Anónimos en la tarima, cinco karaokes para cantar en Bogotá

Si bien Bogotá no es la Tokio de América del Sur, en donde tanto jóvenes como adultos frecuentan karaokes, hay cada vez más personas que quieren ir a uno. Directo Bogotá hizo un recorrido por los mejores karaokes de la capital.

 

 FOTO: María Daniela Echeverría.

 

Cantares 60´s y 70´s 

Av. calle 116 # 17a-45

De jueves a sábado. Los jueves son de karaoke retro y los otros días tocan shows en vivo.

 

 Este es uno de los rincones de música en Bogotá donde no ponen reggaetón: aquí se oye la música que le gusta a los abuelos y papás de los millennials. Y es que no es casualidad entrar al sitio y encontrarse con globos de celebración de cumpleaños de color dorado con el número 60 mientras suena de fondo Yo no te pido la Luna, Chico de mi barrio y La maldita primavera. 

 

Cantares, fundado en 1998, tiene espacio no solo para el karaoke sino también para música de grandes intérpretes de la historia, “tenemos tres shows en vivo con música de los setenta y ochenta; toca una banda de planta que acompaña a tres artistas fabulosos que están durante la noche, uno de ellos José Luis Cabrera, cantante que interpreta música en portugués e italiano y las clásicas de amor de Sinatra, José José, Nino Bravo, Camilo Sesto. Otra de las artistas es María Elvira Escaldón, una excelente cantante, profesora de jazz en técnica vocal. Y tenemos también a Julieth Rodríguez, semifinalista de la Voz Colombia, que interpreta canciones de Daniela Romo, Yuri y Pandora”, explica el gerente del local. 

 

 

Los jueves, el karaoke también se regresa en el tiempo y parece un show en vivo porque ponen humo y luces en el escenario para las personas que tienen el coraje de cantar. “Yo creo que en este momento somos el único bar temático que maneja toda esta música sesentera y setentera, y aparte ofrecemos un excelente espectáculo porque los músicos no son de los que se suben a tocar y ya, se prepara una partitura de cada canción”.

 

La casa de Morfeo

Cl. 45 #7-36

Abierto de lunes a sábado. 

 

 FOTO: María Daniela Echeverría.

 

La entrada del pequeño local tiene un cartel de luces moradas que alude al Dios del sueño, Morfeo. Y pareciera incorrecto nombrar un local de rumbas y karaokes de esta manera pero su dueño, Guillermo Gómez, le puso así al sitio por los otros espacios que tiene el lugar.  

 

Con un ambiente más relajado y tipo universitario, La casa de Morfeo tiene un espacio con un estilo hindú de hamacas, cojines, sillones y narguile para aquellos que les gusta sentarse en el piso lleno de cojines y solo quieren pasar un rato fumando y tomando en grupo sin entonar melodías. La entrada obliga a los visitantes a subir por unas estrechas escaleras de madera a un segundo piso donde se encuentran estas áreas de comodidad. 

 

El espacio del karaoke está en el tercer piso, donde el ambiente lo iluminan luces de colores con formas circulares que se mueven de un lado a otro como en un ambiente de fiesta; todo el piso está lleno de mesas y sillas de madera con televisores en las paredes en las cuales están las letras de las canciones. 

  

Cantores Lounge

Abierto de jueves a sábado.

Cl. 45 #71

 

 

El local es como una casa pintoresca y ruidosa que tiene las paredes de tonos de rojo y rosado, y fotos por todas partes de artistas que van desde The Beatles en Abbey Road hasta Marc Anthony con sus lentes de sol. 

Las paredes están decoradas con carteleras de corcho con fotos de personas anónimas que han ido al local a cantar en las fiestas especiales como Halloween y por todos lados parece haber poco espacio y muchos meseros caminando.

 

Para cantar en el karaoke exigen un consumo mínimo de $20.000 pesos por persona y es mejor hacer una reservación porque el lugar suele llenarse de gente que va en grupos a celebrar cumpleaños y aniversarios acompañados de bombas de helio que vuelan sobre las mesas. Para alejarse del ruido de voces desafinadas y la música, está el segundo piso del local que tiene una vibra de restaurante asiático porque hay un espacio con mesas y cojines para sentarse en el piso; esta es la parte de arriba del techo del local, que parece el ático de una casa antigua, sin ventanas, con imágenes alusivas a musicales y lámparas de papel con luz cálida que cuelgan del techo. En esta área, las personas pueden elegir canciones de una rocola y ofrece un ambiente idóneo para hablar sin el ruido del karaoke.

  

Haus karaoke

Abierto de jueves a sábado.

Av Calle 116 # 17-30

 

Encima de una tarima enorme que tiene un esténcil de piano, se paran grupos numerosos de personas a cantar en los micrófonos rancheras, vallenato o cualquier tipo de canción que se pida. En este local de techos bajos y luces rosadas, se mezcla la música en inglés con la cumbia que pone un Dj para los amantes del karaoke. 

 

Entre cada canción cantada por algún entusiasta, el karaoke se pone en pausa y las personas se paran para bailar vallenato. El ambiente es muy juvenil a pesar de que su dueño, Leguis Palacios, dice que va gente de todas las edades. Una de las paredes tiene un cuadro que sí es muy millenial con la frase en inglés “Keep calm and drink wine”. “Es muy variado, suenan muchas cosas, la gente pide de todo porque vienen personas de todas las edades, aunque la mayoría es retro”, explica Palacios.

 

 

Bar karaoke Nick Havana

Abierto de miércoles a sábado.

Cl. 122 #18b-59

 

 

 FOTO: María Daniela Echeverría.

 

La hélice de un barco da la bienvenida a este local con peceras de colores verdes en el norte de Bogotá. El karaoke tiene 19 años, pero antes era un restaurante de comida de mar llamado Arrecifes. “El que comenzó el bar le gustó la decoración y la dejó así”, dice la actual administradora de Nick Havana, Lucy Echaves. 

 

Como un barco de la películas de Peter Pan, este sitio revestido de madera ofrece un repertorio musical muy variado, “tenemos un repertorio de 3000 canciones entre salsa, rancheras, baladas, rock, karaoke en inglés, francés e italiano”, explica Echaves. También se hacen tandas de canciones y, entre una y otra, el Dj pone música para bailar. Julián Villa, un estudiante al que le gusta ir con frecuencia, acababa de cantar un tema de Diomedes Díaz cuando me explicó que “a veces contratan participantes de Yo me llamo para cantar”.

Más de María Daniela: Daniel Mota: ¿cómo cubrir la violación de derechos humanos en zonas aisladas?

 

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