre es la graduación. Los estudiantes se preparan durante varios meses para dar su gran show en el auditorio de la escuela. Deben hacer una salida musical de diez minutos y un acto de magia al ritmo de la música. La segunda salida es magia participativa, en la cual deben hablar con el público y mostrar los trucos que han preparado durante tanto tiempo.

 

De pie en el escenario y mirando hacia el auditorio lleno, el estudiante se prepara para dar inicio al espectáculo. Las luces están apagadas y el telón se abre. Hay aplausos y gritos desde el público. Las luces se encienden. El mago inhala y cierra los ojos para concentrarse. Una pista instrumental se escucha de fondo, y el mago sigue la música con algunos pasos de baile mientras mueve unas bolas ágilmente para hacer el juego de ‘billar en el aire’. 15 minutos después, ha concluido su presentación. Hay aplausos. Luego de seis meses ensayando y de varios años en la escuela, hay un nuevo mago en el escenario. Todos quedamos asombrados, porque la verdadera magia está en dejarse sorprender, en caer en el encanto de vivir la ilusión.

 

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