Periodismo en realidad aumentada: del storytelling al storyliving

Robert Hernández, profesor de Periodismo Digital de University of Southern California (USC), Annenberg, fue recibido por el Centro de Estudios en Periodismo (CEPER) de la Universidad de los Andes, el pasado 11 de agosto para hablar sobre periodismo de inmersión. Compartió con los asistentes la relación entre este ejercicio y la realidad aumentada y realidad virtual.

 

Hernández, un hijo de inmigrantes centroamericanos que ha vivido toda su vida en California inició el evento con su primera sentencia: “la tecnología es una herramienta para el periodismo”. Aseguró, además, que la sociedad se va adecuando a nuevas tecnologías y aprendiendo cómo manejarlas a su favor, cada vez más rápido, así mientras la radio tardó 38 años alcanzar los 50 millones de usuarios, la televisión, 14; internet, cuatro años; el iPod, tres y Facebook tan solo tardó dos años.

 

Es la sociedad la que decide, según Hernández, qué le es útil y qué no. Para el académico, las Google glass, el mayor y más reciente fracaso de la empresa norteamericana, que prometía cambiar nuestra forma de ver el mundo – literalmente, porque se trata de una pantalla minúscula que cuelga de uno de los lentes de las gafas y permite interactuar con el contenido como si fuera cualquier computador – son un ejemplo de rechazo social. Este producto terminó por quebrar apenas unos días después de ser introducidas al mercado, pues, para Hernández, “tenía un estigma social negativo”.

 

Realidad virtual y realidad aumentada

 

Para entrar a materia, Hernández explicó la diferencia entre realidad virtual y realidad aumentada, siendo la primera “cuando cierro o me salgo de este mundo y entro a otro, en el que puedo interactuar” y la última “cuando nos quedamos en este mundo, pero hay algo que la mejora o la apoya”. Por poner el mismo ejemplo del profesor: realidad virtual son esos lentes que se pone la gente en los centros comerciales y se sienten estando en una montaña rusa cuando no se han movido de su lugar mientras la realidad aumentada sería, por otro lado, una plataforma como Pokemon Go.

 

Esas gafas que utilizan ahora todos los simuladores de los parques de diversión fueron creadas por un ex estudiante de periodismo de USC Annenberg, Palmer Lucky. El ahora millonario diseñó esta forma de reproducir material de 360°, mucho más asequible que las predecesoras, llamada Oculus Rift.

 

Lucky, era alumno de Nonny de la Peña, colega de Hernández, y precursora del periodismo en realidad virtual (VR). De la Peña, una militante del periodismo de inmersión, siempre ha estado convencida de que la gente entendería mucho mejor lo que sucede en el mundo si pudiera experimentarlo de primera mano.

 

En este ejercicio, cubriendo la hambruna que se vivió en California en el verano de hace unos años, dio con una escena que llevó a su practicante a las lágrimas: en una fila interminable de damnificados que esperaban su ración de comida, una mujer gritaba “¡Hay demasiada gente!”, a lo que un hombre que hacía la fila se desploma en el suelo, fruto de un coma diabético. Esta grabación la transformaron, con ayuda de diseñadores, en una escena animada en la que se podía interactuar. Todos los usuarios, que en el VR Journalism no son llamados audiencia, expresaron sentirse tremendamente frustrados de no poder hacer más para ayudar al hombre.

 

Este ejercicio de clase se volvió en la primera experiencia de Realidad Virtual en el festival de cine Sundance y llevó a Lucky a pensar, como a otros desarrolladores, en que se pueden hacer cosas con lo que es, en esencia, el apoyo audiovisual del periodismo: la fotografía y el video.

 

Es así como nacen proyectos de la talla de Clouds over Sidra, documental de Naciones Unidas y Samsung en el que una niña de 12 años va contándole al usuario cómo es su vida en un campo de refugiados sirios en Jordania, mientras este la sigue por su escuela, su casa y hasta el campo de fútbol, entre los 84 mil habitantes del lugar.

 “Estamos pasando del storyteling al storyliving”, sentencia Hernández mientras el auditorio sigue atónito frente a sus celulares escuchando la historia de Sidra, de Kiya, otro proyecto de De la Peña; de cómo es vivir en una celda de 6x9 metros en Inglaterra, un proyecto de The Guardian, entre otras experiencias de medios  como el New York Times y la BBC.

 

Para Hernández, como para tantos teóricos de la comunicación, “el contenido es rey”, y, si bien esta tecnología ha existido por mucho tiempo, lo importante no es el formato sino optimizar el contenido para que los usuarios tengan experiencias de inmersión con todo el rigor periodístico. Para Robert Hernández, no hay tema que no pueda ser contado en este formato, porque “la tecnología no juzga”.

 

*Las fotografías son cortesía del Centro de Estudios en Periodismo 

 

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